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"Solo dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas" (Hodding Carter)

sábado, 6 de octubre de 2007

Adolescentes y preservativos.

En esta comunicación se valora el uso de preservativos por parte de los adolescentes para evitar los embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual.

Los embarazos han disminuido ligeramente entre los adolescentes en los años noventa, invirtiendo la tendencia de los años setenta y ochenta, al tiempo que ha aumentado significativamente el uso de preservativos entre los adolescentes.

Estas tendencias reflejan probablemente el éxito inicial de los mensajes de prevención dirigidos a los adolescentes. Sin embargo, los porcentajes de adquisición de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) permanecen inaceptablemente elevados entre los adolescentes, lo que subraya la necesidad de continuar con la labor de prevención y refleja el hecho de que el mayor uso de los preservativos puede disminuir, pero nunca eliminar el riesgo de adquirir una ETS y el VIH, además de los embarazos no deseados.

En conclusión, muchos programas de educación sobre preservativos ejercen pocos efectos sobre su uso y , por tanto, a pesar del progreso que se ha realizado, hay que subrayar lo mucho que queda aún por lograr en el futuro. Adaptado del Comité de Adolescencia. Academia Americana de Pediatría. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 51, núm. 6, 2001, 430.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Padres de hoy: ¿"colegas" o "esclavos"...?

Reflexiones de un padre con sentido común:
Emilio Calatayud, juez de menores de Granada.
Tomado de :http//es.youtube.com/watch?v=K2GTauJT5Vg


viernes, 21 de septiembre de 2007

El cólico del lactante y el reto de asesorar a los padres.

El cólico del lactante, o la presencia de crisis de llanto excesivo en los lactantes pequeños, continúa siendo descrito típicamente en los libros de texto de pediatría como una entidad de causa dudosa y que generalmente carece de una solución satisfactoria. A pesar de esta confusión y pesimismo, en la actualidad son muchos los conocimientos sobre sus factores predisponentes y su tratamiento más exitoso. El trabajo de Wolke, Gray y Meyer representa una nueva e importante contribución al conocimiento de la naturaleza interactiva del problema y de la eficacia del asesoramiento de los padres sobre su tratamiento para reducir la cantidad de llanto.
Los investigadores definen el cólico del lactante como la presencia diaria de llanto, irritabilidad y agitación durante más de 3 horas, más de 3 días y durante más de 3 semanas en el curso de los primeros 3 o 4 meses de la vida de un lactante que, por otra parte, se considera sano y bien alimentado.


En la generación del cólico no existe habitualmente una causa única sino una interacción entre factores propios del lactante y los presentes en el ambiente. La contribución más probable del lactante es una predisposición temperamental a ser más sensible, más irritable o menos consolable en comparación con el promedio y, por otro lado, puede ser que los padres no conozcan qué métodos son más eficaces para tranquilizar a su hijo: la ansiedad resultante es un factor que agrava el problema.


El cólico aparece más típicamente en lactantes y padres sin anomalías pero cuando los padres no han aprendido aún a interaccionarse armoniosamente con su hijo.


El principal contendiente, como una explicación alternativa del cólico del lactante, es la alergia o la intolerancia transitoria a las proteinas de leche de vaca. Probablemente ello será responsable del llanto de sólo una pequeña proporción de este grupo de lactantes, considerados por otra parte como sanos, dejando abiertas otras explicaciones para el resto del grupo.


El adiestramiento de los padres para el manejo de la conducta del lactante ha demostrado firmemente ser un medio eficaz para disminuir el llanto excesivo hasta cantidades aceptables y tolerables.

Lo esencial, después de obtener una historia clínica y de realizar una exploración clínica, consiste en tres pasos:

1) Comprobar que el lactante no se halla enfermo.
2) Educación de los padres sobre el llanto del lactante.
3) Una intervención optimista para ayudar a los padres a tolerar mejor a su hijo.
Pueden estar presentes otros factores psicosociales estresantes pero no siempre es así.


Entre otras formas de tratamiento adicional se incluye: a) el procedimiento de eliminación de la leche de vaca; b) tratamiento farmacológico y c) varias formas para consolar al niño.


Un aspecto interesante para los pediatras fueron los detalles del programa de asesoramiento. El control de seguimiento fué habitualmente el de tres llamadas telefónicas. ¿Cuánto tiempo se precisó para obtener resultados? Cuando tuvo éxito, este fué "inmediato", tal como quedó determinado por una llamada a las dos semanas.


Se puede predecir, con cierta seguridad, que la modificación de la conducta de los padres no cambiará el temperamento del niño pero sí el impacto de la relación entre ellos y su hijo. Esta interacción continuará siendo importante a través de la infancia y, en cualquier caso, ayudar a los padres y a sus hijos con cólico es una de las grandes satisfacciones de la práctica pediátrica. Adaptado de W.B. Carey, MD. Filadelfia. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 38, núm. 3. 1994.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Localizadores de niños.

Cada año se pierden en Estados Unidos 25.000 niños mientras están con sus padres de compras o en lugares públicos. En Europa la cifra de menores desaparecidos es similar, según el defensor del menor de la Unión Europea. En España, La Dirección General de Policía afirma que "los delitos que tienen como víctimas a los menores son los que causan más conmoción en nuestra sociedad. Para esta Dirección, evitar las desapariciones es una de sus prioridades. Por tanto, una base de datos en Internet con acceso en todo el mundo, que incluye fotografías y descripciones de los menores desaparecidos y con consejos para su prevención, constituye una poderosa herramienta para esclarecer los casos y ofrecer soluciones a este problema". Por ello, nuestro país se ha incorporado a la red internacional de páginas Web de menores desaparecidos del International Centre For Missing & Exploited Children (http://www.es.missingkids.com/). La red actualmente contiene más de 3.500 casos de niños desaparecidos y recibe un promedio de 520.000 visitas diarias de más de 200 paises.
Un localizador de niños previene de pérdidas o desapariciones y sirve para encontrar fácilmente a un niño perdido o presa del pánico. Aparte de la tranquilidad para los padres, los localizadores están recomendados para niños revoltosos y por asociaciones de niños con TDAH (trastorno con déficit de atención e hiperactividad), autismo, síndrome de Down o deficiencias mentales.
La localización mediante un GPS puede ser muy útil pero no siempre es la tecnología idónea para controlar a un niño. Los localizadores de mano o portátiles son más adecuados para los menores de 2 a 10 años de edad. No todos tienen el mismo sistema de alarma y cada uno suele estar diseñado para un problema específico. A continuación se describen algunos de los localizadores actuales:
- Alerta sonora para avisar al niño tipo "I'm Here". Es el más sencillo: un receptor en forma de osito se sujeta en el calzado o cinturón del niño. La madre lleva un emisor y si pierde de vista a su hijo aprieta un botón y el receptor emite un sonido intermitente de 56 decibelios avisando al niño de que corre peligro.
- Los basados en radiofrecuencia, como "ionKids", avisan cuando el niño se ha alejado a partir de una distancia límite y permite localizarlo por un sistema de búsqueda. El emisor es como un reloj de pulsera que se activa si el niño se lo quita. El receptor dispone de una pantalla que señala el lugar y la distancia a la que está el niño por medio de una flecha que va orientando al cuidador por donde debe ir para encontrarlo. Puede vigilar hasta cuatro niños a la vez.
- Registro GPS que señala el lugar y la hora (PocketTrack): recibe señales de 12 satélites y calcula la posición con un error de 15 metros. Graba en una memoria de 1 Gb el lugar, fecha, hora velocidad y altitud a intervalos predeterminados almacenando la información de los trayectos realizados.
- Sistemas de seguimiento por GPS en tiempo real (TrimTrackXS) realizados por Internet: indicado para jóvenes, conductores o excursionistas. No disponible para menores.
- Los niños ya pueden disponer de un móvil adecuado a su edad de cuatro teclas. El modelo MO1 esta fabricado por la empresa española Imaginarium.
Más información en:
Tomado de Dr. S. García-Tornel. Pediatría Integral. 2007; 11(5):453-454.

jueves, 13 de septiembre de 2007

"Nuestro hijo come poco": ¿cómo mejorar su apetito?

El rechazo de alimentos es la tercera causa más frecuente de consulta en pediatría. Los padres angustiados acuden porque creen que su hijo no come lo suficiente, nunca tiene hambre, tarda mucho en comer y sólo come cuando se le insiste.

A continuación se exponen criterios generales de orientación que podrán servir de ayuda, aunque no necesariamente se ajusten a cada caso en particular:

- A pesar de que un niño tenga un crecimiento normal, su nivel de energía sea bueno y, por lo demás, esté sano, es probable que, entre 1 y 5 años de edad, sólo aumente 2 kg. por año y que, a veces, no aumente de peso durante 3 o 4 meses. Como está creciendo menos rápidamente, necesita menos calorías y al parecer tiene menos apetito (esto se llama "anorexia fisiológica"). Es decir, los niños comen la cantidad suficiente para cubrir sus necesidades de crecimiento y energía. Esta cantidad es controlada por el centro del apetito localizado en su cerebro. Por esta razón, dejen que su hijo decida cuánto va a comer y confíen en el autocontrol del apetito de su hijo.

- Muchos padres tratan de obligar a su hijo a comer más de lo que necesita, porque temen que la falta de apetito pueda afectarle a su salud o causar alguna deficiencia nutricional. Sin embargo, la alimentación forzada es contraproducente porque convierte la comida en una actividad desagradable que provoca rechazo y, por tanto, disminuye aún más el apetito.

- Una de las causas más frecuentes de la falta de apetito de muchos niños es que comen con tanta frecuencia que cuando llega la hora de la comida no tienen realmente hambre.

- Si su hijo tiene sed entre una comida y la siguiente, ofrézcanle sólo agua. Limiten al máximo la cantidad de zumos y permitan que el niño omita una o dos comidas si quiere hacerlo, pues no le hará ningún daño. Comprobarán como su apetito volverá.

- Comiencen a ofrecerle alimentos que pueda comer con las manos, desde los 8 meses de edad. Así permitirán que su hijo se alimente solo, al menos parte del tiempo, hasta que pueda utilizar la cuchara.

- No alimenten a su hijo si él puede hacerlo por sí solo. La tendencia más común de los padres de un niño con poco apetito es tomar la cuchara, llenarla de comida, sonreir y tratar de convencer al niño para que coma. Una vez que su hijo está en la edad de poder usar la cuchara por sí solo (aproximadamente a los 15 meses de edad), no deben volver nunca a darle de comer. Si tiene hambre, comerá por sí mismo.

- Limiten la cantidad de leche a menos de medio litro al día. La leche contiene tantas calorías como los alimentos sólidos y tomar demasiada leche sacia a los niños y disminuye su apetito.

