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"Solo dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas" (Hodding Carter)

domingo, 8 de mayo de 2011

Suicidio en niños: prevención

En alguna ocasión, durante momentos de enfado o ira, los niños pueden llegar a provocar a sus padres con manifestaciones tales como "ahora me voy a matar". Casi siempre, afortunadamente, tan sólo se trata de una amenaza para alterarlos y llamar su atención, pero sin la más mínima intención de hacerse realmente daño a sí mismos.

No obstante, si estas declaraciones son frecuentes habrá que pensar en la posibilidad de que sean mensajes de un niño que no es feliz. Los padres deben asegurarse, en tal caso, de que la tristeza de su hijo no le acarreará ningún peligro.

Aunque los niños de edades comprendidas entre los 6 y los 12 años rara vez se suicidan, sí es cierto que hay, en esta etapa de la vida, una tendencia cada vez mayor de intentos de suicidio. Por tanto, un pequeño número de niños, gravemente deprimidos, están tan abatidos y desesperados, que pueden tratar de poner fin a su vida.

A pesar de que los síntomas de un niño deprimido pueden ser muy variados, la tristeza, el aislamiento, la pérdida de apetito y los trastornos del sueño se incluyen dentro de los principales. Deben, por ello, considerarse como signos de advertencia para los padres. Alguno de estos pequeños decide, por ejemplo, regalar sus posesiones más apreciadas o su juguete preferido. Incluso, el suicidio de un amigo o compañero de clase puede impulsarlo a quitarse la vida para acabar de una vez por todas con el dolor que siente.

Si usted nota que su hijo está deprimido, debe hablar con él sobre el problema, escucharlo y compartir sus sentimientos. No dude en usar la palabra suicidio. Deseche el mito de que al oirla le dará a su hijo la idea de hacerlo. Esto no va a suceder. Al contrario, su preocupación le mostrará a su hijo que realmente se interesa por él, por su bienestar, y que está dispuesto a ayudarlo.

Los padres de un niño seriamente apenado deben pedir ayuda sin demora. En principio, el pediatra o el médico de familia, si la comunicación con el hijo es buena, puede ser la persona más adecuada. Luego, el psiquiatra y el psicólogo infantil deben valorar el riesgo potencial de un suicidio. Ante una duda razonable y cuando la familia manifiesta su temor de no poder controlarlo permanentemente, el niño debe ser hospitalizado.


Adaptado de Healthychildren. American Academy of Pediatrics.


martes, 26 de abril de 2011

Papás tristes: un reto para la pediatría

Un rasgo que destaca en la actual generación de 68 millones de padres americanos es su participación con los hijos. Es decir, los estudios muestran que, en Estados Unidos, ha aumentado el tiempo que los padres dedican al cuidado infantil: desde dos horas y media por semana en el año 1965 hasta siete horas semanales en el año 2000. Incluso más que en otros países, tales como Australia, Canadá, Francia, Gran Bretaña y Holanda.

En el año 2006, el 24% de los 11 millones de niños en edad preescolar cuyas madres trabajan es cuidado por sus padres, durante el horario laboral de la madre. Por tanto, La Academia Americana de Pediatría estimula a los pediatras para que colaboren activamente con los padres, a la luz de lo que actualmente están cambiando las familias en este sentido. Sin embargo, proporcionar este apoyo no es siempre tan sencillo como pueda parecer a simple vista.

En este trabajo de Pediatrics, Davis y sus colaboradores llaman la atención sobre la forma en que la depresión afecta al comportamiento de los padres con sus hijos pequeños. De hecho, durante las visitas al pediatra, con motivo de las consultas del niño sano, han detectado cuatro comportamientos típicos: tres de ellos se consideran positivos (juegos, canciones, lectura de cuentos), pero uno es negativo (azotes). Los datos provienen de una muestra representativa a nivel nacional obtenida de un Estudio sobre el Bienestar de los Niños en Familias Frágiles. Se trata de niños nacidos desde el año 1998 al 2000.

De los 1.746 padres de la muestra, el 7% informó que había padecido un cuadro de depresión severa durante el año anterior. En estos padres deprimidos la probabilidad, por ejemplo, de leer cuentos a sus hijos se reduce a la mitad, pero la de golpear a sus hijos pequeños se multiplica por cuatro, a diferencia de los padres no deprimidos.

Para los pediatras comprometidos con el bienestar de los niños, estos datos revelan una fuerte evidencia de la importancia que supone detectar, en la consulta, una posible depresión paterna y, por consiguiente, el apoyo a los padres involucrados en el cuidado de sus hijos.

