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"Solo dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas" (Hodding Carter)

sábado, 31 de enero de 2009

Anginas y vegetaciones.

Cuando un niño tiene inflamación de las amígdalas se dice que tiene anginas. Las anginas y la inflamación de las vegetaciones o adenoides son motivos muy frecuentes de consulta en pediatría. Hasta hace relativamente poco tiempo, la extirpación quirúrgica de unas y otras era considerada como una solución alternativa al tratamiento médico, incluso más eficaz y, por supuesto, definitiva.

Las amígdalas y las adenoides pertenecen al sistema linfático y, por tanto, producen anticuerpos para combatir las infecciones de la garganta y de la nariz. Es decir, tienen el propósito de limitar y detener el avance de la infección, evitando que se extienda al cuello o alcance la corriente sanguínea.

Las siguientes no se consideran ya, en la actualidad, razones para justificar la operación de amígdalas o adenoides:

- Amígdalas "grandes". Las amígdalas grandes no significa que sean "malas" o que estén infectadas. Durante la infancia, las amígdalas son normalmente grandes (se dice que tienen hipertrofia fisiológica). Pueden, incluso, seguir aumentando su tamaño hasta los 8-10 años de edad. Después, espontáneamente y de forma progresiva, van disminuyendo, como lo hace el resto de los tejidos linfáticos del organismo. Se consideran realmente grandes cuando se tocan entre sí.

- Faringitis y resfriados virales de repetición. La extirpación de las amígdalas y de las adenoides no disminuye las frecuentes infecciones virales de las vías respiratorias altas durante la primera infancia. La mayoría de estas infecciones son prácticamente inevitables a esta edad. Con el paso del tiempo, el niño va desarrollando su inmunidad a estos virus y, por ello, padecerá un menor número de ellas cada invierno.

- Faringitis bacteriana recurrente. Es decir, los niños que padecen frecuentes anginas causadas por el estreptococo tampoco mejoran con la operación. Un adecuado tratamiento antibiótico puede erradicar, casi siempre, los estreptococos de la faringe.

- Otitis recidivantes. La extirpación de las adenoides no disminuye la frecuencia de las infecciones de oídos o la acumulación de mucosidad en el oído medio. Las otitis medias repetidas responden, generalmente bien, a los antibióticos indicados. La persistencia de moco puede precisar la colocación de tubos de ventilación y drenaje en los tímpanos.

- La falta de apetito, las convulsiones febriles o el mal aliento no van a mejorar con la operación de amígdalas o adenoides. En realidad, hay pocas cosas en medicina de las que no se haya culpado, alguna vez, a las amígdalas o a las vegetaciones adenoideas.

Sin embargo, tambien es cierto que algunas veces hay razones válidas para valorar la necesidad de extirpar las amígdalas o las adenoides:

- Respiración persistente por la boca. Es decir, cuando un niño, incluso sin estar resfriado, tiene un tamaño tan grande de las adenoides como para impedirle que pueda respirar normalmente por la nariz.

- Ronquidos intensos. Cuando el tamaño de las vegetaciones sea la causa, deben ser extirpadas. En los casos severos, los ronquidos están asociados a retracciones de los espacios entre las costillas (tiraje) y se interrumpen por episodios de falta de respiración (apnea del sueño).

- Alteraciones del habla. La voz del niño puede amortiguarse si las amígdalas son muy grandes, o puede volverse hiponasal (sin resonancia) si son las adenoides las que están demasiado grandes.

- Dificultades persistentes para la deglución. Cuando las amígdalas parecen estar tocándose entre sí y el niño tiene problemas al tragar.

Es evidente que esta información debe aceptarse, en general, como un criterio de orientación y que los padres, consultarán, si procede, cada caso en particular.

Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

sábado, 24 de enero de 2009

"Nuestro hijo moja la cama": enuresis nocturna.

Cuando un niño moja la cama se dice que tiene enuresis nocturna. Es decir, se trata de la emisión involuntaria de orina durante el sueño. Este problema es tan común que afecta al 40% de los niños de 3 años de edad, al 10% de los que tienen 6 años y al 3% de los que tienen 12 años. En general, se considera normal hasta los 5-6 años de edad.

La enuresis nocturna, con frecuencia, es hereditaria. Sin embargo, en la mayoría de los niños que no pueden contener la orina durante la noche no se encuentra ninguna causa física o trastorno relevante. Además, los problemas psicológicos o emocionales no causan la enuresis, sino que éstos pueden aparecer si la misma no recibe el tratamiento adecuado.

Cuidado en casa de un niño de cualquier edad con enuresis nocturna:

- Procure que su hijo tome poco líquido durante las 2 horas antes de acostarse y recuérdeselo con benevolencia, pero no discuta con él por unos tragos de agua.

- Si su hijo orina a menudo, debe estimularlo para que orine con menor frecuencia, pero no convierta ésto en una disputa. Aliente a su hijo para que, durante el día, retarde la micción. No le recuerde que vaya al baño, excepto a la hora de acostarse. El niño debe empezar a dormir con la vejiga vacía.

- Aunque es difícil, puede intentar que su hijo se levante a orinar durante la noche. Algunos niños, incluso de edad preescolar, llegan a aprender si, a la hora de acostarse, los padres le susurran, con frecuencia, que traten de levantarse si se dan cuenta de que tienen ganas de orinar. Por supuesto, si los padres los despiertan, no aprenderán a hacerlo por sí mismos.

- No debe mostrar a su hijo cara de contrariedad cuando amanece mojado. Recuerde siempre que a él tampoco le gusta. Casi todos los niños se sienten culpables por ello. No permita que sus hermanos ni sus amigos se burlen. El castigo o someterlo a presión es contraproducente.

- Responda positivamente y elogie a su hijo las mañanas en que se despierta seco.

Cuidado adicional cuando el niño llegue a los 6 años de edad:

- Además de todo lo mencionado anteriormente puede instruir a su hijo con un ejercicio para controlar su vejiga durante el día. Sin embargo, sólo debe introducirse si el niño se muestra dispuesto a colaborar. Consiste en decirle que intente retener la orina durante tanto tiempo como le sea posible. Cada vez que tenga ganas de ir al baño, puede tratar tambien de distraerle durante 10 segundos. Es especialmente importante que, cuando esté despierto, aprenda a resistir el primer deseo de orinar.

Medidas para cuando el niño cumpla los 8 años:

- A partir de esta edad, puede plantearse la posibilidad de utilizar un reloj despertador o dispositivos de alarmas sensibles a unas gotas de orina.

En todo caso, la gran mayoría de los niños que mojan la cama superan el problema entre los 6 y los 10 años de edad. Incluso sin tratamiento. Por lo tanto, nunca se emplearán medicamentos que puedan tener complicaciones. En cambio, los tratamientos sin efectos perjudiciales pueden ser iniciados a partir de los 5 ó 6 años de edad.

Evidentemente, los padres consultarán con el pediatra cuando lo estimen convenientemente y, por supuesto, cuando:

- El niño sienta dolor o escozor al orinar.
- La orina salga a gotas o en un chorro débil.
- La enuresis se presente durante el día.
- El niño antes podía permanecer seco durante la noche.

Por último, una de las claves del éxito, como siempre, consiste en que el niño debe considerar a sus padres y al pediatra como personas dispuestas a hacer sugerencias y a brindarle todo el apoyo posible, pero que no van a asumir la responsabilidad directa de su enuresis nocturna.
Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

domingo, 11 de enero de 2009

La dentición infantil y sus falsos síntomas.

Muchos síntomas del lactante se achacan a la dentición. Algunos de ellos, como el babeo, la mayor irritabilidad, la tendencia a llevarse las manos o cualquier objeto a la boca y los trastornos del sueño pueden parecer leves, pero son significativos para el niño y para los padres. Sin embargo, otros síntomas, como la fiebre, la diarrea, las erupciones en la piel o la orina de color más oscuro o de olor más fuerte pueden tener consecuencias más importantes.

Las encuestas realizadas a padres y a profesionales sanitarios revelan que las creencias sobre los síntomas de la dentición son muy frecuentes. En cambio, las publicaciones científicas tienden a establecer que la dentición causa pocos síntomas o ninguno, y que no hay que atribuir nunca un síntoma o una enfermedad importante a la erupción de los dientes.

¿Cuál es la realidad acerca de la dentición?

Puesto que son muy escasas, hasta ahora, las investigaciones realizadas en apoyo de cualquiera de estos dos puntos de vista, los autores han realizado un detallado y riguroso estudio con el propósito de averiguar exactamente la relación entre la erupción dentaria y una extensa gama de síntomas. Por tanto, es de esperar que la comparación entre los síntomas que aparecen en los lactantes durante los días de la dentición y los observados durante los días sin dentición sirva para establecer si hay síntomas que se asocian con la erupción dentaria. Evidentemente y para evitar errores de interpretación, todos los registros de datos, recogidos durante 2067 días, han sido verificados y los procedimientos y técnicas de exploración se han establecido según normas e instrumentos estandarizados.

Aunque tiene sentido que la dentición pueda ocasionar, en la encía, síntomas o molestias locales leves de naturaleza inflamatoria o irritativa, el presente estudio no confirma que la erupción de los dientes en lactantes y niños pequeños se asocie con fiebre (no se halló ninguna evidencia de ascenso de temperatura durante los días de dentición), diarrea, pañales de olor fuerte, erupciones de la piel, trastornos del sueño, babeo, etc.

¿Por qué difieren tanto estos hallazgos de las creencias que aún perduran en padres, abuelos y profesionales sanitarios?

Es muy probable que la dentición sea el chivo expiatorio para muchos otros fenómenos que ocurren aproximadamente entre los 6 y los 24 meses de edad, después del período relativamente estable de los 6 primeros meses de vida. Estos procesos pueden incluir el repentino aumento, a estas edades, de las infecciones respiratorias, del oído, diarreicas y otras específicas tales como la roseóla. Por ejemplo, el babeo y las alteraciones del sueño no son más que fases del desarrollo normal, pero durante esta época de frecuentes enfermedades y cambios de conducta, los padres pueden hallar útil atribuir los síntomas menores, molestos pero persistentes, a una causa comprensible, como la dentición, que pueden combatir de un modo simple y legítimo, con el apoyo incondicional y sin críticas, de familiares, amigos y profesionales sanitarios.

Sin embargo, estas creencias pueden impedir que los padres reciban la información adecuada que les permita adoptar medidas sencillas y eficaces, como instrucciones o programas dirigidos a corregir las alteraciones del sueño, por ejemplo. Además, pueden retrasar tambien el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades que son las responsables, en realidad, de la fiebre o de otros síntomas achacados a la dentición.

Por tanto, es hora de renunciar a nuestras añejas creencias culturales sobre la dentición, de saber que existen evidencias de que la dentición no se asocia con síntomas significativos y de empezar a abordar los temas del final de la etapa del lactante y comienzos de la primera infancia de un modo más eficaz, independientemente de la presencia de un diente que hace erupción.
Adaptado de M. Wake, M.D. y cols. Pediatrics. Vol. 50, núm. 6, 2000; 373-378.
Royal Children's Hospital, Parkville, Australia.

domingo, 4 de enero de 2009

Bronquiolitis.