-Sírvanle porciones pequeñas de alimento en un plato grande (más pequeñas de las que crean que su hijo puede comer). De este modo es más probable que se lo coma todo y se sienta así orgulloso de sí mismo. Si les parece que quiere más, esperen a que lo pida.

- No insistan para que vacíe el biberón o deje el plato limpio, ni prolonguen la duración de la comida para que termine. Esto sólo hará que su hijo establezca asociaciones desagradables con la hora de la comida.

- Eviten servirle alimentos que decididamente no le gustan (por ejemplo, algunas verduras o frutas).

- Hagan que las horas de las comidas sean agradables. Eviten críticas o discusiones.

- Intenten no hablar en su presencia de lo poco que come, ni lo elogien si, en alguna ocasión, comiera mucho. Los niños deben comer para su propia satisfacción, más que para la de los padres.

Adaptado de B.D. Schmitt, MD. Your Child's Health.

lunes, 10 de septiembre de 2007

"Nuestro hijo no duerme bien": ¿cómo mejorar su sueño?

Aproximadamente el 15% de los niños de 4 a 24 meses de edad tienen trastornos del sueño durante la noche. Se despiertan y lloran varias veces, para ser alimentados o para recibir atención de sus padres. Por lo general, estos episodios se presentan cada noche y, en la mayoría de los casos, el niño se ha comportado así casi desde que nació.

Todos los niños pueden despertarse después de soñar, pero muchos se vuelven a dormir por sí solos. El bebé que no ha aprendido a hacerlo, llora para que acuda uno de sus padres y si se le proporciona demasiada atención (por ejemplo, poniéndole el chupe cada vez que se despierta), no aprenderá a volverse a dormir sin ayuda. No hay que olvidar que cuanto mayor es el niño, tanto más difícil será modificar su comportamiento.

Si su hijo quiere ser alimentado durante la noche, deben saber que desde los cuatro meses de edad, casi el 90% de los lactantes pueden dormir más de 7 horas seguidas sin necesidad de tomar alimento. Los demás pueden aprender a hacerlo y, mientras tanto, alimenten a su bebé solamente una vez durante la noche, puesto que no necesitan más calorías adicionales para permanecer sanos. En todo caso, alimenten a su hijo a la hora de acostarse, pero no dejen que sostenga o se quede con el biberón y si necesita succionar algo, ofrézcanle un chupete o dejen que se chupe un dedo.

Si su bebé no se despierta para pedir alimento, pero sí llora durante la noche, no le responda o respóndale brevemente. El llanto no es perjudicial y los lactantes no podrán superar este problema sin llorar durante un tiempo. Cuando se despierte y llore, esperen por lo menos 5 minutos antes de entrar en su habitación o de prestarle atención. Si el llanto continúa, no se queden con él más de un minuto. Háblenle en voz baja sin encender la luz, pero no lo saquen de la cuna ni se lo lleven a su cama. Algunos llorarán más de treinta minutos pero luego se dormirán. Si el llanto persiste, pueden ir a verlo cada 15 o 20 minutos, tantas veces como sea necesario y si no pueden soportar el llanto, consulten con su pediatra.

Si parece que su hijo tiene miedo, si se aterra cuando usted sale de su habitación, si llora hasta vomitar o si en el pasado ha llorado sin parar durante horas, entre y tranquilícelo. Quédese tanto tiempo como precise para calmarlo, pero no lo saque de la cuna. De vez en cuando, salga de su dormitorio durante unos minutos para enseñarle que la separación la puede tolerar.

Los hijos de las madres que trabajan fuera de casa necesitarán, lógicamente, más mimos, consuelo y atención por la noche. Para los temores de separación, use una lámpara pequeña para ayudar a que la oscuridad sea menos atemorizante y deje abierta la puerta de la habitación para contrarrestar el temor causado por la ausencia de la madre.

Independientemente de la causa que trastorna el sueño de su niño, hay una serie de medidas que deben adoptarse para todos los casos:

- Acuesten a su hijo cuando esté soñoliento pero despierto. Muchos bebés acostumbrados a llorar de noche casi nunca son colocados en la cuna cuando están despiertos. Si el niño se duerme, ocasionalmente en sus brazos, está bien. Pero traten de ponerlo en su cuna todavía despierto porque, antes de dormirse, el último recuerdo debe ser de la cuna, no de su madre o de su padre.

- Si la cuna está en su dormitorio, cámbienla, si es posible, a otra habitación, de modo que su bebé no pueda verlos cuando se despierte.

- No cambien los pañales mojados durante la noche, a menos que tenga una dermatitis en la zona del pañal. Si tienen que cambiarlo, usen tan poca luz como sea posible, en silencio y no jueguen con él.

- Supriman las siestas largas durante el día. Si su bebé ha dormido una siesta de más de dos horas, deben despertarlo.

En conclusión, aunque los padres consultarán al pediatra su caso particular, la información presentada aquí es un criterio general de orientación que servirá de apoyo para ayudarles a comprender mejor el problema, tomar medidas y establecer hábitos normales y saludables del sueño de sus hijos durante la noche.
Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

domingo, 12 de agosto de 2007

"Mi hijo tiene diarrea".

La diarrea es un síntoma que consiste en evacuaciones de vientre o deposiciones más líquidas y frecuentes. Generalmente es causada por una infección viral del intestino. En ocasiones es causada por bacterias. Si su hijo sólo tiene una o dos deposiciones sueltas, probablemente se deba a que ha comido algo que no le "cayó bien".

Casi siempre y con independencia del tipo de tratamiento, la diarrea dura desde varios días hasta una semana. El objetivo principal del tratamiento es prevenir la pérdida excesiva de agua (deshidratación), administrando suficientes líquidos, por vía oral, para compensar los líquidos perdidos en la diarrea. En cuaquier caso, no espere que las deposiciones se volverán sólidas rápidamente.

Cuidado en casa de la diarrea:
- En los bebés alimentados al pecho, ante todo hay que tener en cuenta que, sin importar su aspecto, sus deposiciones deben considerarse normales, a menos que contengan moco o sangre. Además, durante los 2-3 primeros meses pueden tener una deposición después de cada toma. Cuando el número de deposiciones aumenta bruscamente, entonces sí se puede considerar diarrea. El tratamiento es sencillo. La alimentación al pecho no debe suspenderse. Hay que ofrecer agua mineral entre las tomas de pecho.

- En los niños menores de un año de edad, haga que su hijo tome, sin forzarlo, una solución para rehidratación (suero oral). La diarrea hace que los niños tengan sed. Por tanto, déle tanto líquido como quiera y tolere, preferiblemente con frecuencia pero en pequeñas cantidades para evitar que lo vomite. Después de estar 4-6 horas bajo esta dieta, si su hijo tiene hambre, puede empezar a darle una fórmula a base de leche baja en lactosa y si ya tomaba alimentos sólidos antes de comenzar con la diarrea, sustituirá, respectivamente: la papilla de cereales por crema de arroz, la papilla de frutas por un puré de plátano o manzana, la carne con verduras por pollo con arroz o ternera con zanahoria, ...

- Los niños mayores de un año de edad no deben tomar leche hasta que se normalicen las deposiciones. Durante este tiempo, puede darle líquidos claros, tales como agua mineral o bebidas de limón o cola sin cafeína (si son con gas, agítelas hasta que no quede efervescencia: las burbujas de gas inflan el estómago y pueden provocar vómitos). Después de 8 horas con líquidos claros, vaya agregando gradualmente los siguientes alimentos, según su preferencia y hasta su recuperación: galletas saladas, tostadas de pan blanco con un poco de aceite de oliva o de miel de abeja, sopas suaves (fideos), plátano, manzana, arroz blanco, carnes magras (pollo o ternera) y pescados blancos (merluza o lenguado) cocidos o a la plancha, huevo pasado por agua, zanahorias, yogur natural, puré de patatas, jamón magro o de York.

Evidentemente, los padres consultarán con el pediatra, cuando lo estimen conveniente. Sin embargo, un niño con diarrea debe recibir atención médica sin demora:

- si lleva más de 8 horas sin orinar.
- si la boca está seca en vez de húmeda.
- si aparece sangre en la diarrea.
- si se queja de dolor abdominal cólico intenso y que le provoca llanto.
- si ha tenido más de 8 deposiciones líquidas en las últimas 8 horas.
- si ha vomitado los líquidos claros tres o más veces: en este caso, el tratamiento de los vómitos es más importante.
- si los padres consideran que su hijo está empeorando.

Por último, no debe olvidarse, respecto a su prevención, que la diarrea puede ser contagiosa. Por tanto, es sumamente importante lavarse bien las manos después de usar el baño o de cambiar los pañales.
Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

"¡Porque lo digo yo!"

Las órdenes sin explicación, especialmente si son diferentes de las normas aceptadas hasta el momento, originan menos conformidad que cuando se conocen sus motivos.

Probablemente, todos seamos culpables de responder a nuestros hijos de esta manera brusca cuando se van haciendo mayores y discuten con nosotros algún mandato.

Quizá en esos momentos estamos demasiado atareados para darles una explicación completa, pero el resultado será una sumisión tan breve como la respuesta.

Es posible que una explicación más razonada conseguirá resultados mejores y más duraderos.

Lo dicho no es diferente de lo que ocurre cuando, en calidad de médicos, damos órdenes a nuestros ayudantes.

Y la lista de ejemplos sería interminable. Adaptado de J.P. Goldsmith, MD y J.S. Greenspan, MD. Pediatrics (Ed esp). 2007;63(6):329-30.

jueves, 9 de agosto de 2007

Natación infantil y piscinas cubiertas.

Las piscinas públicas deben ser desinfectadas, lo que se realiza habitualmente mediante la cloración del agua. Los desinfectantes clorados reaccionan con los compuestos nitrogenados originados por el sudor, la saliva o la orina de los nadadores y se forman productos nocivos, de los que los más irritantes son las tricloroaminas.

La tricloroamina es un gas no soluble en agua, que tras su formación, se libera al aire y le da a las piscinas cubiertas su peculiar olor "a cloro".

Por tanto, de la ventilación de la piscina y de la higiene del nadador depende la menor o mayor concentración de uno de los más importantes contaminantes del aire a los que pueden exponerse regularmente los niños de los paises desarrollados.

El riesgo de exposición parece ser máximo cuando los niños tienen menos de 6-7 años de edad. Una posible explicación de esta mayor sensibilidad es que, al jugar o aprender a nadar, respiran o tragan más aerosoles y gotas de agua que contienen ácido hipocloroso y cloraminas solubles. Otra posible explicación es que el pulmón de los niños muy pequeños está todavía en desarrollo y es más vulnerable a los efectos irritantes del cloro y sus derivados.

Además, la Academia Americana de Pediatría argumenta que, hasta los 4 años de edad, los niños no están preparados por su desarrollo para recibir lecciones formales de natación y que su participación en estos programas podría dar a los padres una falsa sensación de seguridad acerca de la habilidad de su hijo en el agua.