Si cada vez es mayor el papel que desempeñan los padres en las familias y se tienen datos de los efectos de la depresión paterna en los hijos, el pediatra debe dedicar la misma atención a los rasgos depresivos de los padres que la que presta a los de la depresión postparto de la madre.

Los profesionales de la salud que están convencidos de las graves consecuencias de la depresión materna en los niños de corta edad y que utilizan varios métodos para valorar los estados de ánimo de las madres tienen tasas más altas de identificación y referencias de este problema. Sin duda, los pediatras tambien coinciden en que la detección de síntomas de depresión materna forma parte de su trabajo.

Del mismo modo, todos estos factores deben tenerse en cuenta en lo que respecta a la disposición del pediatra para evaluar la salud mental de los nuevos padres. Por lo tanto, hay tres elementos importantes que se deben reconocer para actuar de manera más eficaz contra la depresión paterna. En primer lugar, la incidencia de depresión de los padres (y de las madres) parece ser más alta durante el primer año del bebé y es en esta primera etapa donde los profesionales tienen que concentrar sus energías. En segundo lugar, hay que disponer de herramientas efectivas de evaluación, tales como La Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (se trata de 10 diez preguntas ampliamente utilizadas para la depresión postparto, que ahora han sido validadas, con pequeños cambios, para los padres). Y en tercer lugar, aprovechar la oportunidad, cuando los padres acuden a visitar a su recién nacido en el hospital, para conocer su capacidad de adaptación.

En conclusión, el campo de la pediatría se enfrenta ahora al desafío de encontrar nuevas formas de ayudar a los padres en la crianza de sus hijos de la misma manera que apoya a las madres. Al hacerlo, se dará un paso importante hacia adelante en la mejora de la salud y el desarrollo de los niños.

Adaptado de Craig F. Garfield, MD, MAPP y Richard Fletcher, PhD. Published online March 14, 2011. PEDIATRICS Vol. 127 No. 4 April 2011, pp. 781-782 (doi:10.1542/peds.2011-0097).


domingo, 10 de abril de 2011

Traumatismos craneales por maltrato en niños: ¿hay diferencias si el agresor es hombre o mujer?

El objetivo de este trabajo es valorar cómo influye el sexo de los agresores en los traumatismos craneales de niños que han sido víctimas de maltrato y establecer, asímismo, una comparación entre las características de las lesiones provocadas, sus posibles complicaciones y la repercusión legal, según el género del maltratador.


Se realizó un estudio retrospectivo de los casos de trauma craneal por maltrato desde 1998 a 2008 para conseguir información de los datos clínicos de los pacientes y las consecuencias jurídico-legales de las agresiones.


Los resultados obtenidos fueron los siguientes: - Hubo 34 casos de trauma cerebral por maltrato cuyos autores fueron identificados, 17 de cada género.


- La media de edad de las víctimas fué de 9,4 meses.


- 32 (94%) tuvieron hemorragias intracraneales.


- En 28 casos (82%) había hemorragias retinianas (HR). La severidad de las HR se relaciona con la gravedad de las lesiones cerebrales.


- 6 (18%) fallecieron.


- La edad media de las mujeres que agredieron (34 años) fué mayor que la de los varones (27 años).


- Seis variables categóricas se asociaron con agresores del género masculino:


1) La presentación aguda de síntomas de parada cardiorespiratoria. 2) La peor evolución clínica. 3) La intervención neuroquirúrgica. 4) El fallecimiento de la víctima de maltrato. 5)La confesión del autor de la agresión y 6) La condena del mismo.


En conclusión, los agresores varones eran más jóvenes, se declararon culpables con más frecuencia y, por tanto, fueron más apropiadamente condenados. De otro lado, las víctimas de los agresores masculinos presentaban lesiones más agudas y más graves, precisaron más intervenciones de neurocirugía y sufrieron peores resultados clínicos.



Adaptado de Esernio Debra-Jensen MD, Julia Tai MD, Sylvia Kodsi MD. Published online March 7, 2011. PEDIATRICS Vol. 127 No. 4 April 2011, pp. 649-657 (doi: 10.1542/peds.2010-1770).


sábado, 19 de marzo de 2011

Hablar con su hijo sobre sexo.