Un lactante con tos, "pitos en el pecho" (sibilancias) y dificultad respiratoria puede padecer lo que se conoce como bronquiolitis (inflamación de los pequeños bronquios o bronquiolos ). La intensidad de la inflamación es la que determina el mayor o menor grado de estrechamiento de estas pequeñas vías aéreas de los pulmones y, como consecuencia, la gravedad de los síntomas.

La bronquiolitis es causada, generalmente, por el llamado VRS (virus respiratorio sincitial) que se presenta, en forma de epidemias, casi todos los inviernos. Mientras que los lactantes que se infectan con el VRS desarrollan bronquiolitis más o menos grave, los niños de más de 2 años de edad sólo padecerán síntomas de resfriado.

Este virus se encuentra en la mucosidad nasal de los individuos afectados y se propaga por los estornudos, por la tos (a una distancia de menos de dos metros) o por el contacto mano-nariz o mano-ojo. Las personas que se contagian no desarrollan inmunidad permanente; es decir, un lactante puede padecer bronquiolitis por VRS más de una vez.

El lactante que desarrolla una bronquiolitis comienza, después de uno o dos días con catarro de vías altas (congestión nasal, mucosidad clara y tos escasa), con tos más intensa, "pitos en el pecho" y respiración más rápida. Estos síntomas pueden empeorar durante 2 o 3 días más y luego empiezan a mejorar. Los "pitos" suelen durar una semana y la tos hasta dos semanas. Además, los padres deben saber que no todos los lactantes con bronquiolitis responden bien a la medicación antiasmática y que no todo lo que se oye son sibilancias sino ruidos transmitidos desde las vías altas, por congestión nasal o mucosidad en la garganta.

La complicación más común de la bronquiolitis es una infección de oidos; se presenta en el 20% de los casos. La neumonía es una complicación rara.

Afortunadamente, tan sólo el 2% de los lactantes con bronquiolitis son hospitalizados, porque llegan a necesitar ventilación con oxígeno (por dificultad respiratoria grave) o administración de suero intravenoso (por deshidratación).

Los lactantes con bronquiolitis que provienen de familias con miembros alérgicos o asmáticos tienen, a la larga, una mayor probabilidad de desarrollar tambien asma.

En lo que respecta a la alimentación del pequeño, durante los días que dure su enfermedad y teniendo en cuenta que comer le puede resultar fatigoso, habrá que tratar de ofrecerle leche materna o biberón en cantidades menores a las acostumbradas, a intervalos más frecuentes. Si, después de comer, su hijo tiene un vómito provocado por un ataque de tos, intente alimentarlo nuevo, sin insistir.

A menudo, los molestos episodios de tos son causados tambien por mucosidad pegajosa en la parte posterior de la garganta y pueden aliviarse tomando pequeñas cantidades de agua, suero o zumo. Esta medida es eficaz, asímismo, para disminuir el riesgo de deshidratación derivado de la respiración rápida o la fiebre.

El aire seco tiende a empeorar la tos. Por ello, puede utilizarse un humidificador, si la humedad ambiental es inferior al 40%.

La obstrucción nasal suele estar causada por moco seco o pegajoso y la aspiración por sí sola no puede eliminarlo. Para fluidificarlo aplique en cada ventanilla nasal suero fisiológico en gotas o aerosol, varias veces al día y hasta que la respiración por la nariz sea fácil y silenciosa.

Se sabe que el humo del tabaco es irritante y respirarlo acentúa la tos. La frecuencia de sibilancias es cuatro veces mayor en los niños con una infección respiratoria por VRS si se exponen a inhalación pasiva de humo de tabaco.


Es evidente que los padres consultarán con el pediatra cuando lo estimen conveniente y:

- Si la respiración se vuelve difícil o laboriosa.
- Si los "pitos" se notan más intensos.
- Si la frecuencia respiratoria llega a ser de más de 60 inspiraciones por minuto.
- Si la retracción o retraimiento entre las costillas (tiraje intercostal) aumenta.
- Si tiene la boca seca y rechaza tomar líquidos.
- Si no puede conciliar bien el sueño o está decaido y con llanto quejumbroso.
- Si hay indicios de dolor de oidos.
- Si la secreción nasal se vuelve amarilla y permanece así más de 24 horas.
- Si la fiebre dura más de 48 horas.

Esta información se proporciona como un criterio general de orientación que no necesariamente se ajusta a cada caso en particular.

Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

domingo, 14 de diciembre de 2008

Terrores nocturnos en niños.

Los terrores nocturnos son un trastorno leve, casi siempre hereditario, en el cual el niño tiende a soñar durante la fase de sueño profundo, de la que es más difícil despertar. Son inofensivos y generalmente no están provocados por stress psicológico. Cada episodio terminará de forma espontánea y suelen desaparecer antes de los 12 años de edad.

Se caracterizan porque el niño está atemorizado y agitado; puede creer que los objetos o personas que hay en su habitación representan peligros y tiende a sentarse en la cama o incluso correr sin rumbo de un lado para otro, posiblemente gritando o hablando de forma desatinada.

Es, asímismo, significativo que el pequeño no parece darse cuenta de que sus padres están allí y no puede ser consolado ni despertado, aunque sus ojos estén abiertos y con la mirada fija.

El episodio dura de 10 a 20 minutos y después el niño no lo recuerda.

Sugerencias generales para el tratamiento:

- Trate de calmar a su hijo. El objetivo es ayudarle para que vuelva a un sueño tranquilo. Es muy probable que no pueda despertarlo pero tampoco hace falta que lo haga. A pesar de que está dormido, encienda la luz y se confundirá menos con las sombras. En todo caso, mejor que el silencio es que oiga comentarios tranquilizadores, tales como: "Estás bien, en tu casa, en tu cama y ahora puedes seguir durmiendo". Háblele de forma tranquila, lenta y repetitiva. Como no hay ninguna forma eficaz de acortar bruscamente el episodio, no debe moverlo ni gritarle pues así sólo hará que se agite todavía más.

- Proteja a su hijo de posibles lesiones. Durante un terror nocturno, el niño puede tropezar, sufrir una caída o chocar contra una pared.

- Por último, hable con su hijo para descubrir alguna pista sobre probables temores que tenga durante el día y que suelen contribuir a sus terrores nocturnos. Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

lunes, 8 de diciembre de 2008

Rabietas de niños.

Una rabieta o berrinche es una forma inmadura de expresar ira o enfado. Aunque usted tenga un carácter sereno, su hijo probablemente tendrá algunas rabietas. Se trata de enseñarle que las rabietas no dan resultado y que así no conseguirá lo que pretende. Cuando los niños llegan a la edad escolar, las rabietas ya deben ser raras. En la adolescencia, puede recordarle a su hijo que explotar produce una mala impresión y que contar hasta 10 puede ayudarle a recuperar el control.

En general, elogie a su hijo cuando consiga dominarse, cuando exprese su enojo con palabras y cuando se muestre dispuesto a cooperar. Sea un buen ejemplo para él manteniendo la calma, sin gritar ni tener rabietas de adulto. Evite, por supuesto, el castigo físico, porque esto le sugiere a su hijo que usted ha perdido el control.

Las siguientes medidas pueden ser muy útiles, según qué tipo de rabieta:

1.- Rabietas por frustración o fatiga:

A menudo, los niños tienen rabietas cuando se sienten frustrados por su incapacidad para hacer algo (terminar un puzzle, acabar su tarea escolar, ...) o porque sus padres no entienden lo que quieren.

En este caso, el niño necesita unos padres que le presten atención, apoyo y estímulo, para no darse por vencido. Algunas de estas rabietas pueden prevenirse haciendo que se concentre en cosas que sabe hacer bien.

Los niños suelen tener más rabietas cuando están cansados y tienen sueño o hambre.

2.- Rabietas para llamar la atención o para exigir algo y salirse con la suya:

El niño puede llegar a gemir, llorar, golpear la puerta o cerrarla con violencia, o contener la respiración ("apnea").

Mientras que tenga un comportamiento inofensivo, lo mejor es no hacerle caso y dejarle tranquilo.

Con frecuencia, los padres pueden anticiparse y desviar su atención hacia otra cosa, antes de que pierda los estribos. Una vez que la rabieta ha empezado, rara vez puede ser interrumpida. Es prácticamente inútil razonar con él, en esos momentos. Aléjese, incluso yendo a otra habitación para que el niño no tenga a nadie que lo escuche y deje que recupere el control por sí solo.

3.- Rabietas porque no quiere hacer algo:

Si se niega a algo sin importancia, deje pasar ese momento sin prestarle atención. Sin embargo, si su hijo tiene que hacer algo importante, tal como acostarse o ir a la guardería, no debe dejarle que con una rabieta gane la partida, porque de este modo volverá a utilizar este método para lograr su propósito.

Estas rabietas pueden prevenirse, en muchas ocasiones, dándole a su hijo una advertencia con 5 ó 10 minutos de antelación, en vez de pedirle de repente que deje inmediatamente lo que esté haciendo. Procure expresarle con palabras su descontento y después llévelo donde tenga que ir, ayudándole tanto como sea necesario (incluso llevándolo en brazos).

4.- Rabietas perturbadoras (cuando llora o grita demasiado tiempo, cuando tiene rabietas en lugares públicos, etc.):

En ocasiones, algunas rabietas son demasiado perturbadoras como para que los padres las pasen por alto. Deben llevar al niño a otro sitio, utilizando "suspensiones temporales"; por ejemplo, a su habitación para que permanezca allí durante 3-5 minutos.

5.- Rabietas destructivas (cuando intenta golpear a los padres o en las que pueda causar daño o incluso lastimarse):

Si su hijo pierde totalmente el control debe sujetarlo, incluso en brazos, hasta sentir que empieza a relajarse. Esto requiere generalmente unos 3 minutos. Dígale, con calma, que usted sabe que está muy enfadado y muéstrele, con su ejemplo, la manera de dominarse.

Como siempre, esta información se considera un criterio general de orientación que no tiene por qué ajustarse a cada niño en particular. Evidentemente, los padres consultarán, si así lo estiman, al pediatra cada caso concreto. Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

sábado, 6 de diciembre de 2008

La etapa del No en los niños

La fase de negativismo es una etapa normal por la cual pasan la mayoría de los niños entre los 18 meses y los 3 años de edad. Durante este tiempo, los niños responden negativamente a muchas peticiones, aunque éstas sean agradables. En general, son más obstinados que cooperadores. Disfrutan rechazando una sugerencia, sin que importe si se trata de ponerse la ropa o desvestirse, entrar o salir en la bañera, acostarse o levantarse de la cama.

¿Cómo tratar a un niño durante esta etapa? :

- No tome demasiado en serio esta fase normal. Cuando su hijo dice "No", lo que en realidad quiere decir es: "¿Tengo yo que hacerlo? ó "¿Me lo estás pidiendo, de verdad? Esta respuesta no debe ser confundida con una falta de respeto. La época del "No" es importante para el desarrollo de su identidad y autodeterminación. Procure verla con sentido del humor y, tal vez, dure sólo de 6 a 12 meses.

- No debe castigar a su hijo por decir "No": castíguelo, en todo caso, por lo que haga; no por lo que diga. Como usted no puede eliminar el "No", páselo por alto.

