La familia está para lo bueno, lo necesario y lo doloroso. También puede convertirse en una red de conflictos, chantajes emocionales y traumas que ahogan la capacidad de crecer. Por tanto, la familia puede ser un paraíso o un infierno. En su seno ocurre de todo, aunque no por ello deba justificarse todo.
En nuestra cultura hemos elevado a la familia al modelo del bienestar afectivo, la base del sustento de un país e incluso un sacrosanto mandamiento divino. ¿Quién es el guapo que se atreve a poner en duda su valor?