Este estudio demuestra que la práctica de la natación en piscinas cubiertas cloradas puede asociarse con alteraciones respiratorias que predispongan a los niños al asma y enfermedades alérgicas, especialmente los que tengan antecedentes atópicos.

En conclusión, se recomienda precaución antes de llevar a los lactantes y niños pequeños a las piscinas donde no se regulen y controlen estrictamente estos productos o con excesivo cloro en el agua y en el aire. Adaptado de A. Bernard, PhD y cols. Pediatrics (Ed esp). 2007;63(6):365-72.

martes, 31 de julio de 2007

Los niños y los celos.

Los celos son una reacción normal que todos los niños pueden sentir en alguna época de su vida. Ciertas manifestaciones de agresividad, oposición y hostilidad hacia los padres o hermanos representan un estado normal del desarrollo psicológico y afectivo. Por tanto no tienen ningún significado patológico, excepto si se convierten en la única forma de relacionarse con su medio ambiente.

La cuestión práctica planteada puede, en general, resumirse de la siguiente manera: "¿hasta qué punto puede permitírsele todo al niño?, ¿cuándo hay que reaccionar?". Ninguna respuesta simple puede darse al respecto. Pero, lógicamente, se puede estimar que se sobrepasa el límite cuando el niño pueda provocar un incidente realmente peligroso para otro niño o para sí mismo.

En realidad, el niño debe hacer un verdadero aprendizaje de la conducta "agresiva" adecuada y hay que reconocer los aspectos positivos. Es decir, los padres deben ofrecer a su hijo un modelo de comportamiento que le sirva para perfilar su personalidad. Así, como un luchador, el niño prueba la fuerza de sus padres y la suya propia. Este juego es eficaz si es valorado honestamente por ambas partes. Es fundamental que el niño aprenda a "atacar" y a defenderse. Esta técnica le ayudará a controlar las futuras reacciones agresivas en la sociedad.

Sin regulación, la agresividad equivale a una conducta primitiva e ineficaz, que conduce posteriormente al rechazo, en mayor o menor grado, por parte de los demás.

La actuación de los padres, de común acuerdo, es imprescindible y debe implicar a la vez, la posibilidad de que el niño aprenda, por experiencia, cuándo recibirá oposición de sus padres o bien autoafirmarse, dependiendo de que se pase o no del límite de lo que le es permitido, sin peligro para él o para los demás.

La mitad de la batalla estará ganada cuando los padres entiendan la naturaleza del problema. No deben sentirse culpables por no haber previsto la aparición de los celos y sí deben darse cuenta de que, manejados con comprensión, no llegarán a ser un problema que perdure.

Los celos tienen mala reputación y los padres, a menudo, soportan mejor la hostilidad dirigida contra ellos que contra otro de sus hijos. El niño se siente, casi siempre sin razón, desplazado o rechazado fuera del círculo familiar por el nacimiento de un hermano. Aunque el exceso de trabajo sea, probablemente, el principal obstáculo, la mejor prevención a las manifestaciones de celos reside en una atención auténtica, durante el tiempo suficiente, a cada uno de los niños de la familia.

El pediatra o el psicólogo pueden aportar una ayuda verdadera, pero los simples consejos magistrales raramente modifican la conducta. Por parte de todos, la eficacia de la intervención requiere, como siempre, experiencia, interés, sentido de la oportunidad, bondad, humor, buen criterio y, sobre todo, sentido común.

domingo, 1 de julio de 2007

Pronóstico de la otitis media aguda en niños.

En el presente estudio (metaanálisis) se incluyeron un total de 824 niños, de edades comprendidas entre 6 meses y 12 años, con otitis media aguda y que no se trataron inicialmente con antibióticos.

Se observó que el riesgo de presentar dolor o fiebre a los 3-7 días fue dos veces mayor en los niños de menos de 2 años de edad con otitis bilateral que en los mayores de 2 años con otitis unilateral.

En conclusión, esto puede ayudar a los pediatras a la hora de informar a los padres, con más precisión, acerca de la evolución de la otitis media aguda infantil y de los síntomas a los que deberían estar alerta los padres para acudir, de nuevo, al pediatra y volver a examinar al niño, si fuese necesario. Adaptado de Rovers, M. y cols. Pediatrics 2007; 119(3): 579-585.

Hipertensión y obesidad infantiles.

Un grupo de investigadores canadienses ha publicado un artículo sobre la relación entre la epidemia de obesidad infantil presente en el mundo actual y el aumento de la presión arterial en los niños.

Se ha sugerido que, en las últimas décadas, podría haber aumentado la frecuencia de hipertensión en la población pediátrica debido al aumento del sobrepeso infantil.

Sin embargo, en edades tempranas de la vida la repercusión de la obesidad en el aumento de la tensión arterial parece ser menor de la que cabía esperar. Por tanto, será necesario realizar más estudios para saber, con certeza, cuáles son los factores que puedan haber reducido el impacto de la obesidad infantil en la presión arterial de los niños. Adaptado de Chiolero, A. y cols. Pediatrics 2007; 119(3): 544-553.

jueves, 28 de junio de 2007

Emergencias en niños. Primeros pasos a seguir.

Los padres pueden, en alguna ocasión, encontrarse ante una situación de emergencia y es comprensible la tensión a la que se ven sometidos si no han sido entrenados y cuando, además, se trata de socorrer a sus propios hijos.

Una atención adecuada durante los primeros minutos puede ser vital y es precisamente durante esos instantes cuando más confusión puede generarse.

En caso de accidentes o intoxicaciones graves, tales como heridas profundas, quemaduras extensas, atragantamiento, etc., los primeros PASos a seguir son:

(P) - Proteger - Hay que asegurar la protección del accidentado y del que va a socorrer.

(A) - Avisar - Servicios de Emergencia: tel. 112.
Información de Toxicología: tel. 91 562 04 20.

(S) - Socorrer - Una vez que se ha protegido y avisado, se pueden practicar los primeros auxilios al accidentado, siguiendo las instrucciones de los servicios de emergencia.

Adaptado de la Dra. M. De La Torre Espí. Presidenta de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP). Grupo 2 Comunicación Médica, S.L., 2007.

lunes, 25 de junio de 2007

Los niños y la bata blanca.

Aunque la bata blanca es un rasgo distintivo del médico, muchos pediatras han dejado de usarla para no cohibir a los niños.

Es evidente que no se trata de una cuestión trascendental pero sí muy discutida. Por ello, se han tenido en cuenta doce estudios para analizar si es mejor que el pediatra la lleve o no.

En estos estudios se observó que tanto los padres como los hijos prefieren que su pediatra, en lo que respecta a una mejor comunicación y relación con él, vista de una manera formal (bata incluida). Sin embargo, este dilema de la bata blanca es una cuestión relativa, ya que en los estudios realizados no se puede reflejar la opinión de los niños menores de 4 o 5 años, debido a su incapacidad para expresar sus preferencias. Y son precisamente estos niños pequeños los más impresionables.

Además, en un mismo grupo de edad, la actitud frente a la bata blanca puede diferir según las experiencias personales con los todos los demás profesionales de la salud y según la relación que tenga cada niño con su pediatra, ya que si es positiva, es posible que el niño no dé importancia a su forma de vestir.

Por consiguiente y por el momento, la decisión sigue estando en manos de cada pediatra en concreto. Adaptado de Walker, M.D. y cols. Ambul Pediatr 2007; 7(2): 201-202.

sábado, 2 de junio de 2007

Educación infantil: de un extremo al otro. "Decálogo para crear un delincuente".

Es obvio que la educación infantil basada en la represión y en el miedo es inaceptable y debe formar parte del pasado. Sin embargo, educar a los hijos es tambien enseñarles a que sus derechos llevan consigo obligaciones.

Desde muy pequeños y antes de llegar a la edad adulta, los niños deben aprender unas normas de convivencia. Y es a los padres a quienes les corresponde, fundamentalmente, enseñarles "las reglas del juego".

Evidentemente, ningún padre o madre quiere que su hijo sea "problemático" el día de mañana; pero, cuando se trata de educar, la dificultad es tal que las buenas intenciones, pueden producir, a veces, efectos contrarios a los que se pretenden.

A continuación, el autor, en clave de humor, expone una serie de ejemplos de lo que considera formas de actuación, por parte de los padres, que serán, sin duda, perjudiciales en el futuro.

"Decálogo para formar un delincuente":

1.- Comience desde la infancia dándole a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2.- No se preocupe por su educación moral o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que él pueda decidir libremente.

3.- Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto le animará a hacer más cosas graciosas.

4.- No le regañe nunca ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5.- Recoja todo lo que deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes... Así se acostumbrará a cargar las responsabilidades a los demás.

6.- Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no impida que su mente se llene de basura.

7.- Discuta a menudo con su pareja en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día que la familia, quizás por su propia conducta, quede destrozada.

8.- Satisfaga todos sus deseos, comodidades y placeres. El esfuerzo, el sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

9.- Póngase siempre de su parte en cualquier conflicto con sus profesores, vecinos, etc. Piense que todos ellos le tienen manía y que lo que quieren de verdad es fastidiarle.

10.- Déle todo el dinero que quiera, no vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

Adaptado de Emilio Calatayud. "Reflexiones de un juez de menores". 157-159. Colección Alminares. Ediciones Dauro. 2007.

domingo, 20 de mayo de 2007

El dolor en los lactantes.

Aunque ahora pueda parecer increíble, hasta hace 20 años se creía que que los bebés sentían menos dolor que los niños de mayor edad, por lo que no se les administraba apenas analgésicos ni anestesia en muchas intervenciones quirúrgicas.

En un reciente estudio, el autor concluye que es necesario administrar analgésicos a los lactantes que se someten a procedimientos dolorosos y sugiere que las molestias causadas por la punción del talón, de una vena o la de las vacunaciones pueden disminuirse considerablemente si el lactante toma, dos minutos antes, un poco de agua con glucosa o edulcorantes artificiales (preferentemente 0,5 ml./kg. de sacarosa al 33%) y si durante el procedimiento doloroso se tiene en brazos al lactante, se le da de mamar o bien se le pone el chupete. Adaptado de Shann, F. Lancet 2007; 369(9563): 721-723.

Recién Nacidos: cuidados intensivos y padres.

En la actualidad, gracias a los avances de la medicina, los niños prematuros y de alto riesgo sobreviven, después de pasar semanas y meses en las unidades de cuidados intensivos. Dado que sus hijos están asistidos por medios tecnológicamente muy complejos, los padres están, comprensiblemente, temerosos e indecisos porque no saben cómo atenderles. Tampoco se sienten necesarios como padres y el ambiente de la unidad de cuidados intensivos les asusta. La consecuencia es que, a menudo, se apartan de su hijo. Los médicos y las enfermeras están muy atareados con su trabajo y, por tanto, muchos de estos recién nacidos pasarán largo tiempo en sus incubadoras, recibiendo una atención médica de primera calidad, pero sin la asistencia emocional que tambien es necesaria para la vida.