- Déle a su hijo otras opciones. Esta es la mejor manera de hacer que el niño sienta que tiene más libertad y control. Esto a su vez hará que él esté más dispuesto a colaborar. Algunos ejemplos de opciones serían dejar que su hijo elija entre una ducha o un baño; qué libro quiere leer; qué juguetes se llevará a su habitación; qué ropa se pondrá; qué quiere tomar en la merienda; y así sucesivamente. Para las tareas que no le agraden, déjelo que tome voz en el asunto, preguntándole: "¿Quieres hacerlo lentamente o rápido? ó ¿Quieres que lo haga yo, o lo vas a hacer tú? Así, cuanto antes tenga su hijo la impresión de que es él quien toma las decisiones, tanto más pronto terminará su etapa del "No".

- Por otro lado, no le dé a su hijo una opción cuando no hay opción. Por ejemplo, las reglas de seguridad, tales como sentarse en el asiento de seguridad en el coche, no están sujetas a discusión. Es decir, aunque se le puede explicar la razón, no hay, en tal caso, ningún tipo de negociación. Acostarse por la noche o ir a la guardería tampoco son asuntos negociables. No debe hacerle una pregunta a su hijo cuando sólo hay una respuesta aceptable, pero intente guiarlo de una manera tan positiva como sea posible ("Hagamos esto"). Las órdenes como "Haz esto o si no... (sufrirás las consecuencias)" deben evitarse.

- Proporcione un tiempo de transición para el cambio de actividades. Por ejemplo, si está jugando y se acerca la hora de la cena, avísele 5-10 minutos antes.

- Elimine las reglas excesivas, porque cuantas más reglas tenga, tanto menos probable es que el niño esté conforme en cumplirlas todas. Intente conseguir que su hijo se sienta menos controlado y tenga con él, día a día, más relaciones positivas que contactos negativos.

- Por último, evite responder a su hijo con demasiadas negativas. Si su hijo le pide algo y usted no está seguro en ese momento de qué debe responderle, por lo menos cuente hasta 10 antes de decir "No". En el caso de que le vaya a conceder lo que pide, hágalo antes de que empiece a lloriquear y evitará, de esta forma, que aprenda a utilizar el llanto, o incluso la rabieta, como el único medio para conseguirlo. Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Caida de un bebé al agua.

¿Puede un bebé aprender a sobrevivir, después de una caida accidental al agua de una piscina?

http://www.childdrowningprevention.com/index.html

Tomado de: Dr. Harvey Barnett. Programa para la prevención de ahogamiento en niños. Infant Swimming Resource - South Mountain, LLC.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Obesidad infantil y ansiedad materna.

En el llamado mundo desarrollado, hay una considerable proporción de niños cuyas familias tienen unos ingresos económicos bajos y, además, su alimentación no está asegurada. Sin embargo, muchos de ellos tienen sobrepeso.

Por ello, es importante resaltar que, entre los niños de 3 a 10 años de edad, hay una relación directa entre inseguridad alimentaria y ansiedad materna. Ambas, a su vez, se asocian de manera significativa con una mayor probabilidad de que sus hijos desarrollen sobrepeso o de que acaben siendo obesos.

Más relevante resulta el hecho de que, incluso cuando la alimentación está asegurada, si las madres padecen, por otros motivos, mayor ansiedad, sus hijos tienen más probabilidad de desarrollar sobrepeso que los niños con inseguridad alimentaria.

Es decir, los métodos dirigidos a combatir la obesidad infantil deben considerar tambien el bienestar de los niños de familias con ingresos bajos derivado de reducir la ansiedad de la madre. Estas políticas podrían, por tanto, tener un profundo impacto en el sobrepeso de los niños. Adaptado de Craig Gundersen, PhD y cols. Pediatrics. 2008;122:e529-e540.

Seguridad de los medicamentos para pediatría.

A pesar de que todos los fármacos son sometidos a controles muy rigurosos antes de ser aprobados definitivamente para su utilización, es evidente que algunos temas relacionados con su seguridad no pueden ser detectados hasta su comercialización en poblaciones grandes y variadas.

Por tanto, la asociación que selecciona los mejores fármacos para niños solicitó a la FDA (Organismo que controla los alimentos y fármacos) que comunicara todos los efectos adversos ocurridos durante un período de 1 año, desde que se le concede al laboratorio la comercialización exclusiva de un fármaco. A su vez, en este estudio, un comité pediátrico, ha revisado todos estos fármacos desde junio de 2003 hasta abril de 2007. Los resultados obtenidos son los siguientes: por la escasa frecuencia o poca gravedad de efectos secundarios, el 65,7% de fármacos fueron devueltos a un sistema de vigilancia que consiste en la supervisión rutinaria de efectos no deseados. El resto fué sometido a nuevas investigaciones.

En conclusión, existen efectos adversos raros e incluso graves, pero afortunadamente la mayoría de los fármacos no tienen efectos secundarios frecuentes o graves; aunque permanecen bajo un seguimiento rutinario de posibles o nuevos efectos adversos. Adaptado de P. Brian Smith, MD y cols. Pediatrics. 2008;122:e628-e633.
URL: www.pediatrics.org/cgi/doi/10.1542/peds.2008-0585

Vacuna de la Varicela: más eficaz con dos dosis.

En 1995, Estados Unidos fué el primer país en introducir en el calendario vacunal infantil la vacuna antivaricela, en una dosis. En 2006, esta pauta se cambió por un programa de dos dosis (primera dosis a partir de los 12-15 meses y segunda dosis a los 4-6 años).

Una dosis única de vacuna de la varicela fué efectiva en el 80-85% de los niños vacunados para prevenir la enfermedad de cualquier gravedad y en el 95% para prevenir la varicela grave. Además tuvo un excelente perfil de seguridad. El programa de vacunación redujo las hospitalizaciones en el 75-88% de los casos. Es decir, con una sola dosis de vacuna continuaron apareciendo brotes de varicela, incluso en niños vacunados.

El objetivo de este estudio es comparar los datos de los niños que recibieron una única dosis con otro segundo grupo de niños que han sido vacunados con dos dosis. Estos últimos desarrollaron mayor proporción de anticuerpos con más probabilidad de protección contra la varicela y eficacia de la vacuna (99%).

En conclusión, después de diez años de vacunación sistemática contra la varicela en Estados Unidos, se ha conseguido un gran descenso en la enfermedad; sin embargo, incluso con una alta cobertura de vacunación, la efectividad de la vacuna con una dosis única no proporciona suficiente inmunidad a la población para prevenir la transmisión en la comunidad. Por tanto, en 2006 se recomendó para los niños un programa de vacunación de la varicela de dos dosis. Adaptado de Mona Marin, MD y cols. Pediatrics. 2008;122:e744-e751.
URL: www.pediatrics.org/cgi/doi/10.1542/peds.2008-0567

viernes, 21 de noviembre de 2008

Tartamudeo en el niño.

Hay que diferenciar la "mala pronunciación" -tambien llamada disartria normal de los niños que están empezando a hablar- del falso tartamudeo (seudotartamudeo). En el primer caso los niños omiten o sustituyen sonidos de modo que puede resultar difícil identificar algunas palabras. Sin embargo, el seudotartamudeo es el término que se usa para describir la repetición normal de palabras o frases entre los 18 meses y los 4 ó 5 años de edad.

Las características del tartamudeo verdadero son: repeticiones de sonidos, sílabas, palabras o frases con titubeos, pausas en el habla y temor a hablar. Es más probable cuando el niño está cansado, agitado o sometido a tensión y más frecuente en varones.

El falso tartamudeo se presenta cuando la mente del niño puede formar palabras más rápidamente de lo que su lengua puede pronunciar a esa edad. En la mayoría de los casos, el tartamudeo verdadero se desarrolla cuando un niño con seudotartamudeo es presionado para que mejore y se da cuenta de su falta de facilidad para hablar. Poco tiempo después el niño empieza a prever que hablará mal y se esforzará para corregir sus palabras. Como está tenso cuando habla, más trata de controlar su lenguaje y tanto peor se vuelve éste. Con cierta frecuencia los factores hereditarios o genéticos predisponen al tartamudeo.

Aproximadamente siete de cada diez niños pronuncian las palabras claramente desde que comienzan a hablar. El resto, entre uno y cuatro años de edad, tienen disartria normal; es decir, pronuncian muchas palabras de forma ininteligible para otras personas o incluso para sus padres. Sin embargo, el seudotartamudeo se presenta en el 90% de los niños, en contraste con el verdadero tartamudeo, que sólo se observa en el 1%.

La disartria normal no es una fase breve, sino que muestra una mejoría lenta o muy gradual a lo largo de varios años, de manera que el lenguaje de estos niños puede que no llegue a ser totalmente comprensible hasta los 5 ó 6 años de edad. Por otro lado, el seudotartamudeo, si se maneja correctamente, persistirá solamente 2 ó 3 meses. En cambio, el tartamudeo verdadero sin tratamiento puede empeorar con la edad.

¿ Cómo pueden actuar los padres para la prevención del tartamudeo verdadero y el tratamiento del tartamudeo leve? :

- Estimule la conversación. Siéntese y hable con su hijo por lo menos una vez al día. Háblele siempre de temas amenos y agradables. No le pida al niño que recite o haga una presentación verbal. Procure que hablar le resulte divertido.

- No debe corregir el habla de su hijo. Evite manifestar cualquier desaprobación, tal como decir "Deja ya de tartamudear" o "Piensa antes de hablar". Recuerde que éste es el lenguaje normal de su hijo para su edad y que no es controlable. No trate de mejorar su gramática o pronunciación. Debe evitar tambien elogiarlo cuando hable mejor, porque esto significa que su lenguaje anterior no era tan bueno como debería haber sido.

- No interrumpa a su hijo. Déle a su hijo tiempo suficiente para que termine lo que está diciendo. No le complete las frases ni permita que le interrumpan sus hermanos.

- No le pida que repita o que empiece otra vez. Si es posible, trate de adivinar el mensaje. Escuche atentamente cuando su hijo hable. Sólo si no entiende un comentario que parece ser importante deberá pedirle que se lo diga otra vez.

- Tampoco le pida que practique cierta palabra o sonido. Esto sólo hace que se sienta más cohibido acerca de su forma de hablar.

- No le exija que hable más lentamente. Intente comunicarle que no hay prisa. Un lenguaje apresurado es una fase temporal que no puede ser modificada por las órdenes de los padres.

- No lo considere tartamudo. Los calificativos tienden a convertirse en profecías autocumplidas.

- Es imprescindible no hablar en presencia de su hijo sobre sus problemas de lenguaje.

- Haga conocer estas guías generales a los amigos, vecinos y demás personas de su entorno y nunca permita que sus hermanos se burlen del tartamudeo o que lo imiten.

- En general, hay que ayudarle a relajarse y a sentirse aceptado. En caso de haber aplicado una disciplina rigurosa, habrá que conseguir ser menos severo con él.

Por último, será necesario consultar con el pediatra o psicólogo infantil si el niño tiene más de cuatro años de edad, si el tartamudeo es muy pronunciado, si presenta muecas o tics, si se siente temeroso cuando habla, si hay antecedentes familiares de tartamudeo, si hay retardo del lenguaje (no dice ninguna palabra a los 18 meses), si con más de 2 años de edad su lenguaje es ininteliligible y, en todo caso, cuando el tartamudeo no ha mejorado después de probar con este programa durante dos meses. Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

jueves, 30 de octubre de 2008

Acné de adolescentes.