Discutir cuestiones de sexualidad con sus hijos es una de las responsabilidades más importantes de los padres. Sin embargo, muchas madres y padres se sienten incómodos con el asunto del sexo. La típica imagen de unos padres nerviosos intentando explicar a sus hijos cómo lo hacen las abejas o los pajaritos es muy real en muchos hogares. Para algunos padres, simplemente es más fácil evitar hablar por completo sobre el tema.

Si ésto le suena familiar, usted necesita superar sus dudas respecto al hecho de discutir con sus hijos acerca de los problemas relacionados con la sexualidad. Tal vez, los padres tienen dificultad para imaginarse a sus propios hijos buscando, con curiosidad, información detallada sobre temas sexuales o para hacerse a la idea de que llegará algún día en que tendrán una relación sexual.

A pesar de que los estudios muestran que cuatro de cada cinco padres creen que tienen la obligación de proporcionar educación sexual a sus hijos, menos de la mitad de las madres apoyan a sus hijas con alguna información. Los padres participan todavía menos.

Aunque los sistemas educativos ofrecen educación sexual en las escuelas, no hay mejor lugar para los niños a la hora de aprender sobre sexualidad que en el hogar con sus padres. Si un padre o una madre renuncia a este papel, el hijo aprenderá sobre el sexo, de lo que oiga decir a otros niños, de lo que vea en televisión o de la letra de las canciones de moda. Y mucha de esta información será inexacta y poco apropiada. Al mismo tiempo, perderá una oportunidad muy importante para enseñar a su hijo acerca de los valores que usted asocia con el sexo.

En una conversación cara a cara, los padres pueden personalizar los temas con su hijo, hablar sobre sus miedos y preocupaciones y ofrecerle, así, una educación sexual segura antes de que aumenten, con la edad, las presiones relacionadas con el comportamiento sexual.

Los niños no sólo aprenden sobre sexualidad de lo que dicen sus padres, sino tambien de observar el comportamiento de ellos. Tenga en cuenta que para un niño el interés sexual no es sinónimo de actividad sexual. Cuando hacen preguntas sobre sexo es porque pueden estar fascinados con este asunto, pues tienen la sensación de que es tabú o secreto.

La pubertad en las niñas comienza a una edad promedio de diez años, y en los niños empieza un poco más tarde. Es entonces, al experimentar cambios físicos en su cuerpo, cuando se dispararán una gran cantidad de preguntas.

Por tanto, cuanto antes comience la educación sexual, mejor. Y, evidentemente, la educación sexual de los niños no se centra en el acto sexual, sino que incluye aspectos mucho más amplios (emocionales, sociales, culturales, ...). Si usted espera hasta que su hijo o su hija llegue a la pubertad o a la adolescencia para iniciar la comunicación sobre todas estas cuestiones, el diálogo entre padres e hijos será mucho más difícil. Es decir, para que usted se sienta cómodo y para establecer una educación segura y una conversación fácil, empiece a hablar del tema lo más pronto posible.

Es cierto, por otro lado, que muchos padres de hoy recibieron muy poca educación sexual durante su infancia y su juventud. Es muy probable que aprendieran de sus amigos o de las películas. De modo que pueden no tener ahora una información tan precisa como para estar seguros de educar a sus hijos acerca de lo más apropiado según cada etapa de su desarrollo.

Muchos colegios incluyen ya a los padres en sus cursos de educación y algunos médicos de familia y pediatras ofrecen charlas de educación sexual. Además de aumentar su propio conocimiento, los padres pueden encontrar un par de libros que reflejen sus propios valores y compartirlos con sus hijos. Puesto que, además, hay libros muy adecuados para los jóvenes, pueden leerlos antes de dárselos a su hijo y si encuentran algo en ellos que no comparten comentarlo con él.

Algunos padres tienen miedo de no saber las respuestas a todas las preguntas de sus hijos. Si esta situación se presenta, el compromiso de discutirla, una vez buscada la mejor respuesta, hará que ambos se sientan más cómodos hablando de sexualidad.

La información que dan los padres puede estar guiada, en principio, por las preguntas que su hijo va haciendo, a medida que se hace mayor. Sin embargo, muchos niños no harán ciertas preguntas concretas por el temor de poner a sus padres en una situación incómoda. Otros jóvenes, por el contrario, pondrán a prueba a sus padres con preguntas embarazosas.

Como regla general, cuando su hijo hace una pregunta, su respuesta debe ser clara, breve y sencilla. No le agobie con más información de la que pidió. Unos días después, usted debería preguntarle: "¿hay algo más que quieras saber"?