El siguiente caso es la historia real de una niña que no tuvo un cuidador interesado en su vida:

Jessica nació a las 28 semanas de embarazo con un peso de 794 gramos. Era la primera hija de una madre de 18 años de edad y un padre algo mayor. Precisó en un primer momento respiración asistida y después desarrolló graves infecciones. Estaba muy enferma y era una lactante irritable que intentaba llorar y se agitaba. Cuando coloqué las manos suavemente sobre su cabeza, se calmó y estuvo atenta unos instantes. Al retirar las manos, volvió a ponerse nerviosa. Las enfermeras dijeron que los padres la visitaban cada fin de semana pero que no la tocaban ni le hablaban. La voz, el tacto y el olor de la madre es tan importante que desde que comenzó esta relación con su hija, la mejoría fué tan notable como para evolucionar favorablemente y, tras 4 meses y medio, fué dada de alta con un peso de 2.260 gramos.

En resumen, se ha reconocido la necesidad de contacto humano que tiene el recién nacido prematuro. Es imprescindible un cuidador constante en su vida que le toque, lo tenga en brazos y le hable. Idealmente, estos cuidadores deberían ser los padres y hay que ayudarles a comprender la importancia de su papel.

A medida que sigamos aprendiendo más sobre cómo relacionarnos mejor con nuestros recién nacidos prematuros, será interesante ver el efecto de esta asistencia en su desarrollo y los progresos en sus vidas futuras. Adaptado de Marlene S. Goodfriend, MD. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 35, núm. 1, 1993.

sábado, 19 de mayo de 2007

Piojos y liendres en niños escolares.

Se trata de un problema frecuente en los niños. Sin embargo, es preciso saber que las liendres son simplemente el envoltorio del huevo y que éstas pueden contener un embrión en desarrollo o ser cáscaras vacías. Por tanto, todas no son contagiosas. Además, no todas las personas con liendres tienen piojos. Las liendres se hallan firmemente unidas al tallo del cabello y pueden persistir largo tiempo.

A menudo se recomienda a muchas escuelas que impidan acudir a los niños hasta eliminar las liendres visibles, incluso sin haber piojos. Dado que algunos de estos niños no llegarán a infestarse, es posible que esta conducta pueda dar lugar a tratamientos innecesarios, pérdida de días de escuela y de horas de trabajo de los padres.

Aunque es cierto que se desconoce la probabilidad de que las liendres se transformen en piojos, algunos investigadores consideran que las liendres que están próximas al cuero cabelludo contienen embriones de piojos en desarrollo. Se basan en que la hembra adulta del piojo pone sus huevos cerca de la base del cabello. Es decir, se considera que tener 5 o más liendres a menos de 6 mm. del cuero cabelludo es un factor de riesgo.

En conclusión, dado que los tratamientos anti-piojos no pueden eliminar completamente los huevos, se sugiere que en vez de perder todo un día de escuela, los niños con liendres podrían someterse a revisiones periódicas de 3-5 minutos para excluir la presencia de piojos vivos. Los que tengan 5 o más liendres a menos de 6 mm. del cuero cabelludo necesitarán exámenes más rigurosos.

Esta propuesta de modificación en la pauta de control de los piojos en la escuela requiere que las personas encargadas de examinar a los niños sean adiestradas y, por supuesto, que dispongan de tiempo suficiente.

Aunque el hecho de que los padres eliminen manualmente las liendres puede disminuir el riesgo de que los niños se infesten, es necesario realizar más estudios para averiguar cuál es el grado de eficiencia de esta medida. No hay motivos para creer que la extracción de las liendres sólo se logrará si los niños salen de la escuela.

Después de largo tiempo de temores y anécdotas, se requieren, por fín, métodos racionales para el control eficaz de los piojos de la cabeza en los niños. Adaptado de L. Keoki Williams, MD y cols. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 51, núm. 5, 2001.

domingo, 13 de mayo de 2007

Intoxicación por agua en niños.

Debido a que cada vez se producen más olas de calor en los meses de verano, deben extremarse las precauciones frente al calor y la deshidratación, adoptando medidas tales como beber más cantidad de líquidos, sobre todo agua.

Por tanto, se suele aconsejar a los padres que den a los lactantes y niños pequeños una gran cantidad de agua a lo largo del día, y aunque, en la mayoría de las situaciones, esta recomendación es razonable, puede ocurrir, sobre todo en este grupo de edad, que niños que tomen, exclusivamente, una cantidad excesiva de agua puedan padecer trastornos por falta de sodio; por ejemplo: convulsiones.

Así, es importante informar, con precisión, a los padres de la necesidad de una hidratación correcta y de los posibles riesgos de la intoxicación por agua. Adaptado de Kayani, R.M. y cols. Arch Dis Child 2007; 92(1): 90-91.

Accidentes en niños: caídas por la ventana.

Cada año, en Estados Unidos, entre 15 y 20 niños fallecen antes de los 10 años de edad y más de 4000 ingresan en urgencias por lesiones y traumatismos causados por caídas desde una ventana. La frecuencia de este tipo de accidentes es, lógicamente, más alta durante los calurosos meses de verano, al dejar abiertas las ventanas.

En el mes de Julio de 2006, en Leicestershire, Inglaterra, se produjeron seis accidentes de niños, entre 3 y 5 años, que se habían caido por la ventana de su habitación. En cinco casos, su cama estaba cerca de la ventana. Todos tuvieron que ingresar en la unidad de cuidados intensivos pediátricos, presentaban alteración de la conciencia y necesitaron respiración asistida durante 12-24 horas. La permanencia en la UCI fué de uno a tres días y la estancia hospitalaria total fué de 3 a 10 días. Cinco niños tenían fracturas de huesos largos y de cráneo, y en dos se encontraron imágenes anormales en resonancia mágnética o TAC.

Este tipo de accidentes puede prevenirse si se adoptan medidas tan sencillas como colocar cierres de seguridad en las ventanas para evitar que se abran más de 10 cm y separar la cama y los muebles de las ventanas, sobre todo las literas. Tomado de Hussain, N. y cols. Arch Dis Child 2007; 92(1): 90.

martes, 1 de mayo de 2007

La violencia doméstica y sus víctimas silenciosas: los niños.

En la actualidad, en lo que respecta a la violencia doméstica, la atención pública se centra, lógicamente, en las principales víctimas: las mujeres. Sin embargo, la atención prestada a los hijos que, como víctimas silenciosas, presencian dicha violencia, es muy escasa o casi nula. Es evidente que los niños que son testigos de violencia pueden presentar importantes problemas psicológicos y de conducta que alteran su funcionamiento en la escuela, en casa y con sus amigos o compañeros.


Un niño en presencia de peligro se dirige, típicamente, a uno de sus padres en busca de protección y es desolador que no encuentre seguridad si uno de los padres es el que comete la agresión y el otro una víctima aterrorizada.


La primera vez que un niño se expone a la violencia es, a menudo, en el hogar. En las familias en las que las mujeres son golpeadas, la mayor parte de los hijos presenciarán dichas escenas de violencia y presenciarlas puede ser tan traumático como ser víctimas directas de ella. Los niños pueden sufrir un trastorno de estrés o presentar signos evidentes de problemas de conducta o emocionales. Incluso los lactantes y los niños muy pequeños pueden presentar síntomas tales como trastornos del sueño, pérdida de apetito y retraso del desarrollo. Otros niños presentarán alteraciones de la concentración en el colegio y pueden estar atemorizados ante la idea de dejar sola a su madre, ya que temen por su seguridad. Incluso algunos intentan protegerla heroicamente, "poniéndose duros" para ocultar sus miedos y llegan, incluso, a parecer insensibles y despreocupados.


Los medios de comunicación hacen saber a la opinión pública que muchos adolescentes con problemas serios de drogas o alcohol, expulsados del colegio o que cometen terribles actos de violencia con sus compañeros, tienen una historia infantil de malos tratos en el hogar. La agresividad entre los padres enseña a los niños poderosas lecciones con respecto al papel de la violencia en las relaciones personales. En la vida adulta tienen más probabilidades de ser ellos mismos víctimas o agresores. Un número elevado de varones que pegan a sus mujeres crecieron en hogares donde el padre pegaba a la madre. Las niñas que crecen en hogares violentos serán más probablemente maltratadas.


En el 50% de las familias en las que existe violencia, los niños no son únicamente "espectadores pasivos" sino víctimas directas de los malos tratos y, con frecuencia, lo son en medio de una agresión entre sus padres.


La crianza de los hijos es siempre difícil. Sin embargo, cuando una mujer es víctima de violencia doméstica, la dificultad adquiere una nueva dimensión. Como víctima, puede llegar a estar tan preocupada por su seguridad y supervivencia que puede ser incapaz de valorar por completo las necesidades o la situación de sus hijos. Por otro lado, los padres creen a menudo que los niños no son conscientes ni capaces de apreciar lo que están viendo y viviendo.


La gran dificultad para los pediatras estriba en que los hijos que presencian escenas violentas son víctimas silenciosas o "espectadores pasivos" y, por tanto, sus cicatrices pueden ser invisibles. De tal forma, es posible que no se pueda apreciar su estrés y perder así la oportunidad de ayudarles. Si se pone de manifiesto la existencia de violencia doméstica, es esencial que el pediatra valore primero la seguridad de la madre y de sus hijos y si el niño ha sido objeto de malos tratos. Intentar conseguir un máximo de seguridad puede ser una tarea muy difícil, cuando la madre se siente incapaz de abandonar a su pareja porque no tiene recursos económicos o está demasiado atemorizada. Su miedo está bien fundamentado: Las mujeres tienen más riesgo de sufrir lesiones graves inmediatamente después de dejar a su pareja.


Finalmente, aunque los pediatras tienen en cuenta, desde hace tiempo, los trastornos de las relaciones entre los padres y los malos tratos a los hijos, todavía, no nos hemos centrado lo suficiente en las necesidades de los niños que presencian escenas violentas familiares. Se precisan, además, nuevos estudios para saber por qué algunos niños parecen recuperarse mejor que otros. En conclusión, deberemos dirigir tambien nuestros esfuerzos hacia una prevención primaria que consiste, ante todo, en educar a nuestros pequeños pacientes y enseñarles, para cuando sean adolescentes y futuros padres, que las relaciones íntimas no pueden ser violentas. Adaptado de B. Zuckerman, M.D. y cols. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 40, núm. 3, 1995.

domingo, 29 de abril de 2007

Los padres y la rebeldía de la juventud.