El acné se debe a la actividad excesiva y a la obturación o cierre de las glándulas sebáceas. Más del 90% de los adolescentes llegan a tener acné. La causa principal es el aumento de las concentraciones de hormonas durante la adolescencia.

No es causado por la dieta, y no es necesario restringir los alimentos fritos, el chocolate o cualquier otro alimento. No tiene ninguna relación con la actividad sexual ni con la suciedad o con el hecho de no lavarse la cara con demasiada frecuencia.

Aparece sobre todo en la cara, el cuello y los hombros. Las lesiones típicas son comedones (puntos negros), pústulas (puntos blancos) y protuberancias rojas (granos). La superficie de los comedones es más oscura o negra debido a la reacción de oxidación de la grasa en contacto con el aire. El color blanco de las pústulas es por el acúmulo de pus (infección). El color rojo de los granos muestra la inflamación de la piel; por ello, pueden llegar a ser dolorosos.

En la actualidad no hay ninguna medicina mágica que cure el acné. Sin embargo, el buen cuidado de la piel puede mantenerlo bajo control y a un nivel leve.

La piel debe lavarse dos veces al día, siendo el momento más importante a la hora de acostarse. Se debe utilizar un jabón suave tal como la marca Dove. El cabello debe ser lavado diariamente, con champú. Si el cabello es demasiado largo puede empeorar el acné por fricción.

Los puntos blancos son glándulas sebáceas que se han infectado y deben ser tratados con una crema o gel de peróxido de benzoílo. Este preparado ayuda a abrirlos y a eliminar las bacterias. Puede obtenerse sin receta. Pídele a tu farmacéutico que te recomiende una marca. La crema debe ser aplicada una vez al día, a la hora de acostarse. En los pelirrojos y rubios la crema inicialmente debe aplicarse un día sí y otro no. Es posible que haya descamación de la piel. No hay que dejar de utilizarla a menos que la cara esté dolorida o muy irritada y puede ser necesaria durante uno o dos años.

Además, los puntos blancos pueden abrirse. Esto debe hacerse únicamente después de lavarse bien la cara y las manos. Los que se abren probablemente se curarán en 2 días en lugar de 7. Sin embargo, es necesario hacerlo correctamente. Usa una aguja esterilizada con alcohol. La abertura debe ser suficientemente grande, y si se quiere apretar para extraer el pus, hay que hacerlo suavemente. Abrir puntos blancos pequeños no producirá cicatrices, pero apretar granos grandes, rojos y dolorosos sí puede provocarlas.

Los tapones que cierran las glándulas sebáceas son los puntos negros o comedones y pueden ser tratados tambien con peróxido de benzoílo, puesto que es un excelente agente para eliminar la piel engrosada alrededor de las aberturas de las glándulas. Asímismo, los puntos negros pueden extraerse fácilmente con un pequeño aparato que suele encontrarse en las farmacias.

Hay que evitar, en lo posible:

-Frotarse la piel. Es perjudicial porque irrita las aberturas de las glándulas y puede hacer que se cierren más aún.
-Aplicar sustancias aceitosas o grasas en la cara. Estas empeoran el acné al obstruir todavía más. En caso de utilizar cosméticos, deben ser de base acuosa y lavarse para quitarlos antes de acostarse.
-Utilizar tónicos capilares o cremas para el cabello (especialmente si tienen un componente graso). Con el sudor se escurren hasta la cara y empeoran el acné.

Evidentemente, habrá que consultar con el pediatra o dermatólogo si el acné no mejora después de tratarlo con peróxido de benzoílo durante un mes, si éste no se tolera bien y cuando aparecen más de cinco o seis granos rojos, grandes o dolorosos al tacto o a la presión.

Puesto que el acné persiste hasta los 20 o incluso más años, el médico debe darle la importancia estética y psicológica que tiene para los adolescentes y prestarles la atención que merecen por ello. Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

jueves, 23 de octubre de 2008

La madre que trabaja fuera de casa.

Más de la mitad de las madres con lactantes o niños de edad preescolar trabajan fuera de casa. La razón principal es la necesidad económica. Algunas madres vuelven al trabajo porque no quieren sentirse aisladas en el hogar o porque les gusta su trabajo o quieren mantenerse al día en su profesión.

La decisión de volver al trabajo o permanecer en casa puede ser difícil de tomar y cada madre deberá tener en cuenta sus circunstancias particulares. Pero, en cualquier caso, los hijos pueden crecer y desarrollarse bien con cualquiera de las dos decisiones. La consideración fundamental será la seguridad económica de la familia.

Si la madre puede conseguir que su hijo tenga una persona que lo cuide y atienda de forma adecuada, no hay ninguna evidencia de que regresar al trabajo cause ningún tipo de perjuicio al niño. Los hijos de madres que trabajan fuera de casa tienen un desarrollo emocional tan bueno como los demás. Entre los beneficios que tiene un niño cuya madre trabaja están un mayor grado de madurez, más oportunidades de aprender a confiar en otros adultos y a llevarse mejor con otros niños de su edad.

Después del nacimiento del bebé, una madre necesita de 6 a 8 semanas en casa para recuperarse físicamente del parto y establecer la alimentación apropiada al pecho. Sería preferible que la baja por maternidad se prolongara hasta 4 meses después del nacimiento. Para entonces la madre ya habrá adquirido mayor confianza en sus habilidades maternas y su hijo un lazo seguro con ella. Puesto que las madres no pueden permitirse el lujo de volver al trabajo cuando quieran, no deben sentirse culpables por ello.

Durante los dos primeros años de edad es mejor que los niños reciban cuidados individuales o diurnos en familia, porque necesitan más atención personal. Sin embargo, cuando no sea posible, la asistencia a una guardería establecida será la solución; aunque algunos niños necesitan ayuda, antes de los dos años, para adaptarse a ella. Para ello, cuando lo lleve por primera vez, su madre debe quedarse allí el mayor tiempo posible y al dejarlo debe hacerse con una actitud alegre, despidiéndose de él, sin tratar de escabullirse.

Ninguna madre debe sentirse agobiada si su hijo llora los primeros días cuando lo deja en la guardería. Hay que permanecer firme en la decisión si, durante la primera semana, el niño no quiere ir. Algunos niños necesitarán hasta uno o dos meses para adaptarse por completo al cambio.

La aparición de una enfermedad en el niño puede ser un trastorno considerable para la madre que trabaja. En algunos países ya se han establecido programas estatales para el cuidado de niños enfermos. La mayoría de estos servicios están ubicados en una sección especial de las guarderías.

Los niños con dolor de garganta, tos moderada, secreciones nasales o síntomas de resfriado (pero sin fiebre ni problemas para respirar) pueden, generalmente, acudir o seguir en la guardería. La decisión debe depender principalmente de cómo se siente el niño. Los niños con fiebre, vómitos o diarrea no pueden permanecer en la guardería y los que tienen una amigdalitis estreptocócica o una conjuntivitis bacteriana pueden volver a la guardería después de 24 horas de iniciar el tratamiento con un antibiótico adecuado. En todo caso, cada guardería tendrá, además, sus propias reglas acerca de cuándo un niño enfermo debe permanecer en casa.

¿ Cómo "sobrevivir" cada día como madre que trabaja ? :

- En primer lugar hay que evitar la fatiga. Si no se duerme lo suficiente, las cosas no pueden ir bien. Si es necesario, simplifique o elimine otras actividades, pero no sacrifique el sueño.

- Las investigaciones han demostrado que cómo pasa el tiempo con su hijo es más importante que cuánto tiempo pasa con él. Hay que tratar de hablar con el niño aprovechando cualquier ocasión y los treinta minutos antes de acostarlo juegue con su hijo al ritmo que él prefiera. Incluir a los hijos en las actividades de los padres, especialmente los fines de semana, tales como ir de compras, tambien es beneficioso. Si el niño, en general, está contento, quiere decir que se le está dedicando suficiente tiempo y atención.

- Cuando no se pueda disponer de más tiempo, habrá que reducir los quehaceres domésticos tanto como sea posible. Una casa impecable no debe ser el principal objetivo. El tiempo de relajación es indispensable, no es frívolo ni desperdiciado.

- Finalmente, las madres que trabajan fuera de casa deben pedir ayuda a los demás miembros de la familia y, por supuesto, no deben dejarse dominar por sentimientos de culpa. Hay que entender que lo la "supermamá" es un mito y que una madre no puede hacerlo todo por sí sóla o en forma perfecta. Necesita ayuda, y la merece. Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

domingo, 19 de octubre de 2008

"Mi hijo tiene asma".

El asma es una enfermedad reactiva de las vías respiratorias y consiste en crisis repetidas de tos, sibilancias ("pitos" o silbidos al respirar), opresión en el pecho y dificultad para respirar. Cuando sustancias irritantes o alérgicas penetran en los bronquios, éstos entran en espasmo, se estrechan y se inflaman.

Especialmente en los niños pequeños, casi todas las crisis asmáticas son provocadas por infecciones virales de las vías respiratorias. A veces, una tensión emocional puede precipitar un ataque de asma y, a menudo, el asma se presenta en niños que tienen otras reacciones alérgicas tales como dermatitis atópica (eccema).

Los ataques de asma pueden, en ocasiones, ser alarmantes. Sin embargo, cuando el tratamiento se realiza de forma adecuada, los síntomas son reversibles y no quedan, por tanto, alteraciones pulmonares permanentes. El asma puede ser tambien una enfermedad prolongada, pero más de la mitad de los niños asmáticos la superan durante la adolescencia.

Evidentemente, el pediatra debe supervisar y coordinar el programa de tratamiento de cada niño asmático; pero, si en alguna ocasión, los padres dudan acerca de si su hijo tiene o no una respiración con sibilancias deben empezar a administrarle su medicación lo antes posible. Cuanto más tarde se inicie el tratamiento de la posible crisis asmática, tanto más tiempo se requiere para controlarla y evitar que se agrave. En todo caso, si los fármacos no hubieran sido necesarios, es cierto que tampoco habrán sido perjudiciales.

La mayoría de los niños asmáticos tienen crisis de tos y sibilancias después de hacer algún ejercicio agotador (asma inducido por el ejercicio). El que más frecuentemente las provoca es la carrera, especialmente si hace frío. Este problema no debería interferir con la participación en casi todos los deportes. Los síntomas pueden prevenirse utilizando la medicación antiasmática antes del esfuerzo físico. Por lo general, los niños con asma no tienen problemas con la natación ni con otros deportes que no requieren respiración rápida.

Para prevenir los ataques de asma habrá que tratar de descubrir y evitar las sustancias que los precipitan (el humo del tabaco -que puede permanecer en el aire de la casa hasta una semana-, del tubo de escape del automóvil, los olores fuertes tales como el agua de colonia o las frituras, las almohadas de plumas, etc.). Hay que aprender la forma de mantener las habitaciones libres de polvo y cambiar o limpiar regularmente los filtros del sistema de aire acondicionado. Los niños deben ducharse, lavarse el cabello y ponerse ropa limpia si ha habido algún contacto reciente con pólen, césped, hierbas o animales a los que el niño pueda ser alérgico: los pólenes o el pelo y caspa de un perro o gato permanecen durante bastante tiempo en la ropa o el cabello.

