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"Solo dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas" (Hodding Carter)
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domingo, 16 de agosto de 2009

Consumo de agua de pozos particulares y riesgos para los niños.

Los pozos excavados y los perforados a percusión suelen ser la fuente de agua en las casas de campo o en los campamentos de verano.

La composición química del agua de pozo varía con la región, formación geológica y contaminación medioambiental, y puede ser beneficiosa, perjudicial o simplemente indeseable. Por ejemplo, cierta cantidad de flúor es deseable, mientras que el hierro es indeseable. Muchas otras sustancias químicas, algunas de las cuales son potencialmente tóxicas, pueden contaminarla y se atribuye su presencia a la composición del terreno y a los vertidos de la explotaciones agrícolas o industriales. Las más frecuentes son las sustancias orgánicas, los plaguicidas y los fertilizantes. La presencia de nitratos es particularmente problemática para los lactantes. El calcio y el carbonato magnésico aumentan la dureza del agua, aunque el agua dura no es tóxica.

Los microorganismos, incluidos bacterias, virus, hongos y parásitos, pueden contaminar el agua subterránea que abastece los pozos y su principal origen es la materia fecal de aguas residuales, procedente de seres humanos y animales. La forma más habitual de detectar contaminación por heces es el análisis del agua del pozo en busca de "bacilos coliformes". Es importante tener en cuenta que la ausencia de estos coliformes es una buena evidencia pero no absoluta de la ausencia de contaminación fecal.

Cuando los resultados del análisis confirman la contaminación bacteriana, el pozo debe ser tratado. La primera medida es examinar el pozo para garantizar que no tiene defectos estructurales que puedan favorecer la contaminación y a continuación debe efectuarse una "cloración de choque", utilizando concentraciones de cloro de 100 a 400 veces la cantidad presente en los suministros de agua municipales. Las demás medidas de tratamiento requieren los servicios de un profesional experto en potabilización del agua doméstica (para conocer la lista actual de contaminantes del agua de bebida, véase: www.epa.gov/safewater/mcl.html).

Por supuesto, hervir, durante al menos durante 1-3 minutos, el agua de pozo no examinada y los sistemas de filtración en el grifo puede reducir el riesgo de adquisición de microorganismos.

Las autoridades deben proporcionar acceso a la información sobre las condiciones del agua subterránea local y, para aquellas viviendas cuyo suministro de agua de bebida es un pozo particular, exigir un exámen para coliformes, nitratos y cualquier contaminante de preocupación a nivel local cuando sean vendidas. Los resultados deben, asímismo, estar disponibles para el comprador antes de cerrar la operación.

Los pediatras deben preguntar si la familia bebe agua de un pozo particular en su finca, cuando está de vacaciones, cuando viaja, en los colegios, guarderías o campamentos de verano. Esto es particularmente importante para las familias con niños muy pequeños.

Por último, y sirva de ejemplo, en lo que respecta a exámenes ocasionales, los pediatras, ante una concentración sanguínea elevada en plomo en un niño que vive en una vivienda con pozo privado, debe requerir un análisis en busca de plomo en el agua del pozo. Incluso, en algún momento de la valoración de una enfermedad insólita o desconocida debe considerarse la posibilidad de contaminación del agua del pozo. Adaptado de Michael T. Brady, MD. y cols. Comités de Enfermedades infecciosas y de Salud Ambiental. Pediatrics (Ed esp). 2009;67(6):363-9.

domingo, 27 de enero de 2008

Los niños y la televisión en el siglo XXI.

Cuando los pediatras piensan en los riesgos ambientales durante la infancia, tienden a centrar la atención en el plomo, en los insecticidas, en los ácaros del polvo doméstico... Sin embargo, en realidad, la exposición más considerable para la mayoría de los niños es la TV, ya que pasan más tiempo delante de la pantalla que en cualquier otra actividad. Y esta exposición ejerce unos efectos significativos sobre su salud y bienestar.