Incluso, cuando los hijos no plantean cuestiones, es acertado y eficaz tomar la iniciativa para discutir, en familia, cuestiones relacionadas con la sexualidad, aprovechando las oportunidades que se presenten cada día; con motivo de una noticia en televisión sobre el SIDA, por ejemplo.

Quizás, ante una pregunta de su hijo podría, de entrada, responderle con otra pregunta: "¿qué sabes tú ya de eso?". En ocasiones, será un buen método para conseguir una conversación más fácil y para saber su nivel de conocimientos. Sin embargo, algún niño jugará "a hacerse el tonto" en un esfuerzo por conseguir que sus padres repitan o confirmen lo que ya había oído antes.

En todo caso, aunque tenga que pedir ayuda si le resulta difícil comunicarse con su hijo, debe intentar hablarle con franqueza acerca de la sexualidad. Los niños tienen derecho a una visión más objetiva de lo que reciben de la televisión o de los amigos. Haga un esfuerzo especial. Nadie puede hacerlo mejor que usted.
Adaptado de "Talking to Your Child About Sex". Healthy Children. American Academy of Pediatrics.
http://www.healthychildren.org/English/ages-stages/gradeschool/puberty/pages/Talking-to-Your-Child-About-Sex.aspx


lunes, 7 de marzo de 2011

"Es necesario enseñar a los niños matemáticas y ciencias tanto como a manejar su ansiedad".

Son palabras de Linda Lantieri, profesora neoyorquina y autora de libros como "Inteligencia emocional infantil y juvenil", que titulan una entrevista publicada hoy en ABC digital.

Destaca que "lo más importante es que los padres pasen tiempo con sus hijos", se dedica a enseñar a los niños a "concentrarse y calmar sus cuerpos" y trata, a fín de cuentas, de insistir en una de las grandes canciones de Crosby, Stills, Nash y Young: "enseñad a vuestros hijos bien", es decir, "es tan necesario enseñarles matemáticas y ciencias como a manejar su ansiedad".
En esta magnífica entrevista responde a interesantes cuestiones y habla de ella, de Daniel Goleman, de enseñanza emocional, de educación, de internet, ... y de conceptos tan importantes como resiliencia y neuroplasticidad.

Nacida en Nueva York, en el Spanish Harlem aprendió sus primeras habilidades como maestra. Ha recorrido todos los escalones del sistema educativo. Un tiroteo en un instituto que acabó con la vida de un muchacho llevó a un reportero del "New York Times" llamado Daniel Goleman a entrevistarla, porque enseñaba en las escuelas públicas a resolver conflictos de forma pacífica. "Una maestra enseña paz a sus alumnos", tituló en el "Times". Fué el germen del libro "Inteligencia emocional" y de la fructífera colaboración entre ambos.

Tomado de A. Armada. Madrid. 7 de Marzo de 2011. ABC Periódico Electrónico.
http://www.abc.es/20110307/sociedad/abci-linda-lantieri-necesario-ensenar-201103041933.html

domingo, 6 de marzo de 2011

Vacunas: ¿hay que dudar de su seguridad?

Es un hecho conocido y ampliamente aceptado que las vacunas, y más concretamente, los programas de vacunación, son una de las estrategias de prevención más beneficiosas en salud pública. Además, desde el punto de vista social y sanitario, pueden considerarse como una de las intervenciones más efectivas en lo que se refiere a la relación coste-beneficio.

Más allá de la erradicación de la viruela gracias a la introducción de la vacuna frente a la misma, o la reducción global en el mundo de la mortalidad por sarampión, que supera ampliamente los objetivos fijados cuando se inició su vacunación, las vacunas reducen la frecuencia de las enfermedades infecciosas para las que van dirigidas, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, hasta el punto de obtener, en los países más avanzados, niveles bajos récord de enfermedades evitables con vacunas, como respuesta a la puesta en marcha de los programas de vacunación sistemática.

No obstante, ninguna vacuna es totalmente eficaz o totalmente segura. Por tanto, pueden aparecer problemas, reales o percibidos por la sociedad, relacionados con la eficacia o con la seguridad, que ejercen una influencia negativa en los programas de vacunación.

Debe tenerse en cuenta que el máximo beneficio de la vacunación se obtiene si se consiguen altas tasas de cobertura; es decir, cuando se vacuna una gran parte de la población. Cuanto más grande sea el grupo que adquiere inmunidad, mayor será el impacto en la reducción de las enfermedades prevenibles con vacunas.