Aunque eviten la clase de gimnasia durante estos días, los niños con crisis leves de asma no deben faltar al colegio ni limitar sus actividades o su vida social. Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

martes, 23 de septiembre de 2008

"Nuestro hijo tiene un tic".

Los tics son movimientos súbitos, rápidos y repetidos. Se trata de contracciones musculares involuntarias y no premeditadas, tambien llamadas espasmos habituales. Los más frecuentes consisten en parpadeos, muecas, arrugamiento de la frente, giros de la cabeza o encogimiento de hombros.

Suelen iniciarse en la segunda infancia (6-10 años), aumentan con el estrés, disminuyen con la relajación y desaparecen durante el sueño. Se presentan en el 20% de los niños y son tres veces más frecuentes en los varones que en las niñas.

No suelen acompañarse de otros síntomas, pero sí, a veces, de un estado psíquico particular de inestabilidad o de cambio. Reflejan, por tanto, el rebosamiento de la tensión emocional. Significan que el niño está bajo presión. Los niños que tienen tics son generalmente normales, inteligentes y sensibles.

Los tics suelen ser más intensos en niños tímidos o excesivamente cohibidos y pueden ser empeorados por los padres que se obsesionan y observan, regañan o presionan a su hijo para que obtenga logros que están más allá de su capacidad o hacen comparaciones con hermanos, amigos o compañeros.

Si no se hace caso de los tics, éstos desaparecen generalmente en unos meses. Si, además, se hace un esfuerzo para ayudar a que el niño no se agobie y se relaje, mejorarán con mayor rapidez:

- Puesto que los tics son un barómetro de la tensión interna, los padres deben asegurarse de que su hijo tenga tiempo libre y tiempo para divertirse todos los días. Si el niño tiene un programa intenso de actividades, hay que intentar aligerar sus compromisos. Y en el caso de que el niño sea excesivamente autocrítico y responsable, hay que elogiarlo aún más y recordarle que debe ser más amigo de sí mismo.

- Es evidente tambien que se deben identificar y eliminar, si es posible, las tensiones ambientales específicas. Es decir determinar las circunstancias concretas que hacen que su hijo tenga presión.
En general, critique menos a su hijo acerca de la limpieza de su habitación, de los modales en la mesa o de las lecciones de música, ...

- No se debe hacer caso de los tics cuando se presentan. Es decir, no le llamen la atención sobre ellos. Los recordatorios dan a entender que los tics molestan a los padres. Si al niño le preocupa su tic reaccionará con más tensión aún, en lugar de aceptación. Y la tensión, a su vez, provocará más tics. No se debe permitir que nadie se burle de él y hay que asegurarse que los parientes, amigos, compañeros y maestros hagan caso omiso del tic.

- Tampoco se debe hablar de los tics cuando éstos no se presentan. Hay que suspender en la familia toda conversación acerca de ellos. Cuanto menos se diga al respecto, tanta menos aprensión tendrá el niño. Y si él trae el tema a colación, se le debe asegurar que con el tiempo recuperá el control de sus músculos y el tic desaparecerá.

-Y tambien servirá de mucha ayuda, evitar cualquier tipo de castigo por los tics. Algunos padres pueden llegar a tener la idea de que se trata de un mal hábito del que hay que deshacerse de esta forma. Es una idea absolutamente equivocada. Si al niño se le hace, por ejemplo, practicar "para controlar su tic" frente a un espejo, simplemente se dará más cuenta todavía de que no puede controlarlo. Todos los ejercicios deben suspenderse porque no hacen más que llamar la atención de forma indebida hacia el problema.

Por último, los padres deben consultar con el pediatra cuando los tics:

- interfieren con los amigos o los estudios.
- están acompañados de sonidos o palabras.
- afectan a otras partes del cuerpo que no sean la cabeza, la cara o los hombros.
- se vuelven frecuentes (más de 10 al día).
- no han mejorado después de un mes de probar este programa.
- preocupan más a los padres que al propio niño.

Adaptado de B.D. Schmitt, M.D. "Your Child's Health".

lunes, 22 de septiembre de 2008

¿Qué hay en la sonrisa de un niño?

Conocer cómo responde una madre a su propio hijo, cuando sonríe o llora, puede ser el primer paso para descubrir la clave de la relación que se establece entre ambos.

Ya desde el primer momento, después del parto, las madres muestran una especial capacidad para reconocer distintas claves (auditivas, visuales y olfativas) de sus hijos recién nacidos. Estos estímulos, como el llanto por hambre o la cara sonriente, constituyen potentes motivaciones para la madre, que responderá a ellos mediante los cuidados, el contacto físico, el habla o el juego. Es decir, se cree que la capacidad de cada madre para relacionar estas claves con las necesidades de un lactante constituye la base para establecer un vínculo seguro entre madre e hijo.

En respuesta a las indicaciones del lactante, positivas o negativas, la madre debe procesar la información y valorar la respuesta más indicada. Por ejemplo, un bebé con molestias suele provocar una respuesta de la madre para determinar las posibles causas y los mejores remedios. De forma similar, la cara sonriente de un niño suele conducir a una situación afectiva positiva en la madre que responde con sonrisa, caricias o juego.

La investigación sugiere que el comportamiento materno en respuesta a su recién nacido muestra una relación directa con el desarrollo del niño a largo plazo, en una serie de aspectos tales como su reacción al estrés.

Asímismo, los factores que disminuyan la capacidad de la madre para responder a los estímulos de su hijo, como la depresión, la drogadicción e incluso la separación prolongada madre-hijo pueden alterar el desarrollo normal de su hijo. Por ejemplo, el llanto de un niño puede desencadenar, en algunas madres, una respuesta de enfado en lugar de cuidados. Del mismo modo, en la depresión o la drogadicción materna, una cara sonriente del hijo, puede, repetidamente, no provocar respuestas positivas. Las personas deprimidas muestran menor respuesta emocional a la cara feliz y mayor memoria de las caras negativas. La cocaína parece competir con las señales de recompensa natural del lactante. Esto puede relacionarse con la frecuencia elevada de negligencia infantil en las madres expuestas a la cocaína.

Pero ¿qué hay en la sonrisa de un niño cuando consideramos la respuesta cerebral de la madre?
Como atestiguarán casi todas las madres, ver la sonrisa de su bebé es una experiencia especialmente gratificante y placentera.

En conclusión, las diferencias individuales de las respuestas cerebrales maternas a los estímulos de sus hijos son temas fascinantes para la investigación y la forma en que una madre responde al comportamiento de su hijo puede representar un importante papel en el desarrollo futuro del niño. Adaptado de L. Strathearn, MBBS y cols. Pediatrics (Ed esp). 2008;66(1):4-14.


lunes, 15 de septiembre de 2008

Observaciones de un pediatra más viejo.

Hace diez años se me ocurrieron diez simples reglas que todavía me suenan como verdaderas. Sin embargo, algo en la medicina ha cambiado. Una frase se abrió paso: "Medicina basada en la evidencia". Es el uso concienzudo y con criterio de los mejores datos actuales a la hora de tomar decisiones para cada paciente. Se fundamenta en los resultados de investigaciones, pruebas y datos sistemáticos. Es una parte tan importante de la nueva medicina que recientemente se ha convertido en el tema de una sátira ingeniosa que cita, por ejemplo, a la "medicina basada en la eminencia" como un resplandor del cabello encanecido y a la "medicina basada en el nerviosismo" como una medida defensiva ante los pleitos judiciales.

Aquellas "observaciones de un pediatra joven" pueden ahora ser consideradas nuevamente a la luz de la medicina basada en la evidencia. Se hace tambien evidente que en la atención de los niños hay algo más que ciencia, datos y pruebas.

1. La recogida de datos del paciente y su examen físico son los pilares del diagnóstico. Esto se puede describir como "medicina basada en el esmero", y nos exige la aplicación firme y cuidadosa de las aptitudes que hemos ido aprendiendo en cada encuentro con los pacientes.

2. Tenga cautela al presumir que "probablemente no es nada". Cuando experimentamos una profunda inquietud con casos que no reconocemos de inmediato estamos practicando "medicina basada en la inferencia" (de inferir: llevar, deducir, conducir a un resultado). Un niño rara vez elige estar enfermo y se debe buscar con cuidado la causa de su enfermedad.

3. Confíe en su intuición. Es la "medicina basada en la clarividencia", y nos permite escuchar algo que no es evidente al oido, o ver algo que el ojo no puede percibir. Proviene de la voz y la visión serenas pero confiables de la experiencia. "Es mejor mirar con demasiada atención o frecuencia que mirar para atrás demasiado tarde".

4. Controle si le quedan preguntas. Para actuar con intuición, a lo largo del tiempo, debemos practicar la "medicina basada en la persistencia". Ejercemos este aspecto de la medicina cuando, al finalizar el día, nuestra intuición entrenada nos deja con la sensación de que quizás hemos pasado algo por alto en un paciente y llamamos, por ejemplo, a los padres por teléfono o hacemos una consulta de control a la mañana siguiente. En ocasiones aún el pediatra más experto debe mirar varias veces para establecer el diagnóstico.

5. Los médicos no practican una medicina inadecuada en forma intencional. Nunca dejamos de convertirnos en pediatras. A través de los años de práctica, avanzamos firme pero lentamente, entrelazando hebras de verdades médicas en la tela de nuestra vida. La práctica de la "medicina basada en la confluencia" nos desafía a considerar nuestro trabajo como un aprendizaje continuo.

6. Lea el libro de texto (o algo). Nuestros pacientes se merecen médicos que siempre practiquen "medicina basada en la inteligencia": nos permite aprender y procesar situaciones clínicas nuevas y difíciles, al aplicar de forma adecuada la razón; que rara vez se obtiene en una conversación de pasillo o en un programa de educación continuada de 30 minutos. Debemos destinar tiempo a la lectura.

7. Tenga cautela acerca de delegar la responsabilidad por un paciente a otro médico. Es la "medicina basada en la derivación". Cuando nos encontramos con un problema que no podemos diagnosticar o tratar porque falta experiencia, conocimiento, tiempo o recursos, podemos consultar con otro médico o derivar al paciente. En la consulta pedimos otra opinión; en la derivación, ayuda. En ambos casos, los padres de los niños que atendemos necesitan saber que sus hijos siguen siendo nuestros pacientes.

8. Nunca subestime el deseo de los padres de que quieren ofrecer lo mejor a sus hijos. La práctica de la "medicina basada en la reverencia" exige que tratemos a los padres con el respeto que merecen.

9. El médico debe apreciar el nivel de preocupación de los padres. Cuando practicamos la "medicina basada en la benevolencia" permitimos que los padres de los pacientes vean sus inquietudes reflejadas en nuestros ojos, a través de un estrecho contacto visual desde el primer momento de la consulta.

10. Los buenos médicos pueden cometer errores. Este es el aspecto más difícil de la medicina. La "medicina basada en la excelencia" establece nuestro prestigio como un proveedor que nunca escatima esfuerzos y, si ocurriera un error, será la evidencia más fuerte de que, si bien nos hemos equivocado, no somos negligentes.