¿La TV es como el plomo, un tóxico demostrado? ¿O es como el flúor, que al añadirlo al agua de bebida se ha mostrado beneficioso para la salud dental de los niños?. Durante demasiado tiempo nos hemos preguntado: ¿"La TV es buena o mala"?. Si la TV es buena o mala para los niños depende en gran medida de lo que ven y cómo lo ven.

El último modo en que se ha comparado la TV con el plomo es su asociación con la disminución de la capacidad de atención. Es decir, debe hacernos meditar el hecho de que la frecuencia del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) ha aumentado 10 veces en un período de 20 años. Sin embargo, los investigadores consideran la posibilidad de que hasta una hora de TV al día no ejerza efectos negativos sobre la capacidad de atención, y 1-2 horas pueden aumentar incluso dicha capacidad. Estos hallazgos, aparentemente contradictorios, pueden explicarse si los niños que ven la TV 1-2 horas contemplan programas diferentes o ven la TV de un modo diferente al de los niños que la ven más de dos horas diarias.

Los próximos estudios deben centrarse, sobre todo, en el contenido de los programas de TV, su duración y la forma de verlos. La escasez de datos disponibles, en la actualidad, sobre los efectos de la TV, especialmente a comienzos de la infancia, se produce en un momento en que los niños ven cada vez más la TV y a unas edades más tempranas. A consecuencia de ello, estamos metidos en un experimento sobre la próxima generación de niños y nuestro desafío futuro es hallar el modo en que la TV se parezca más al flúor que al plomo. Adaptado de D.A. Christakis, MD, MPH. Pediatrics (Ed esp). 2007;64(3):139-40.

domingo, 11 de marzo de 2007

La importancia del juego en los niños.

El juego es esencial para el desarrollo pues contribuye al bienestar físico, social y emocional de los niños y jóvenes. El juego ofrece además a los padres una oportunidad ideal para que se relacionen plenamente con sus hijos.

A pesar de los beneficios derivados del juego para los niños y sus padres, algunos hijos disponen de poco tiempo y espacio para disfrutarlo libremente. Los factores que han originado esta reducción del juego son, entre otros, el ritmo de vida acelerado, los cambios en la estructura de la familia, la vivienda, el medioambiente, ... y la creciente atención que se le presta a otras actividades de los hijos, supuestamente más enriquecedoras.

Los pediatras deben ayudar a las familias a que consideren el modo más adecuado de proteger el juego, mientras buscan un equilibrio en la vida de sus hijos. Tomado de K.R. Ginsburg, MD. Pediatrics (Ed esp). 2007;63(1):57-60.

domingo, 11 de febrero de 2007

Los riesgos ambientales infantiles.

Durante su formación y en la práctica, una de las tareas del pediatra debe ser aconsejar y educar a los padres sobre la manera de reducir o prevenir los riesgos ambientales más frecuentes.

Durante los primeros cuatro años de la vida son: los traumatismos por caídas, las lesiones por accidente de automóvil, las quemaduras por fuego o agua caliente, la asfixia, la intoxicación, el ahogamiento, la falta de vacunación adecuada, la electrocución, el tabaquismo pasivo, las quemaduras solares y la intoxicación alimentaria. Los niños que asisten a guarderías tienen mayor incidencia de infecciones bacterianas y virales.

Entre los 5 y los 9 años de edad hay que considerar tambien: los accidentes mientras nadan, los accidentes de bicicleta, las lesiones deportivas y los accidentes con armas de fuego.

A los 10-18 años destacan además: las lesiones por herramientas pesadas o equipamiento agrícola e industrial, el fuego, la obesidad, el tabaquismo, el alcohol, el uso de drogas ilícitas, las enfermedades de transmisión sexual, el embarazo y el suicidio.

Finalmente, la investigación deberá evaluar el riesgo respecto a los residuos de pesticidas en frutas y verduras aunque se laven antes de ingerirlas, los aditivos alimentarios, las hormonas presentes en los lácteos, la radiación electromagnética por tendidos de alto voltaje o aparatos eléctricos domésticos y el riesgo de cáncer por beber agua potable con cloro o los efectos producidos por microondas y teléfonos móviles. Tomado de R.L. Brent y M. Weitzman, Pediatrics 2004; 113: 1167-1172.