Hace más de 2000 años, Sócrates escribió:
"Nuestros jóvenes parecen gozar del lujo, son maleducados y desprecian la autoridad. No tienen respeto a los adultos y pierden el tiempo en grupo, yendo y viniendo de un lado para otro. Están preparados para contradecir a sus padres, para tiranizar a sus maestros y para comer desaforadamente".

La tarea principal de los adolescentes en nuestra cultura es independizarse psicológicamente de sus padres. Antes de que pueda desarrollar una relación adulta con sus padres, el adolescente debe distanciarse de la forma en que se relacionó con ellos en el pasado. Es normal que este proceso esté caracterizado por cierta rebeldía, desafío, insatisfacción, confusión, inquietud y contradicción. Se emocionan con más facilidad, pueden perder la calma con frecuencia y, a menudo, tienen cambios de humor. En la mejor de las circunstancias, esta situación puede durar dos años y no es raro que persista durante 4-6 años.

Durante este período difícil, algunas pautas generales pueden ayudar:

- Cuando su hijo tenga más o menos 12 años de edad, empiece a tratar de establecer la clase de relación que usted querría tener con él cuando sea adulto: respeto, apoyo y capacidad para divertirse juntos. Procure tener conversaciones informales y relajadas mientras pasean en bicicleta o en cualquier otra actividad que compartan. Utilice el elogio para ayudarle a adquirir una imagen positiva de sí mismo. Confíe en él, escúchele y haga comentarios sin criticar.

- Casi todas las relaciones negativas entre padres e hijos se desarrollan porque los padres critican demasiado a los hijos. El pertenecer a un grupo de amigos es una de las etapas esenciales del desarrollo de los adolescentes y el hecho de vestirse, hablar y actuar de modo diferente a la de los adultos ayuda a que los hijos se sientan más independientes. Permitir que un hijo se rebele de esta forma evitará, con frecuencia, que lo haga en campos importantes, tales como la experimentación con drogas. Intervenga únicamente si el comportamiento de su hijo es perjudicial.

- Su hijo adolescente debe aprender por su propia experiencia. A medida que experimenta, aprenderá de sus propios errores y a asumir la responsabilidad de sus decisiones y de sus acciones. Trate de describirle los pros y los contras de sus actividades fuera de casa, de una forma breve e imparcial. Luego concluya con un comentario como: " haz lo que creas que es lo mejor".

- Los padres tenemos el derecho y la responsabilidad de establecer las reglas de la casa y el medio principal para hacerlas cumplir es la pérdida de privilegios. Por ejemplo, si nuestro hijo está fuera de casa hasta muy tarde o se retrasa sin llamar con su teléfono móvil, podemos limitarle el privilegio del uso del teléfono durante un par de días o prohibirle salir el siguiente fin de semana. Una prohibición más prolongada la considerará injusta y, además, resulta difícil de cumplir.

- A menudo, la unidad familiar funciona mejor si se llega a las decisiones democráticamente. Debe haber una atmósfera de: " no hablemos de culpables, pero tenemos un problema. ¿Cómo podemos resolverlo? ". El objetivo de la negociación debe ser que ganen las dos partes.

- En general, cuando el adolescente está de mal humor, no querrá hablar de ello con su padre o su madre. Si quiere discutir un problema con alguien, generalmente es con un amigo íntimo. Casi siempre, es preferible dejarlo tranquilo y respetar su intimidad. Este es un mal momento para hablar con él de cualquier cosa.

- Los adolescentes suelen hablar a sus padres de forma descortés o irrespetuosa. Estas expresiones desagradables no deben ser pasadas por alto. Los padres debemos responder, de la forma más tranquila posible, con un comentario como: " realmente me duele que me desaires o que no contestes a mi pregunta". Si persiste en su actitud, salgamos de la habitación. No entremos en una competencia de gritos y así trataremos de enseñarle que todo el mundo tiene el derecho a no estar de acuerdo, pero que los gritos no están permitidos y que hay que evitar el comportamiento ofensivo. En resumen, recibirá una lección de educación.

En conclusión, los padres debemos recordar, de vez en cuando, que tambien fuimos jóvenes.

Finalmente, habrá que pedir ayuda:
- Si la relación con él no mejora después de adoptar estas pautas.
- Si está deprimido, si bebe en exceso o usa drogas, o si pretende irse de la casa.
- Si está corriendo riesgos indebidos (por ejemplo, conducir demasiado rápido).
- Si es demasiado solitario o no tiene amigos íntimos.
- Si su rendimiento escolar está bajando considerablemente.
- Si falta con frecuencia al colegio.
- Si sus explosiones de ira son destructivas.
- Si la rebeldía es excesiva.

Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

lunes, 16 de abril de 2007

"Mi hijo tiene vómitos".

El vómito es la expulsión brusca y con esfuerzo de una gran parte del contenido del estómago, a través de la boca, provocada por fuertes contracciones del estómago. En cambio, la regurgitación es una expulsión sin esfuerzo de menores cantidades y que comúnmente se observa en niños menores de un año de edad.

Casi todos los vómitos son causados por haber comido algo que no "cayó bien", o por una infección viral o bacteriana (gastroenteritis). En este caso, están asociados a diarrea.

El vómito, casi siempre, cesa en un período de 6 a 24 horas y, por lo general, los cambios en la dieta aceleran la recuperación del niño.

Cuando se trata de un bebé con lactancia materna:
- si únicamente ha vomitado una o dos veces, es preferible seguir dándole el pecho, pero sólo uno cada vez. Pasadas 24 horas, vuelva a darle ambos pechos pero durante algo menos tiempo de lo habitual, hasta comprobar su restablecimiento o consultar con su pediatra.
- si ha vomitado tres o más veces, ponga a su bebé bajo dieta de pequeñas cantidades de suero oral, durante 4 horas. Si no vuelve a vomitar, puede seguir con el pecho, como en la situación anterior.

Cuando se trata de un bebé alimentado con biberón o un niño mayor:
1. Durante las primeras 8 horas no debe tomar ningún alimento sólido. Ofrézcale líquidos claros (no leche) en pequeñas cantidades hasta que hayan pasado 8 horas, sin vómitos. Para los lactantes use alguna solución de rehidratación oral. Para niños mayores de un año, si rechazan el suero oral, el agua sola parece dar mejor resultado y tambien se les puede ofrecer manzanilla, té suave o bebidas de cola o limón (previamente agitadas, para que pierdan las burbujas).
Empiece dándole una cucharada pequeña cada 5 minutos y duplique la cantidad cada hora. Si no deja de vomitar, procure que el estómago de su hijo descanse por completo durante una hora y empiece de nuevo. El método de un trago por vez casi siempre da buenos resultados.
2. Después de 8 horas sin vómitos, su hijo puede volver gradualmente a una alimentación normal. Si sólo toma biberónes, déle cada vez 30 o 60 ml. menos de lo acostumbrado. Si ya tomaba alimentación sólida, comience con un puré de manzana o plátano. Para los niños mayorcitos, empiece con unas galletas saladas, un puré de patatas o una sopa de arroz o pasta. Por lo general, su hijo puede volver a la alimentación normal, a las 24 horas después de que hayan cesado los vómitos.

Los padres deben saber que los vómitos por sí solos rara vez causan deshidratación, a menos que se administre una cantidad excesiva de líquidos. Es decir, hay que evitar el error frecuente de darle al niño tanta cantidad de líquidos como quiera. Esta actitud hará que los vómitos continúen por más tiempo.

Es evidente que, cuando sea posible, los padres consultarán con su pediatra. Sin embargo, un niño con vómitos debe recibir atención médica urgente:
- si lleva más de 8 horas sin orinar.
- si puede verse sangre en el contenido del vómito y no procede de un sangrado nasal reciente.
- si se queja de dolor abdominal desde hace más de dos horas.
- si ha vomitado más de tres veces y si ha tenido más de tres deposiciones diarreicas.
- si es más difícil despertarlo.
- si le nota confusión o delirio.
- si cree que tiene el cuello más rígido y tiene fiebre.
- si puede haber recibido un golpe en el abdomen.
- si existe la posibilidad de intoxicación con un alimento, una medicina u otra sustancia.
- si sospecha que puede haberse atragantado con un objeto extraño.
- si los padres consideran que está empeorando.

Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

sábado, 7 de abril de 2007

"Mi hijo tiene fiebre".

La fiebre es una elevación de la temperatura normal del cuerpo. Con frecuencia es la respuesta del organismo a infecciones y puede ser útil para combatirlas. La mayoría de las infecciones son causadas por virus y en algunos casos por bacterias. Hay que insistir en que la dentición (la erupción o brote de los dientes) no causa fiebre. Una elevación leve de la temperatura puede ser debida al ejercicio, a la ropa muy abrigada, al calor o a los alimentos o bebidas calientes. Si los padres sospechan que esto es lo que pueda estar pasando, hay que volver a tomar la temperatura pasada media hora.

En general, el nivel de la fiebre no está directamente relacionado con la gravedad de la enfermedad. En verdad, lo que cuenta es cómo de enfermo parece estar el niño. La fiebre hasta que no llega hasta los 41,7 grados C (centígrados) no causa daño y, afortunadamente, el termostato del cerebro mantiene las fiebres por debajo de ese nivel. Aunque todos los niños llegan a tener fiebre, sólo el 4% de ellos desarrollan una breve convulsión febril que, generalmente, es inofensiva.

La forma más fiable y válida de saber si un niño tiene fiebre es tomándole la temperatura rectal. Se puede aplicar un poco de vaselina al extremo del termómetro e introducirlo unos 2 cm. aproximadamente. Se considera fiebre cuando la temperatura es superior a 38 grados C.

Cuando sea molesto para el niño controlar la temperatura rectal, puede ser tambien válida la temperatura axilar. En este caso, será fiebre si el termómetro marca más de 37,2 grados.

Si los padres utilizan un termómetro-chupete deben saber que la temperatura normal en la boca llega hasta 37,8 grados C.

Todos los demás métodos se consideran menos fiables.

Para bajar la fiebre, una buena opción es administrar al niño paracetamol (p. ej.: Apiretal), a razón de 3 gotas por cada kg. de peso del niño, cada 4-6 horas, si es preciso (este fármaco bajará la fiebre pero, por lo general, no disminuirá la temperatura al nivel normal y tendrá que repetirse mientras la fiebre vuelva a subir, hasta que la enfermedad termine su curso).

Si media hora después de administrar paracetamol, la fiebre es de más de 40 grados C, puede darle a su hijo un baño de esponja durante unos 20-25 minutos en agua tibia (31-32 grados C). El baño de esponja actúa más rápido que la inmersión. Por tanto, siente a su hijo en la bañera, con 5 cm. de agua, y moje repetidamente su piel con la esponja. Si tirita, eleve la temperatura del agua. No espere bajar la temperatura a menos de 38 grados C.

Durante la fiebre se pierde agua a causa del sudor; por tanto hay que ofrecer y estimular al niño para que tome más líquidos frescos de lo habitual, en pequeñas cantidades y con frecuencia, pero sin forzarlo.