No transcurre un día sin que agradezca haber tenido la oportunidad de atender a los niños. El corazón agradecido, al cual Cicerón denominó el padre de todas las virtudes, da lugar al último de los suplementos de la medicina basada en la evidencia: la "medicina basada en la efervescencia": una expresión animada y entusiasta de nuestra buena suerte por tener el privilegio de estar en condiciones de cuidar y defender a los niños. Adaptado de C.W. Callahan, DO. Pediatrics in Review. Vol. 22, núm. 10. 2001; 367-368.

miércoles, 13 de agosto de 2008

¿Nuestro hijo puede ser autista?

Se estima que, en conjunto, el trastorno autista en todas sus variantes puede afectar a unos 5 de cada 10,000 niños, siendo 5 veces más frecuente en varones que en mujeres.

En el 5% de los casos existen antecedentes familiares de comportamientos autistas o de trastornos del lenguaje, pero aún no se sabe por qué se produce el autismo.

En realidad se trata de diversos trastornos, de diferente gravedad y evolución variable, que se caracterizan todos ellos por dificultad del niño para relacionarse con la gente, incluidos los padres, además de una deficiente utilización del lenguaje.

- El inicio de los síntomas suele ser antes de los tres años. Desde los primeros meses estos niños pueden ya manifestar problemas para establecer relación con las personas cercanas. Los padres refieren que desde la época de lactante era "poco cariñoso" y tardaba en sonreir en respuesta a los estímulos, o no sonreía en absoluto.

- Cuando van creciendo son capaces de pasar horas entregados a juegos solitarios, mostrándose retraidos en presencia de otros niños o adultos, e indiferentes a los intentos de comunicación. No parecen percibir los ruidos ni las voces, ni ver los objetos ni las personas. El contacto ocular es anormal o está ausente: poseen una mirada que parece mirar al horizonte como a través de la gente, o bien realizan miradas furtivas. Muestran un desinterés casi total, comportándose como si se hallaran solos. Como mucho se interesan por una parte del otro: su mano, un detalle de su vestimenta...

- Manifiestan un rechazo absoluto al contacto físico: si se intenta, el niño reacciona a veces de forma violenta, con agitación.

- Es habitual tambien que muestren un interés absorbente por determinados objetos, por la música o por conductas rituales (golpearse la cabeza, balanceo del cuerpo, ...). Los intentos de suspender o modificar estas conductas pueden provocarles una rabieta o reacción de ira.

- Necesitan que las cosas estén y funcionen de la forma a que ellos están acostumbrados, mostrando, con actitudes de ansiedad, escasa tolerancia a los cambios.

- Presentan con frecuencia movimientos repetidos de dedos, manos, brazos y piernas, balanceo del cuerpo, rotación de la cabeza, ...

- Aunque sólo sea para manipularlos, muestran, como hemos dicho anteriormente, un interés exagerado por ciertos objetos, en especial los rotatorios.

- Realizan algunos movimientos característicos, aprendidos y repetitivos (estereotipias): chasquidos con una cuerda, encender y apagar la luz, romper el papel en tiras pequeñas, dar la vuelta a un coche de juguete y hacer girar sus ruedas en vez de hacerle avanzar por el suelo.

- Todos los niños autistas tienen un deficiente uso del lenguaje, aunque en diferente grado. Muchos de ellos no poseen lenguaje, o no emiten sonido alguno o solamente se expresan de una forma particular no entendible. Aproximadamente el 50% de los niños con trastornos del espectro autista llegan a desarrollar un lenguaje oral, que es poco comunicativo y se caracteriza por presentar: repetición de frases más o menos prolongadas (ecolalia), mal uso de los pronombres (por ej., nunca utilizan "yo" para referirse a ellos mismos) y una alteración en el ritmo y entonación (hablan de una forma monótona, o como si cantaran). Los que tienen capacidad oral, repiten con frecuencia una y otra vez las mismas preguntas.

- En algunos casos pueden mostrar talentos notables (por ej., concentrarse en letras o números; memorizando, con facilidad y rapidez, matrículas de coches) y a pesar del déficit o ausencia de comunicación, suelen ser niños tranquilos y con aspecto guapo e inteligente. Su desarrollo físico es normal, sin problemas en la ganancia de peso y talla. Su salud es buena y tampoco suelen presentar problemas de motricidad, por lo que no suele haber, por ejemplo, retraso en empezar a sentarse o a caminar.

Dada la diversa severidad de los síntomas según los casos y una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento debe ser, evidentemente, individualizado. Se trata, en definitiva, de mejorar, en la medida de lo posible, sus relaciones sociales, su lenguaje y su aprendizaje.

La intervención precoz e intensiva puede mejorar el resultado de forma muy importante. El aumento del coeficiente intelectual y la presencia de un lenguaje con sentido a la edad de 5 años son indicadores de un pronóstico favorable. Un 20% de los niños con comportamiento autista en sus primeros años se puede integrar gradualmente en la sociedad, aunque siga manteniendo, en ocasiones, un comportamiento "peculiar". Adaptado de Dr. J. Benito Fernández, Pediatra y cols. Pediatría para Padres (III); 52-54. Ed. Ergon. 2002.

Malos tratos a las mujeres: ¿cuál debe ser el papel del pediatra?

Los pediatras se encuentran en condiciones de descubrir los malos tratos a las mujeres y su intervención es tambien una forma decisiva de prevenir el maltrato infantil, pues los niños cuyas madres son objeto de violencia presentan una mayor probabilidad de ser víctimas de ella. Aunque el niño no sufra agresión física, ser testigo de la violencia doméstica puede ser igualmente traumático para él.

La Academia Americana de Pediatría reconoce la importancia de mejorar la capacidad del médico para descubrir los actos violentos de la pareja, así como los malos tratos a los niños y otras formas de violencia familiar.

Además, las mujeres embarazadas pueden estar expuestas a un riesgo más elevado y ello puede causar tambien una lesión en el feto. El 8% de una muestra al azar de mujeres que acudieron a una clínica prenatal declararon, al ser interrogadas de un modo confidencial y delicado, que padecían malos tratos.

Si las mujeres revelan que son objeto de malos tratos por parte de sus compañeros pueden recibir amenazas de muerte. Por consiguiente, dicha revelación es a menudo extremadamente atemorizante y es posible que no se produzca, a menos que la mujer advierta que puede mejorar su situación y no agravarla. El riesgo de lesiones puede aumentar cuando la pareja se encuentra en trámites de separación.

No es probable que las madres que son víctimas de malos tratos busquen ayuda en el pediatra. Sin embargo, si los pediatras sospechan que están ocurriendo actos violentos en el seno de una familia deberán encarar el asunto lo antes posible; con comprensión, delicadeza y de modo absolutamente confidencial. Algunas preguntas pueden ser útiles: "¿Hay gritos o empujones? ¿Alguien se lastima? ¿Qué ocurre cuando su marido y usted discuten?". Aunque todas estas cuestiones forman parte de un asesoramiento especializado, incluido en programas de formación para aprender las técnicas de intervención en esta materia, los pediatras deberán en todo caso solicitar ayuda a los equipos de la comunidad con experiencia en aconsejar a las víctimas de malos tratos.

En conclusión, es evidente que los niños que crecen en un ambiente de violencia son más propensos a adoptar tambien una conducta violenta en el futuro y los pediatras deben estar en condiciones de intervenir para romper este círculo. Adaptado de J.A. Bays, MD. y cols. Committee on Child Abuse and Neglect. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 45, núm. 6, 1998; 449-450.


lunes, 21 de julio de 2008

Secador de oidos para niños.

Es evidente que la infección o inflamación del conducto auditivo externo, es decir la otitis externa, tiene menos impacto social y médico que la otitis más allá del tímpano (otitis media). Sin embargo, los padres preguntan frecuentemente sobre la limpieza del conducto auditivo externo (CAE) y los riesgos de entrada de agua, en especial, cuando el niño es pequeño o un bebé.

Las otitis externas, tambien llamadas otitis del nadador, son más frecuentes en adolescentes, deportistas y profesionales que practican actividades en el mar o piscinas, como: nadadores, buceadores, surfistas, navegantes, etc. En el niño son habituales en verano, especialmente cuando las condiciones sanitarias del agua (mar, piscinas, parques acuáticos, duchas) no son las adecuadas.

Hasta ahora la prevención de este tipo de infecciones pasaba por dar pequeños golpes en la cabeza con el fin de intentar expulsar el agua, o bien poner unas gotas de alcohol o vinagre para evitar el desarrollo de bacterias.

Un médico especialista en Otorrinolaringología, Hamilton P. Collins, ha desarrollado un "secador de oido" denominado Sahara DryEar. Este pequeño instrumento, parecido a un termómetro de infrarrojos, crea un flujo de confortable aire caliente durante unos 80 segundos, secando completamente el CAE.

El aire caliente tiene diversas propiedades para ser efectivo en la prevención de las otitis externas, ya que ejerce un efecto positivo sobre varios componentes del interior del CAE: el cerumen (material semisólido producido por glándulas), los cuerpos extraños ambientales, el agua retenida con productos químicos, la sudoración, los restos de la descamación de la piel y los microorganismos como bacterias y hongos. Un desequilibrio entre estos componentes puede dar lugar a otitis externas o a tapones de cera. Todo ello es un problema añadido cuando al niño se le colocan tapones de silicona o prótesis auditivas. La colocación de los mismos empuja hacia dentro el cerumen y, aparte de ocluir el CAE, obstruyen el audífono.

Este instrumento dispone de un chip computarizado que regula el flujo de aire caliente y su dirección. Se entrega con 5 toberas intercambiables de diferentes colores para que los componentes de la familia que lo usen puedan identificarlas.

El funcionamiento es muy sencillo y tiene dos efectos: el primero es la evaporación del agua por el aire caliente y el segundo es para secar los componentes antes citados, impidiendo el crecimiento de los gérmenes y la obstrucción del conducto. Sin embargo, hay que tener en cuenta que secar el conducto con mucha frecuencia puede disminuir la protección natural del oido.

El fabricante señala tambien su utilidad en las otitis medias supuradas porque el aire caliente seca la secreción purulenta y no causa molestias ni mareos al paciente. Asímismo, si al niño le han colocado un tubo de drenaje en el tímpano puede utilizarse para evitar que la infección pase del CAE al oido medio.

Este instrumento está equipado con una batería de litio que permite utilizarlo unas 50 veces antes de su recarga. No está disponible aún en España hasta que se haya adaptado a los ciclos eléctricos y sea aprobado por las normas europeas. Más información en : www.dryear.net
Tomado de Dr. S. García Tornel. Pediatría Integral. Vol. XII, núm. 4. Mayo 2008; 409-410.

sábado, 12 de julio de 2008

"Mi bebé ya sabe nadar".

Los programas acuáticos para lactantes y niños pequeños son cada vez más populares. Se calcula que, solamente en Estados Unidos, de 5 a 10 millones de lactantes y preescolares participan formalmente en estos cursos, que están enfocados hacia la adaptación al agua y las aptitudes para la natación e incluyen, asímismo, información sobre seguridad en el agua dirigida a padres y cuidadores.

Aunque son motivo de diversión para padres e hijos, los cursos no están diseñados para enseñar a los niños a que se salven por sí solos en el agua.

Sea cual sea el diseño o el objetivo de todos estos cursos, no pueden lograr que los niños pequeños comprendan los riesgos del agua ni pueden emplear estrategias adecuadas para evitarlos.

