La respuesta es que estamos demasiado acostumbrados a recibir órdenes. Primero, de nuestros padres en casa. Luego, de los maestros en la escuela. Más tarde, de los jefes en el trabajo. Y finalmente, de los políticos en la sociedad. Parece que siempre son otros quienes señalan la dirección que han de tomar nuestras decisiones y acciones. Tanto es así que, en general, no utilizamos nuestra iniciativa hasta que alguien desde fuera nos dice que podemos hacerlo.
Más allá de someternos sumísamente a la autoridad o de combatirla con violencia, existe un punto intermedio cada vez más adoptado por un mayor número de ciudadanos: la "desobediencia civil".
Y aún más allá de salir a la calle y protestar, el mayor acto de desobediencia civil consiste en tomar las riendas de nuestra vida emocional y hacernos cargo de nosotros mismos a nivel profesional.
A decir verdad, la única persona a la que hemos de rendirle cuentas es aquella a la que vemos cada mañana en el espejo.
"El que no es dueño de sí mismo está condenado a obedecer". F. Nietzsche
"El que no es dueño de sí mismo está condenado a obedecer". F. Nietzsche
Tomado de Borja Vilaseca. El País Semanal. Nº 1.963 / 11.05.2014: 26-27.
http://elpais.com/elpais/2014/05/09/eps/1399654405_615701.html
http://elpais.com/elpais/2014/05/09/eps/1399654405_615701.html