La ropa debe mantenerse al mínimo, para facilitar la pérdida de calor a través de la piel. No arrope a su hijo; esto le producirá fiebre más alta. Si su hijo tiene frío o está tiritando (tiene escalofríos), use una manta ligera. Es perjudicial darle fricciones con alcohol.

En cualquier caso, los padres consultarán con su pediatra, cuando sea posible. Sin embargo, el niño con fiebre debe recibir atención médica urgente:
- si tiene menos de 3 meses de edad.
- si tiene fiebre de más de 40,5 grados C.
- si no se le puede consolar el llanto.
- si le cuesta más trabajo respirar, a pesar de haberle despejado la nariz.
- si es más difícil despertarlo.
- si tiene vómitos y se queja de dolor de cabeza.
- si hay sospecha de que el cuello está más rígido o tiene manchas en la piel de color púrpura que no desaparecen al intentar estirarla.
- si los padres consideran que está empeorando.

Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

Asistencia a niños inmigrantes.

El témino "niños inmigrantes" incluye a todos aquellos legales e ilegales (sin documentación), refugiados y fruto de adopciones internacionales. Este grupo representa una parte creciente de nuestra población infantil.
Todo niño que se encuentre dentro de las fronteras geográficas de nuestro país, independientemente de su "situación" debe tener pleno acceso a los servicios sanitarios, educativos y sociales. Esta protección es compatible con el apoyo para racionalizar y reforzar las políticas de inmigración. El promover y regular la inmigración legal son cuestiones esenciales de política nacional, del mismo modo que asegurar nuestras fronteras es un asunto de interés nacional. Si se permite que un grupo de niños carezca de un buen estado de salud y de educación, ello acarreará consecuencias desfavorables para todos. Organizar y regular la asistencia de estos niños será responsabilidad de los gestores de sanidad y educación de cada comunidad.

Las oleadas de inmigrantes son recibidas con preocupación y las discusiones se centran en si contribuyen al progreso económico u originan una sangría de los fondos públicos. Estas preocupaciones, en parte sin demostrar, incluyen tambien las amenazas sobre la salud y el orden público, por la llegada de enfermedades infecciosas, aumento de la criminalidad y diversas tradiciones sociales.

Los nuevos inmigrantes pueden encontrarse sin empleo ni conocimiento de nuestro idioma, con enfermedades infecciosas, en ocasiones, sin diagnosticar y falta de vacunaciones. Los ilegales acceden de modo limitado a la asistencia sanitaria pública y, con frecuencia, a los servicios de urgencia.

Los niños que llegan por vía de adopción lo hacen sin información segura sobre su historia médica y, a menudo, sus padres adoptivos tienen que realizar un gran esfuerzo, a todos los niveles, pues carecen de experiencia para criar niños y que, además, provienen de paises muy diferentes al nuestro. Muchos de ellos residían en horfanatos u hogares de acogida y presentan problemas nutricionales o retrasos del desarrollo, con probabilidad de no alcanzar los valores normales de talla y peso para su edad. Sin embargo, al cabo de un año, la mayoría han experimentado un importante crecimiento compensador.

Algunos refugiados pueden haber quedado desarraigados a causa de guerras o persecuciones y han sido testigos de atrocidades. Los niños y las familias, con estos antecedentes traumáticos, sufren trastornos de ansiedad que deben ser tratados.

Los pediatras en fase de aprendizaje y en ejercicio profesional deben formarse para salvar además las barreras culturales, de idioma, creencias, prácticas y remedios populares. Es evidente que hay que respetar las diferencias en actitudes y enfoques de la crianza de los niños, sean inmigrantes o no, pero no se podrán tolerar aquellas prácticas tradicionales que sean dañinas o perjudiciales para los niños. Adaptado de M. Weitzman, MD. y cols. Comité de Servicios de Salud para la Comunidad. Academia Americana de Pediatría. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 44, núm. 1, 1997.

jueves, 5 de abril de 2007

Asma infantil y corticoides inhalados.

A medida que se reconoce la inflamación como un componente importante del asma, los corticoides inhalados (CI) se han convertido en los fármacos fundamentales para el control de la enfermedad. La recompensa ha sido la reducción considerable de los procesos asmáticos y de su mortalidad. No obstante, los pediatras siguen preocupados por el efecto de su empleo sobre la velocidad de crecimiento o la talla adulta final. Es evidente que en los resultados de los estudios realizados influyen la edad de los pacientes, la gravedad inicial del asma, el empleo de otras medicaciones y el grado de adiestramiento o control del asma. La dosis, la duración del tratamiento y el sistema de administración son tambien importantes.

En un estudio sobre niños preadolescentes con asma, el grupo mostró una menor velocidad de crecimiento antes del inicio del tratamiento con CI. Tras el empleo de CI durante 5 años, la velocidad de crecimiento mejoró en los niños con asma controlada.

Merece la pena indicar que la respuesta clínica de los pacientes a los CI varía de forma individual. En los asmáticos que no responden bien a dosis medias de CI, las dosis más elevadas raramente mejoran la función pulmonar. Sin embargo, estos pacientes sí pueden mejorar añadiendo un broncodilatador inhalado de acción prolongada. Es importante recordar a los padres que los broncodilatadores no son antiinflamatorios.

La inmunoterapia (extractos hipoalergénicos) podría ser útil en determinados pacientes con sensibilidad a alergenos aéreos pero la defensa más eficaz contra la necesidad de tratamientos muy prolongados con CI o de numerosas medicaciones sigue siendo el control de los factores desencadenantes, como, por ejemplo: alergenos específicos, irritantes, sinusitis crónica y reflujo gastroesofágico. Adaptado de S.L. Bahna, MD. Pediatrics (Ed esp) 2004;57(6):331-2.

Organización en urgencias pediátricas.

Es evidente que sólo a través de una planificación adecuada de los sistemas de organización de los servicios de urgencias, los niños podrán tener acceso a una atención de calidad. Se trata de una larga lista de tareas tales como la preparación de una consulta de urgencias y su equipamiento, instrumental y fármacos. Los suministros de ambulancias y la preparación del personal paramédico, la coordinación en accidentes colectivos o atentados terroristas y catástrofes, el transporte especial de niños enfermos o accidentados desde la consulta a un hospital o de un hospital a otro, los sistemas de comunicación entre todo el personal implicado, etc., son pilares fundamentales de esta compleja estructura y de un laborioso trabajo en equipo.

En realidad, todos los responsables de la sanidad y de la comunidad, ciudadanos incluidos, han de poner de su parte para que nuestros hijos reciban la asistencia que necesitan de manera oportuna. Hay, además, otro apartado importante que se refiere a los programas y cursos de formación continuada, imprescindibles para el personal médico y de enfermería. Por último, tampoco debemos olvidar que el componente esencial de los servicios médicos, tanto si son como si no son de urgencia, es la capacitación y la preparación individual. Adaptado de J.S. Seidel, MD y J. Knapp, MD. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 50, núm. 2, 2000.

domingo, 1 de abril de 2007

Prematuros y Recién Nacidos de riesgo. Cuidados intensivos.

Los resultados de los recién nacidos de alto riesgo han mejorado en gran medida con el avance de la tecnología médica. Por ejemplo, la actual respiración asistida permite mantener con vida durante largos períodos de tiempo a los recién nacidos gravemente enfermos o a los prematuros de muy bajo peso. El resultado de este tratamiento puede ser la agonía o la supervivencia con graves problemas neurológicos y otras secuelas debilitantes. Está claro que el tratamiento de estos recién nacidos debe basarse en lo que se considera su mejor interés. Los padres y los profesionales de la asistencia sanitaria suelen afrontar difíciles decisiones, en lo que respecta al tratamiento y cuidado de estos niños, en parte porque cualquier decisión se arriesga a resultados indeseables e imprevisibles.

Si el tratamiento intensivo consiguiera siempre la supervivencia con una calidad de vida aceptable de los recién nacidos en riesgo, la decisión sería fácil; pero cuando se trata de recién nacidos con mal pronóstico, las decisiones se complican y deben tomarse conjuntamente por el equipo de asistencia sanitaria y la familia. Pueden dividirse en tres categorías: 1. Cuando la supervivencia es muy poco probable y hay alto riesgo de secuelas graves, no están indicados los cuidados intensivos. 2. Cuando la supervivencia es probable y el riesgo de complicaciones graves es bajo, sí están indicados. 3. En los casos intermedios, con pronóstico dudoso, pero probablemente malo y con una supervivencia asociada a una disminución de la calidad de vida, los deseos de los padres determinarán la decisión.

El médico que informa a los padres debe tener en cuenta que la visión de los padres del estado de su hijo y de las opciones del tratamiento está influida por la manera de presentarles la situación. Por tanto, es difícil para el médico ofrecer una información precisa, franca, equilibrada, imparcial y que tenga en cuenta la especial sensibilidad de los padres y sus lógicas preocupaciones, que a menudo, están tambien relacionadas con un trasfondo cultural, religioso, educativo y social. Se hace imprescindible una comunicación abierta y sincera, para que sea evidente que no es adecuado mantener el tratamiento para prolongar la vida, cuando la situación es incompatible con la vida o cuando el tratamiento se considera perjudicial o inútil. La decisión de iniciar o continuar los cuidados intensivos debe basarse solamente en la consideración de que el recién nacido se beneficiará de los cuidados intensivos.

Se debe respetar, pues, el importante papel de los padres en la toma de decisiones. Sin embargo, la primera responsabilidad del médico es el paciente. Es decir hay que garantizar que el tratamiento escogido sea compatible con el mejor interés del niño. Adaptado de A.R. Stark, MD. Comité de Recién Nacidos. Academia Americana de Pediatría. Pediatrics (Ed esp). 2007;63(2):106-8.

Corticoides y laringitis en niños: toda una odisea.

Hace treinta años, se publicaba: " los corticoides no están indicados en el tratamiento de la laringitis". En la actualidad, se anuncia todo lo contrario: "los corticoides son el tratamiento recomendado de la laringitis". Esto requiere una breve revisión. ¿Qué ha pasado durante este tiempo?

En 1979, se publicó un ensayo razonablemente realizado que demostraba el beneficio de la utilización de los corticoides en la laringitis, pero no fué suficiente para inclinar la torre de marfil. Hubo que esperar hasta 1989 para que un estudio demostrara científicamente la necesidad de utilizar corticoides en pacientes tan afectados como para ser hospitalizados.

La siguiente pregunta lógica fué si los corticoides podrían suponer un beneficio en niños con laringitis menos graves. Terry Klassen, destinado a convertirse en el investigador más vanguardista de la laringitis, demostró desde 1994 que, tanto en el hospital como fuera de él, los niños con laringitis más leve o moderada tratados con corticoides mejoran rápidamente. Además, disminuye el número de niños ingresados, hay menor pérdida de sueño, menos estrés de los padres y pocos regresan, al poco tiempo, al servicio de urgencia por necesitar, de nuevo, atención médica, a causa de la laringitis.