Los programas que afirman lograr que los niños estén seguros en el agua o a salvo de ahogarse deforman las posibilidades reales y ofrecen a los padres un falso sentido de seguridad sobre la permanencia de su hijo en el agua.

Las habilidades para la natación (es decir, la capacidad para realizar movimientos normales para nadar) deben diferenciarse de las que se necesitan para lograr la seguridad en el agua (es decir, la flotación para salvarse, la "natación" con conservación de fuerzas y, tambien, la conducta de seguridad fuera de la piscina). Sin un adiestramiento específico, los niños pueden realizar movimientos rudimentarios de natación cuando cumplen, aproximadamente, un año de edad. Los tipos de movimientos que muestra el niño al principio no son los tradicionales de la natación, sino que se trata de movimientos más básicos, similares al chapoteo de los perros.

Un estudio efectuado por Blanksby comunicó que las habilidades para nadar pueden adquirirse más fácilmente una vez que el desarrollo motor ha alcanzado el nivel de los 5 años de edad. Aunque algunos niños pueden aprender a nadar antes, los niños menores de 4 años requieren períodos más largos de adiestramiento para aprender estas técnicas y se hallan limitados por su menor capacidad neuromuscular. Además, cuando la enseñanza trata de mejorar el aprendizaje mediante la disminución del miedo al agua, los niños pueden ser incitados inconscientemente a meterse en el agua sin supervisión.

Sea cual sea el nivel de competencia de los lactantes y niños pequeños en el agua o en sus inmediaciones, es necesario que exista una supervisión estrecha y constante por parte de un adulto para evitar accidentes de ahogamiento total o parcial. Incluso un lapso muy breve sin vigilancia puede tener trágicas consecuencias. Se ha propuesto el concepto de "supervisión por contacto", es decir, se requiere que el niño esté en todo momento al alcance de la mano de la persona que lo cuida. Adaptado del Comité de Medicina Deportiva de la Academia Americana de Pediatría. Pediatrics (ed. esp.) Vol. 49, núm. 4, 2000; 267-269.

sábado, 21 de junio de 2008

El niño hiperactivo.

Del 3 al 5% de los niños, en su mayoría varones, tienen poca capacidad de atención. Este trastorno se llama trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH).

La capacidad normal de atención es de aproximadamente 5 minutos por cada año de edad del niño. Por lo tanto, un niño de 4 años debería ser capaz de concentrarse en una determinada tarea durante 20 minutos (nota: la capacidad de atención mientras el niño ve la televisión no cuenta).

El niño con poca capacidad de atención se caracteriza porque no ha aprendido: a escuchar cuando alguien habla, a esperar su turno, a completar una tarea o a volver a ella si ha sido interrumpida (nota: estas características pueden ser normales en niños de 3 ó 4 años de edad). Algunos niños tienen tambien hiperactividad asociada (actividad motora mayor que la normal) con síntomas de inquietud, impulsividad y apresuramiento.

Por supuesto, es posible que algunos niños con TDAH tengan alguna dificultad de aprendizaje asociada. Sin embargo, la inteligencia de la mayoría de estos niños es normal o superior a la media.

Es preciso tener en cuenta tambien que los niños que no hacen caso y los niños agresivos a veces son incluidos, por error, en la categoría de "hiperactivos". Muchos de estos niños "difíciles", incluso de 2 años de edad, deberán ser considerados como niños con problemas de conducta y tratados apropiadamente.

El TDAH es el impedimento más común del desarrollo. El autocontrol de estos niños es insuficiente, lo cual requiere que los padres ejerzan controles durante un período más prolongado. A menudo, este tipo de temperamento y la menor capacidad de atención con o sin hiperactividad son hereditarios. No se ha demostrado que ninguna lesión cerebral mínima cause TDAH.

Los niños con TDAH en las sucesivas etapas del desarrollo pueden mejorar significativamente si los padres y los maestros les brindan comprensión, orientación y, sobre todo, si fomentan en ellos la confianza en sí mismos. Cuando estos niños llegan a ser adultos, muchos tendrán una capacidad de atención satisfactoria; pero seguirán siendo "inquietos", tendrán que aprender a saber mantenerse ocupados y, en cierto sentido, no habrán superado el problema por completo. Afortunadamente, la sociedad no sólo aprende a tolerar estas características, sino que, en algunos ambientes, se aprecia mucho a las personas cuya energía es inagotable.

Unicamente los niños con un TDAH muy pronunciado podrían necesitar un asesoramiento vocacional adicional. Los padres deberán, asímismo, pedir ayuda a un psicólogo o psiquiatra infantil cuando hayan "perdido la esperanza" de mejorar a su hijo, cuando ya no sepan qué más se puede hacer y cuando su hijo: manifieste impulsos de agresión y destructividad no provocados, tenga accidentes a menudo, haya sido suspendido o expulsado de la escuela y cuando no pueda hacer amistades o no pueda conservarlas.

Guías generales para vivir con un hijo hiperactivo:

- El TDAH es una afección que requiere especial cuidado de los padres y colaboración por parte de la escuela. Aunque los padres no pueden estar seguros de que su hijo sea hiperactivo hasta los 3 ó 4 años de edad, sí pueden detectar y mejorar los problemas de conducta en cualquier momento después de los 8 meses de edad. Lo que se debe hacer principalmente es organizar la vida en el hogar y mejorar la disciplina del niño. Sólo después de que la conducta del niño haya mejorado podrá saberse si tiene poca capacidad de atención y si es hiperactivo.

- Hay que aceptar el hecho de que el niño es intrínsecamente activo y lleno de energía, y que posiblemente siempre lo será. La hiperactividad no es intencional y no hay que pensar en eliminarla, sino simplemente mantener cierto control. Toda crítica o todo intento de transformar a un niño "demasiado activo" en un niño "tranquilo" o un niño "modelo" será contraproducente y causará más daño que beneficio. Nada le ayuda más a un niño hiperactivo que la tolerancia, la paciencia y la moderación de los padres.

- Se debe procurar que el niño pueda desahogar su exceso de energía (esta energía no puede ser reprimida ni almacenada): actividades diarias al aire libre, tales como correr y hacer deportes. Cuando hay mal tiempo, el niño necesita una habitación donde pueda jugar como quiera, con un mínimo de restricciones y supervisión. No conviene que tenga demasiados juguetes, porque eso contribuiría a que se distraiga más, pasando de un juguete a otro, en lugar de concentrarse en uno.

- Aunque se le permita al niño expresar su hiperactividad, hay que cuidar de no estimularle innecesariamente. No se deben iniciar juegos bruscos ni permitir que sus hermanos o amigos le instiguen a juegos ruidosos. Debe pues impedirse la estimulación de un comportamiento hiperactivo porque éste se puede convertir así en el estilo principal del hijo en su trato con las demás personas.

- Las rutinas en el hogar y una casa bien organizada ayudan a que el hijo acepte el orden. Se debe mantener, hasta donde sea posible, la regularidad a la hora de levantarse, para las comidas, al acostarse, etc. En general, se debe mantener la televisión apagada. Un ambiente relativamente tranquilo le permite escuchar y pensar mejor.

- Los padres deben procurar que su hijo no se fatigue. Cuando un hijo hiperactivo está agotado, a menudo pierde el dominio de sí mismo y la hiperactividad empeora. Si les parece que no pueden "apagar el motor" prueben a tomarlo en brazos, mecerlo suavemente e intentar que se duerma o descanse.

- Hasta que no haya adquirido suficiente autodominio, evitar en lo posible llevarlo a reuniones formales y reducir las veces que va a tiendas y supermercados. Es fundamental elogiarlo si, en vez de interrumpir cuando se está hablando, se entretiene jugando por su cuenta.

- Nadie duda de que estos niños son difíciles de manejar, ya que requieren una disciplina planeada cuidadosamente. Las reglas son, principalmente, para evitar que el niño se haga daño o lastime a otros. La conducta agresiva, tal como morder, golpear y empujar no debe ser tolerada en el niño hiperactivo, lo mismo que en los demás. Pero hay que olvidar las reglas innecesarias o imposibles de cumplir; es decir, no esperemos que mantenga las manos y los pies quietos, por ejemplo. Hagamos que cumpla varias reglas claras, firmes e importantes y evitemos los contínuos comentarios negativos tales como "no hagas esto", "deja ya de hacer lo otro", ...

- Las reglas nunca se deben hacer cumplir con castigos físicos; pues, de esta forma le sugerimos al niño que el comportamiento físicamente agresivo es aceptable. Si queremos enseñarles a nuestros hijos a que sean menos agresivos debemos darles ejemplo de control y de calma. Si gritamos, ellos harán lo mismo. Si se porta mal, hay que castigarlo en el momento. Es decir, si una expresión de desaprobación no surte efecto, hay que aislarlo, durante un momento, sentado en una silla o en una habitación. Esta suspensión temporal debe ser de aproximadamente un minuto por cada año de edad del hijo. Sin este sistema, el éxito será poco probable.

- Los padres no debemos esperar hasta que nuestro hijo esté en edad escolar, pensando que el maestro modificará su comportamiento. Para cuando el niño tenga 5 años ya deberá tener una capacidad de concentración de por lo menos 25 minutos y es así como podrá desempeñarse de forma adecuada en el colegio. Para mejorar su atención hay que reservar cada día varios períodos breves y leerle libros, enseñándole así a escuchar (habrá que comenzar por libros con muchas ilustraciones, avanzando gradualmente hasta leerle cuentos). Enseñarle, por ejemplo, el juego de emparejar figuras es un ejercicio excelente para fortalecer la memoria y desarrollar su capacidad de atención. Cuando se inquiete, hay que parar el juego y volver a intentarlo más tarde y si presta atención es fundamental elogiarlo. Este lento proceso requiere grandes dosis de paciencia pero es de incalculable valor.

- Al hijo hiperactivo se le debe proteger de cualquier reacción exagerada de los vecinos. En todo caso, se les debe pedir ayuda. La imagen de niño "malo" no debe llegar al hogar. La actitud que debe prevalecer siempre en su casa es que es un "buen niño con exceso de energía". Debe, por tanto, sentirse querido y aceptado en la familia. Y mientras así sea, seguirá teniendo una imagen positiva de sí mismo. Si no va bien en la escuela, se le iniciará en un pasatiempo relacionado con algo que él sepa hacer, para ayudarle a sentirse autosatisfecho.

- Tener que estar con alguno de estos niños 24 horas al día agotaría a cualquiera. Un descanso, de vez en cuando ayuda a tolerar el comportamiento hiperactivo. Si solamente el padre trabaja fuera de casa, cuidar a su hijo, cuando esté en el hogar, proporcionará descanso a la madre y le hará comprender mejor lo que a ella le toca enfrentar durante todo el día.

-Una vez que el niño entra en la educación primaria, la escuela se deberá encargar tambien de ofrecer programas apropiados con el objetivo primordial de seguir ayudando a mejorar su capacidad de atención, su aprendizaje, su autodisciplina y su amistad con los compañeros.

- Por último, algunos fármacos pueden mejorar la capacidad de concentración. En general, no conviene emplearlos antes de la edad escolar ni evidentemente antes de que el niño haya sido convenientemente evaluado. Los medicamentos sin programas de educación especial individualizada y sin un enfoque apropiado en el hogar no tienen beneficios a largo plazo. Adaptado de B.D. Schmitt, MD. Your Child's Health.

domingo, 8 de junio de 2008

Las vacunas infantiles y su reputación.