Las palabras de un ilustre médico (J.M. Charcot) bien podrían aplicarse a la odisea de los corticoides en la laringitis: "La enfermedad es muy antigua y nada sobre ella ha cambiado. Somos nosotros los que cambiamos cuando aprendemos". Adaptado de M. Tenenbein, MD. Pediatrics (Ed esp). 2005;60(1):13-4.

sábado, 24 de marzo de 2007

Separacion o divorcio de los padres.

Actualmente, la separación y el divorcio de los padres es uno de los riesgos más habituales y significativos del desarrollo saludable de los niños. En la consulta, los padres suelen referir al pediatra, de alguna forma, episodios familiares que son motivo de tensiones entre ellos. Por tanto, se debe enseñar a los futuros pediatras a reconocer los síntomas de conflictos entre los padres, con el fin de que puedan ayudar a mejorar su relación antes de llegar a la ruptura. Los médicos experimentados conocen con cuánta frecuencia la madre o el padre ofrecen abundantes claves de que atraviesan por dificultades.

No sólo es importante que se comprenda cómo el conflicto de los padres puede afectar al niño, sino que es imprescindible considerar las formas en que el niño puede someter a tensión a la pareja.

Incluso en el embarazo más deseado, la llegada del primer hijo modifica la vida de los nuevos padres en casi todos los detalles. Los padres primerizos entran en una nueva, y a menudo inesperada, fase de la vida. Con el niño recién nacido disminuye el tiempo dedicado a la pareja, a los amigos, al trabajo, a las relaciones sexuales y al ocio. Mientras que para muchas parejas éste es un período de extraordinaria satisfacción mutua, para la mayoría es tambien un momento de gran intensidad que necesita de grandes adaptaciones personales y de ajustes en su relación. Con los niños posteriores, los padres tienen la ventaja de "conocer el territorio". Sin embargo, las necesidades se multiplican con cada nuevo hijo y los padres están obligados a crear un nuevo y difícil equilibrio.

Las tensiones habituales -incluyendo, por ejemplo, el llanto del bebé, sus alteraciones del sueño, las enfermedades infantiles, los trastornos de la conducta y el resto de las múltiples tareas de la asistencia diaria al niño- pueden acentuar las diferencias entre los padres o crear resentimientos entre ellos.

Cada una de las etapas del desarrollo del niño conlleva nuevos desafíos que los padres deben afrontar juntos. Los problemas de comportamiento infantil y de rebelión adolescente, en particular, suelen estar relacionados con el malestar familiar, como causa de la tensión entre los padres, como reflejo del conflicto entre ellos o ambas cosas a la vez. La depresión postparto, la pérdida de empleo, la movilidad en el trabajo o una enfermedad familiar grave son tambien ejemplos de importantes cambios que pueden acentuar las tensiones.

¿Podemos prevenir el divorcio? En sí misma es una esperanza excesiva, dado el limitado contacto con los padres en la consulta pediátrica. Pero ¿podemos ayudar, apoyando a los padres en su relación, durante los períodos estresantes? Seguramente la respuesta es "sí".

Los pediatras están presentes desde el principio del proceso de formación de la familia y pueden intervenir en apoyo de los padres que cuidan a sus hijos, en tiempos de bienestar y en tiempos de necesidad. Dada la gran frecuencia y el enorme impacto de la separación de los padres sobre los niños, deben contribuir en lo que se pueda. Adaptado de J. Lane Tanner, MD. Pediatrics (Ed esp) 2002;54(5):186-188.

domingo, 18 de marzo de 2007

Alimentación de los bebés: continuará la búsqueda del patrón ideal.

Existe el reconocimiento general de que la lactancia materna es la más adecuada para la alimentación de los niños. La selección natural, durante miles y miles de años de evolución de la especie humana, avala la calidad de la leche materna y se está de acuerdo, por tanto, en que es el modelo para desarrollar otras leches. Donde más evidente se hace la superioridad de la leche de mujer sobre las leches artificiales es en la protección contra las infecciones. En el futuro, es escasa la probabilidad de que los principales componentes antiinfecciosos de la leche materna puedan incorporarse a las nuevas fórmulas lácteas.

Por otro lado, durante los primeros meses de vida, el crecimiento del bebé es el índice más sensible para valorar su estado de salud y la calidad o suficiencia de su alimentación. Cada lactante tiene un potencial, determinado genéticamente, para su crecimiento. Si el niño permanece relativamente libre de enfermedades y recibe un aporte suficiente de calorías y nutrientes esenciales alcanzará su potencial de crecimiento.

Cuando no es posible dar el pecho, los bebés tienen que ser alimentados con leches de fórmula y se ha observado que estos lactantes crecen, por lo general, más rápidamente que los que toman el pecho, no sólo en peso sino en talla. Puesto que está descartado que los niños criados con fórmulas lácteas estén sobrealimentados y que, al menos, algunos lactantes criados al pecho no alcanzan su potencial, debe entenderse que la evolución de la especie humana tiene mucho que ver con este asunto.

La supervivencia de la especie requiere que la madre "invierta" en sus hijos, hasta el punto de cuidar de sus descendientes para que sobrevivan y se reproduzcan. Esto no podría conseguirse si el aporte de leche idealmente adecuado para satisfacer las necesidades del niño agotara las reservas nutritivas de la madre. Es decir, para que el niño sobreviva, la madre que lo alimenta debe sobrevivir a su vez y conservar un grado de salud suficiente que le permita cuidar del niño, poder seguir alimentándolo y además invertir en otros descendientes, incluidos los que todavía no han nacido.

Es cierto que la leche producida, por ejemplo, por las mujeres desnutridas de Gambia es de la misma cantidad y calidad que la leche producida por las mujeres bien nutridas del Reino Unido. Sin embargo, aunque la madre puede perjudicarse a corto plazo en beneficio de su hijo, es evidente que a largo plazo no puede soportarlo.

En conclusión, se sabe muy poco acerca de las costumbres de nuestros antepasados con respecto a la alimentación de los lactantes. En la actualidad, hay varias tribus en las que las madres ofrecen a sus hijos alimentos premasticados. Esta práctica, tan poco atractiva para la mayoría de las personas de las sociedades industrializadas de hoy en día, parece un método razonablemente seguro para suplementar los aportes de calorías y nutrientes de sus hijos alimentados al pecho. Es probable, pues, que el crecimiento más rápido de los niños criados con lactancia artificial sea, sencillamente, una consecuencia de su contenido más generoso de calorías y nutrientes esenciales. A falta de pruebas científicas de que un menor crecimiento en los niños criados al pecho sea ventajoso, parece lógico que los datos disponibles y verificados acerca del crecimiento de los niños alimentados con leche artificial se tengan tambien en cuenta, como referencia, a la hora de desarrollar nuevas leches infantiles en el futuro. Adaptado de S.J. Fomon, M.D. Pediatrics (Ed esp) 2004;57(2):77-81.

domingo, 11 de marzo de 2007

Inteligencia infantil y conducta saludable en el futuro.

En este estudio se demuestra que la inteligencia de un niño está relacionada con la alimentación y la actividad física de su edad adulta. Es decir, los niños con capacidad mental más elevada declaran, cuando son mayores, que consumen con mayor frecuencia frutas, verduras (cocidas o crudas), pan integral, carne de ave, pescado y alimentos fritos con aceites vegetales. Además tienen una menor tendencia a consumir patatas fritas y pasteles. La capacidad mental más elevada tambien se asocia positivamente con los hábitos de ejercicio físico, en especial con el de carácter intenso (definido por quedar casi sin aliento y sudoroso). Las asociaciones entre la capacidad mental y estas conductas son similares en ambos sexos.
Conclusión. Es digno de aplauso que, incluso a temprana edad, la capacidad de comprender y razonar sea decisiva para la conducta saludable de una persona. Adaptado de G.D. Batty, PhD.

La morriña infantil.

La morriña, añoranza o nostalgia es un sufrimiento y un trastorno funcional producido por una separación, real o prevista, del hogar o de los padres. Se caracteriza por unas ideas duraderas de extrañeza, preocupación y sensación de tristeza. Es lógico que los niños puedan echar de menos su ambiente y algunos llegan a padecer crisis de ansiedad, por inseguridad o temor a posibles o futuras separaciones. Casi todos los niños, adolescentes y adultos experimentan un cierto grado de añoranza cuando se separan de las personas y las situaciones familiares.

Los profesionales sanitarios se hallan en una situación ideal para ayudar a las familias a que comprendan las causas, la prevención y el tratamiento de la morriña en separaciones planeadas, como los campamentos de verano, o imprevistas y traumáticas, como la hospitalización. Adaptado de C.A. Thurber, PhD. Pediatrics (Ed esp). 2007;63(1):57-60.

La importancia del juego en los niños.

El juego es esencial para el desarrollo pues contribuye al bienestar físico, social y emocional de los niños y jóvenes. El juego ofrece además a los padres una oportunidad ideal para que se relacionen plenamente con sus hijos.

A pesar de los beneficios derivados del juego para los niños y sus padres, algunos hijos disponen de poco tiempo y espacio para disfrutarlo libremente. Los factores que han originado esta reducción del juego son, entre otros, el ritmo de vida acelerado, los cambios en la estructura de la familia, la vivienda, el medioambiente, ... y la creciente atención que se le presta a otras actividades de los hijos, supuestamente más enriquecedoras.

Los pediatras deben ayudar a las familias a que consideren el modo más adecuado de proteger el juego, mientras buscan un equilibrio en la vida de sus hijos. Tomado de K.R. Ginsburg, MD. Pediatrics (Ed esp). 2007;63(1):57-60.

La depresion postparto. El papel del pediatra.

El pediatra, en su consulta, se encuentra en una posición privilegiada para detectar problemas familiares y psicosociales que pueden afectar, directa o indirectamente, a los niños.
La depresión postparto es un ejemplo muy frecuente y significativo de cómo un problema de los padres ejerce efectos negativos importantes en los hijos, en el resto de la familia y sobre la misma madre, con consecuencias que desgraciadamente pueden llegar a ser irreversibles. La relevancia de este trastorno radica tambien en que, con frecuencia, ni la madre o los familiares que la rodean se encuentran en circunstancias que permitan reconocer la magnitud del problema y, por tanto, cabe la posibilidad de que no pidan ayuda.

Dado que este proceso afecta a la madre, es una prioridad educar al pediatra para que sepa cuál es el papel que debe desempeñar, definir los límites de su asistencia y su responsabilidad moral. Tomado de L.H. Chaudron, MD. Pediatrics (Ed. esp). 2007;63(1):57-60.

domingo, 4 de marzo de 2007

Selección antinatural.

En la década de 1870, médicos franceses iniciaron esfuerzos para salvar a recién nacidos "débiles" con fines patrióticos, dados los temores de despoblación por la enorme pérdida de vidas humanas durante la guerra francoprusiana y tambien por la disminución de nacimientos. Pero las consecuencias biológicas a largo plazo de este peculiar experimento humano no han sido nunca examinadas. El parecido de esta operación con la eugenesia (aplicación de las leyes biológicas de la herencia para el perfeccionamiento de la especie humana) podría denominarse "selección antinatural".

El éxito obtenido para mantener con vida a recién nacidos "débiles" o poco viables ha llevado en años recientes a emplear métodos cada vez más enérgicos para aumentar sin límites la supervivencia de los recién nacidos, con modernos programas de cuidados intensivos. Sin embargo, no se han estudiado las consecuencias de esta forma de selección donde niños poco viables se mantienen ahora con vida en tasas nunca conocidas antes en la historia de nuestra especie.

Las tecnologías de reproducción asistida han aumentado tambien la selección antinatural y se desconocen los efectos globales de estos modos artificiales de procreación sobre los genes de las futuras generaciones. Es posible que haya que esperar a examinar la descendencia de estos niños antes de poder emitir un juicio sobre el impacto biológico.

¿Cuál es el precio de que nuestra especie se desconecte de millones de años de selección natural? Tomado de W.A. Silverman, MD. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 51, núm. 6, 2001.

Infecciones respiratorias infantiles y antibióticos.

La aparición de bacterias resistentes ha aumentado la preocupación por el uso de antibióticos. Es importante conocer qué piensan los padres al respecto y cómo reconocen los pediatras que es necesario promover un empleo juicioso de los antibióticos.

La inmensa mayoría de los padres saben perfectamente que hay infecciones provocadas por virus que no se tratan con antibióticos y que los médicos deben prescindir de los tratamientos antibióticos en tales enfermedades. En cualquier caso, es imprescindible una buena comunicación entre los padres y el pediatra, pues la cuestión no es tan fácil. A primera vista, surgen dos inconvenientes: por un lado, clínicamente es muy difícil diferenciar las infecciones virales (las más frecuentes) de las bacterianas (menos probables); y por otro lado, puede ocurrir que un bebé padezca una infección bacteriana y los padres se muestren reacios a que se le prescriban más antibióticos, alegando tratamientos recientes con antibióticos en supuestas infecciones de causa viral.

Las razones en contra del uso de antibióticos son:
1. Carecen de eficacia clínica en infecciones virales y las bacterianas secundarias suelen abortar. 2. El uso excesivo de antibióticos fomenta la resistencia bacteriana. 3. Pueden producirse efectos secundarios. 4. Es preciso evitar los costes innecesarios de los antibióticos.

Las razones a favor del uso de antibióticos son:
1. No hay certeza diagnóstica entre infección viral o bacteriana. 2. Presiones socio-culturales. 3. Satisfacer las espectativas de los padres. 4. Preocupaciones por algunas enfermedades bacterianas secundarias, precedidas por una enfermedad viral, que presentan un curso rápido o grave y por los pacientes que no puedan mejorar si la enfermedad empeora o persiste.

¿Qué es lo que podemos hacer?
Todo médico reconoce que es preciso personalizar e individualizar cada tratamiento y, además de los conocimientos, de la experiencia y del sentido común de cada médico, se requiere una investigación basada en pruebas llevada a cabo por médicos de atención primaria. Los criterios clínicos deben ser tratar de diagnosticar con la mayor precisión posible y diferenciar a los pacientes que más probablemente presentan una infección respiratoria de causa bacteriana. Los exámenes de laboratorio, si son necesarios, deben ser sencillos, seguros, realizados rápidamente e interpretados con facilidad. Tomado de M.E. Pichichero, MD. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 48, núm. 6, 1999.

domingo, 18 de febrero de 2007

Sobrepeso en niños y adolescentes.

En el año 2003, La Academia Americana de Pediatría recomendó que los pediatras calculen el índice de masa corporal (IMC) de todos los niños y adolescentes al menos una vez al año y que ante un aumento del IMC consideren que hay sobrepeso respecto a la talla. La falta de motivación del paciente o de participación de los padres y la incapacidad del médico para ayudar a cambiar el comportamiento pueden ser barreras para el empleo del IMC.

Tradicionalmente, se supone que el médico tiene que hacer algo que sea eficaz de inmediato, que el paciente cumplirá y que los efectos se verán con rapidez. Sin embargo, para facilitar una modificación del comportamiento se necesita una postura totalmente distinta: hay que ayudar al paciente (y a su familia) a identificar objetivos que pueda y quiera cambiar. Un niño en riesgo de sobrepeso tiene su propio estilo de vida y, por tanto, al tratarse de una situación prolongada, los cambios no serán tan rápidos.

El paciente de un médico que le muestra preocupación por su peso tiene más probabilidades de iniciar cambios para bajar de peso. Por ejemplo: mencionar un aumento del IMC puede bastar para que una familia pase de una etapa previa a la etapa siguiente: considerar el problema; aunque el cambio real de comportamiento pueda producirse más tarde.

En conclusión, el control del crecimiento forma parte de la práctica pediátrica preventiva y el IMC simplemente ayuda a valorar la adecuación del peso respecto a la estatura. Es evidente que la medición del IMC no puede, por sí sola, moderar una epidemia de obesidad pero, como en cualquier problema de salud, el reconocimiento precede a las soluciones. Tomado de N.F. Krebs, MD. Pediatrics (Ed esp). 2005;60(1):23-4

Niños, televisión y violencia real.

Tradicionamente, la preocupación de los padres por la violencia en los medios de comunicación se ha enfocado más hacia los posibles efectos dañinos de películas o videojuegos. Sin embargo, desde los ataques del 11-S y la reciente cobertura de la guerra en Irak, se ha puesto más en duda que nunca la conveniencia para los niños de las noticias sobre violencia en la vida real.

Las noticias de televisión están llenas de violencia y sufrimiento y hasta el momento no ha habido debates serios para prohibir las noticias durante las "horas televisivas de la familia", ni para emitir, al menos, una advertencia previa.

Aunque la violencia en las noticias de TV puede afectar a una proporción considerable de la audiencia infantil y producir daños en la salud de algunos niños, las investigaciones se han limitado a los efectos directos sobre los temores de los niños a convertirse en víctimas. Es probable, además, que ciertas reacciones, como el estrés, los miedos y las preocupaciones, los trastornos del sueño, pesadillas y terrores nocturnos sean tambien consecuencias negativas.

En todo caso, a pesar de que, en el lado positivo, los medios de comunicación pueden ayudar a los niños a prepararlos ante potenciales peligros, los pediatras deben informar a los padres de los efectos negativos que las noticias violentas pueden ocasionar a sus hijos, fomentar debates públicos sobre este asunto y promover investigaciones sobre cuestiones tan importantes como:
la admiración infantil hacia las armas, sus ideas sobre la violencia como un medio justificado para resolver conflictos, sus temores a ser una víctima de ella, sus miedos e inquietudes o, por el contrario, su habituación o insensibilización ante tantas noticias violentas. Tomado de J.H. Walma van der Molen, PhD. Pediatrics (Ed esp) 2004;57(6):348-52

Los padres y el pediatra.

En lo que respecta a la asistencia sanitaria, la cooperación o el cumplimiento es el grado en que la conducta de una persona coincide con los consejos médicos recibidos. El cumplimiento de la medicación tiene una importancia decisiva en todos los aspectos de la pediatría, especialmente en el tratamiento satisfactorio de las enfermedades, en su prevención y en la promoción de la salud.
La cooperación se basa en que los padres y el pediatra se comprometan a alcanzar los mismos objetivos. El escaso cumplimiento tiene el riesgo de que los pequeños presenten problemas, como la prolongación o complicación de su enfermedad e impide una valoración precisa de la calidad de la asistencia prestada.
Para mejorar el cumplimiento o la cooperación es necesaria una buena comunicación y una relación personalizada entre los padres y el pediatra. Tomado de S. Winnick, MD. Pediatrics 2005;115:e718-e724.

Tratamiento de la hiperactividad infantil.

Este estudio incluye varios informes clave que proporcionan conclusiones importantes acerca de los diferentes tratamientos del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y su eficacia en cuanto a mejorar la evolución de los niños afectados, así como las desventajas y los beneficios de emplear varios tratamientos conjuntamente, en comparación con un tratamiento único o aislado.
Los datos obtenidos apoyan firmemente el uso de medicamentos estimulantes para tratar los síntomas principales de los niños con TDAH y, en menor grado, para mejorar su funcionalismo (capacidad de acción y adaptación al ambiente). Por otro lado, La terapia psicológica, dirigida a modificar y mejorar la conducta del niño, ejerce, por sí sola, un efecto limitado sobre dicho funcionalismo, aunque combinada con la medicación sí puede mejorarlo aún más, y disminuir, a su vez, la cantidad de medicación estimulante.
Asímismo, existen pruebas que demuestran la naturaleza prolongada del TDAH. Es imprescindible, por tanto, un plan individualizado dirigido a la educación continuada de los padres y el niño. Tomado de R.T. Brown, PhD. Pediatrics 2005;115:e749-e757.

Otitis en niños: ¿son siempre necesarios los antibióticos?

El uso generalizado de los antibióticos para el tratamiento de la otitis media aguda ha dado lugar a que surgan gérmenes resistentes difíciles de combatir. Sin embargo, se ha observado que la mayoría de los niños con otitis media aguda no grave se recuperan sin antibióticos. El objetivo del estudio consiste en valorar si el tratamiento de una otitis media no grave sin antibióticos es eficaz, inofensivo y aceptable. Es decir, se tratarían únicamente con medicación sintomática para el dolor y la fiebre.

Las conclusiones del estudio son que, en comparación con los niños que no se trataron con antibióticos, los que sí lo recibieron tuvieron menor número de fracasos en el tratamiento y un mejor control de los síntomas, pero tambien más efectos secundarios relacionados con los antibióticos y mayor porcentaje de resistencias a ellos.

En resumen, los factores clave para llevar a cabo una estrategia de no tratar con antibióticos son:
a) establecer un método para clasificar la gravedad de la otitis media aguda.
b) el grado de instrucción de los padres (muchos padres expresan su preocupación, aunque el grado de aceptación es mayor entre quienes están mejor informados).
c) el tratamiento sintomático adecuado.
d) el control de la evolución.
e) el uso de un antibiótico adecuado y eficaz, cuando es necesario.

Si se observan estas advertencias, algunos niños con otitis media aguda no grave no tienen que iniciar un tratamiento inmediato con antibióticos. Tomado de D.P. McCormick, MD. Pediatrics (Ed esp). 2005;59(6):386-401