Durante los últimos años, el prestigio de las vacunas infantiles se está perdiendo seriamente. Uno de los últimos golpes surgió cuando dos madres famosas presentaron el impresionante relato de sus hijos autistas y atribuyeron esta enfermedad a la vacuna del sarampión.

Sin embargo, cuando se trata de defender las vacunas, se toman dos medidas y ninguna es eficaz. La primera es hacer público un informe científico claro, en cierto modo comprensivo con los padres de los niños autistas, pero escrito en un lenguaje prudente y cauteloso. Por esta razón, suscita duda en los lectores. La segunda táctica es la de simplemente pasar por alto cualquier ataque a las vacunas para no salir a la palestra. Así, de esta otra manera, el silencio puede interpretarse como que se intenta ocultar la verdad.

Por tanto, se necesita una nueva estrategia. El asunto de las vacunas es otro más de los muchos que aparecen a diario en los medios de comunicación. En este caso, los grupos "antivacuna" están bien organizados y son apasionados en sus declaraciones. Utilizan métodos populares para hacer llamamientos de intenso dramatismo y logran así que los padres se lo piensen mucho antes de vacunar a sus hijos. Cuando se enteran de que un niño es autista, comparten el sufrimiento de los padres y atribuyen rápidamente la culpa a la vacuna. Con lógica o no, la gente no olvida esta forma de habilidad emocional. Y, por otra parte, los expertos científicos aportan pruebas precisas y estudios concretos que la mayoría de los padres no entienden. Evidentemente, de este modo no se puede conseguir convencerlos.

En conclusión, hay que ser más firmes cuando se argumentan las razones por las que las vacunas son seguras, eficaces y necesarias. Será preciso poner un anuncio a toda página en un periódico nacional que demuestre a los padres cuáles son los síntomas de la difteria, por ejemplo. O emitir un anuncio por televisión en el que una madre cuente las complicaciones que tuvo su hijo cuando padeció sarampión. Las imágenes y relatos como éstos transmiten más fuerza emocional que un gráfico que demuestre la disminución del sarampión desde que se dispone de la vacuna.

Esta postura entraña riesgos. Algunos la criticarán por utilizar el miedo para manipular la opinión pública; como ocurre, por ejemplo, con las últimas campañas televisivas para prevenir los accidentes de tráfico. Pero estos mensajes "negativos" son apropiados si se transmiten con ética y dicen la verdad; es decir, la de que las vacunas salvan vidas, como los cinturones de seguridad.

A la mayoría de los médicos nos han enseñado a examinar las pruebas, a entenderlas y a usarlas para tomar decisiones, pero con nuestra propia experiencia hemos aprendido que los mensajes faltos de pasión no calan, pero sí las historias desgarradoras. Adaptado de R.K. Parikh, MD. Pediatrics (Ed esp). 2008;65(3):114-5.

domingo, 1 de junio de 2008

Los niños y los medios de comunicación.

Dado que los medios de comunicación (televisión, radio, publicidad, películas, vídeos, música, videojuegos e internet) influyen en la forma que tiene la población infantil de percibir el entorno, es muy importante controlar la exposición de los niños a estos medios con fines preventivos, al igual que se hace con la alimentación, el deporte, las vacunaciones y las revisiones médicas.

El grado de exposición de los niños y adolescentes a los medios de comunicación permite predecir las conductas de riesgo y los efectos adversos en la salud, tales como la obesidad, la violencia o las conductas agresivas, el consumo de tabaco y alcohol y el inicio precoz de las relaciones sexuales (mayor riesgo, por tanto, de embarazo o de contraer enfermedades de transmisión sexual).

En general, un niño pasa hasta seis horas al día viendo televisión, jugando a videojuegos, escuchando música, etc. Por ello, en 1999, la Academia Americana de Pediatría publicó tres recomendaciones sobre la educación asociada a los medios de comunicación: reducir el tiempo de exposición infantil a estos medios, evitar que los menores de 2 años vean la televisión y fomentar entretenimientos alternativos.

Los profesionales de la salud deben colaborar para que los padres valoren los riesgos de una exposición excesiva y adopten, en la medida de lo posible, estas tres saludables conductas para sus hijos. Adaptado de Mcllhaney, J.S. Pediatrics 2005; 116(1): 327-328.

sábado, 24 de mayo de 2008

¿"Dolores de crecimiento"?

Los llamados dolores de crecimiento suelen ser dolores intermitentes y no articulares, en una o ambas piernas, que aparecen por la noche, en niños de 3 a 12 años de edad.

No está clara la causa de este tipo de dolores, y aunque se ha sugerido que pueden deberse a factores psicológicos o emocionales, no se han hallado pruebas convincentes de ello. Sin embargo, sí se sabe que los brotes de crecimiento no influyen en su aparición, y se han propuesto como posibles causas la adopción de una mala postura y la asociación con el síndrome de las piernas inquietas (uso excesivo de las extremidades inferiores) y la fatiga muscular.

En estos dolores no se observan signos de infección o traumatismo local, y los resultados del examen físico, las pruebas de laboratorio y las radiografías están dentro de la normalidad. El diagnóstico de estos dolores, por tanto, se realiza por exclusión. Es evidente tambien que si no existen signos físicos, cojera o falta de movilidad no hay por qué realizar pruebas de laboratorio o radiografías.

Cabe tener presente que es improbable que un niño que presenta dolores de crecimiento padezca una enfermedad grave. Además, hay que asegurar a sus padres que estos dolores son benignos y autolimitados, y que el niño no tiene por qué someterse a exploraciones complejas.

En cuanto al tratamiento, a pesar de haberse recomendado administrar paracetamol, su eficacia no se ha comprobado. El único estudio hasta la fecha que ha valorado un tratamiento fué un ensayo que incluyó niños con dolores de crecimiento que recibieron bien un programa de fortalecimiento muscular durante 18 meses (primer grupo) o bien otros tratamientos habituales (segundo grupo o grupo control). Se observó una mejoría más rápida en los niños del primer grupo que en los del grupo control. Si bien estos resultados respaldan la teoría de que este tipo de dolores se asocian con un espasmo muscular por cansancio o fatiga, el inconveniente es que el tamaño de la muestra (ambos grupos) era pequeño y el ensayo, aunque al azar, no fué ciego. Asímismo, los resultados pudieron verse influidos por el hecho de que los padres de los niños sometidos al programa de ejercicios dedicaron más tiempo y atención a ayudar a sus hijos.

Los autores proponen que dado que se trata de un trastorno habitual que no progresa a una enfermedad orgánica grave y suele resolverse con el tiempo, debería llamarse "dolor recurrente de las piernas en la infancia". Tomado de Goodyear-Smith, F. BMJ 2006; 333(7566): 456-457.

sábado, 17 de mayo de 2008

Vehículos motorizados para niños: sus riesgos.

En la revista Pediatrics se ha publicado una reflexión sobre el riesgo que conlleva la conducción de niños de vehículos con motor.

A pesar de haber quedado demostrado el peligro durante décadas, las autoridades responsables se muestran lentas para regular los límites de edad, las medidas de seguridad (cascos, etc.) y las licencias de conducción.

Los fabricantes están volviendo a producir, además de pequeñas motocicletas, vehículos todoterreno de cuatro y tres ruedas para niños. Las motos de nieve y embarcaciones se fabrican ahora en "tamaño infantil" y se comercializan para grupos de edad cada vez menores.

El número de niños que sufren lesiones de todo tipo por montar en estos vehículos es sorprendente. Por tanto, uno debería preguntarse por qué los padres permiten que sus hijos suban a estas máquinas.

Finalmente, la Academia Americana de Pediatría se ha mostrado en contra de la conducción de estos vehículos por parte de niños menores de 16 años de edad. Tomado de Vane, D.W. Pediatrics 2005; 15(4): 1087.

domingo, 11 de mayo de 2008

Alergias en niños: recomendaciones para su prevención.

El British Medical Journal ha publicado en uno de sus números recientes las recomendaciones que se deben dar a la madre embarazada para prevenir la aparición de alergias en su bebé.

Antes del embarazo, no se puede recomendar, por falta de datos en la actualidad, que una dieta especial disminuya el riesgo de que el futuro hijo desarrolle trastornos alérgicos; con independencia del riesgo hereditario que pueda existir en la familia.

Durante el embarazo, la madre debe tomar pescado (ácidos grasos poliinsaturados omega-3) desde las 20 semanas de gestación hasta el parto y suplementos alimentarios con probióticos (lactobacilos y bifidobacterias) durante las últimas cuatro semanas de gestación y durante el período de lactancia, dado que así reducirá el riesgo del lactante de desarrollar trastornos alérgicos.

Además, se recomienda evitar los cacahuetes durante el embarazo y la lactancia para reducir el riesgo de alergia a estos alimentos en los niños de familias de alto riesgo. Igualmente, los niños de alto riesgo no deberían consumir cacahuetes o sus derivados hasta cumplidos los 3 años de edad.

Tambien es necesario informar que exponer al lactante a una gran cantidad de humo de tabaco se asocia a un mayor riesgo de desarrollar asma en la infancia. Sin embargo, no se ha demostrado aún que evitar, durante el embarazo, los alergenos ambientales (ácaros del polvo, pelos de perro o gato,...) sea una buena estrategia de prevención.

En cuanto a la lactancia, los investigadores de este estudio señalan la necesidad de dar lactancia materna sólo hasta los 4 a 6 meses de edad. Si la madre no puede tener leche suficiente, son recomendables las fórmulas infantiles parcialmente hidrolizadas, puesto que las completamente hidrolizadas tienen un sabor que hace difícil su administración. Por otra parte, todavía no se ha demostrado que las fórmulas con soja reduzcan el riesgo de alergia.

Finalmente, se debe explicar a los padres que la inmunización con las vacunas habituales no aumenta el riesgo de que los lactantes desarrollen trastornos alérgicos y que son seguras en aquellos niños con alergias alimentarias, eccema o asma. Tomado de Anandan, C. y cols. BMJ 2006; 333(7566): 485.

martes, 6 de mayo de 2008

Transmisión de enfermedades en el hogar.

Un grupo de investigadores de Boston ha revisado 1545 casos de infecciones respiratorias y 360 casos de infecciones gastrointestinales en 208 familias con hijos de edad pediátrica, para determinar la frecuencia de transmisión de estas enfermedades entre los miembros de cada familia y la forma más eficiente para disminuirla.

Anteriormente, se había puesto de manifiesto que lavarse las manos con jabón de manos con alcohol prevenía la transmisión de infecciones en el seno familiar. En este estudio, tan sólo el 22% de los participantes refirió usar este tipo de jabones siempre, la mayoría de las veces o a veces y, únicamente, el 33% comunicó que siempre se lavaba las manos después de sonarse o limpiarse la nariz.

Los autores han llegado a la conclusión de que las infecciones se transmiten con frecuencia entre familiares de niños en edad pediátrica y que el uso de jabón de manos con alcohol reduce considerablemente la transmisión de infecciones respiratorias y gastrointestinales en el hogar. Adaptado de Lee, G.M. y cols. Pediatrics 2005; 115(4): 852-860.