Y, con toda lógica, si las coberturas de vacunación son máximas, existen más probabilidades de la aparición de efectos adversos relacionados con la administración de vacunas, los cuales ponen en duda la seguridad de las mismas y ocasionan una gran repercusión en la población y en los medios de comunicación. Precisamente cuando el beneficio es más elevado.

Si, además, se da la situación de que los pacientes, los padres, la población general e incluso parte del personal sanitario carecen ya de experiencia directa con muchas de estas enfermedades prevenibles con vacunas, es fácil de entender las razones de esta contradictoria situación. De hecho, las vacunas son o pueden ser víctimas de su propio éxito.

Se ha observado a lo largo de la historia de la vacunación, en distintos países (Japón, Reino Unido, ... ), fenómenos de pérdida de confianza en la vacunación relacionados con informaciones que cuestionaban la seguridad de algunas vacunas (tos ferina, sarampión, ... ) hasta el extremo de ocasionar una disminución de las coberturas de vacunación y, como consecuencia, la aparición de brotes de enfermedades evitables con vacunas, con morbilidad y en ocasiones con mortalidad significativa. Tras esta experiencia, se recobraba de nuevo la confianza en la vacunación y se restauraban los programas.

Aún así, las vacunas como productos biológicos y como cualquier otro producto farmacéutico no están exentas de reacciones adversas, en su gran mayoría leves, bien toleradas y aceptables, aunque en raras ocasiones pueden producirse efectos de mayor gravedad.

Alguna de las reacciones adversas de las vacunas son tan raras que sólo se aprecian después de una amplia utilización, posterior a su aprobación. Por ejemplo, una de las cepas de la vacuna de la viruela se asociaba a miopericarditis en aproximadamente 1 de cada 10,000 vacunados. Esta asociación se descubrió mucho tiempo después de la erradicación de la viruela, coincidiendo con programas de vacunación contra la viruela, en Estados Unidos, para militares y civiles en 2003, como parte de actividades preparatorias antibioterroristas. Otro ejemplo: la vacuna antisarampión, que ha jugado un papel clave en la reducción de la mortalidad por dicha enfermedad, se asocia a trombocitopenia (disminución del número de plaquetas) en 1 de cada 30,000 vacunados.

Los ensayos clínicos son la primera fuente que aporta los conocimientos de la seguridad de una nueva vacuna. Y los ensayos clínicos que implican la participación de seres humanos están sujetos a una normativa internacional de calidad científica y ética dirigida al diseño, realización, registro y redacción de informes de este tipo de estudios, denominada Buena Práctica Clínica (BPC).

En segundo lugar, la vigilancia de la seguridad posterior a la aprobación es, sin duda, otro de los aspectos de mayor interés tras la introducción de cualquier fármaco, y concretamente cuando se trata de una herramienta preventiva de aplicación masiva como es la vacunación. Es decir, incluso los ensayos clínicos con un elevado número de participantes no son, por sí mismos, capaces de detectar efectos adversos muy poco frecuentes. Ya se ha comentado que algunas vacunas de uso habitual han mostrado efectos secundarios raros y potencialmente graves en ciertos casos. Esto obliga a replantear, por parte de las autoridades sanitarias, si es adecuado o no mantener dicha vacunación, en base a la posibilidad de confirmar la relación causal del efecto adverso con la vacuna, su gravedad y de nuevo la valoración beneficio-riesgo.

Y no es menos cierto que para conseguir una correcta aceptación de las campañas de vacunación es crucial garantizar la seguridad de las vacunas en condiciones reales de uso, con tan estrecha vigilancia de su utilización que permita mantener la confianza en ellas.

Adaptado del Dr. Josep Marés Bermúdez. Institut Pediàtric Marès-Riera (Girona).

37º Curso de Pediatría Extrahospitalaria. Barcelona, Mayo 2010.
Grupo de Investigación y Docencia en Pediatría Extrahospitalaria (GRINDOPE).

Nota: los problemas específicos relacionados con la seguridad de vacunas concretas se publicarán en una próxima entrada.

sábado, 19 de febrero de 2011

La lucha por la "poligamia".

El médico, como cualquier otro trabajador, tiene a menudo conflictos con su familia a la hora de cumplir con sus tareas en casa y en el trabajo. De hecho, mantener un equilibrio entre el trabajo y la vida puede ser una causa importante de stress.

Cuando me refiero a la lucha por la "poligamia" no hablo en el sentido estricto de la palabra. Es decir, no pretendo, evidentemente, que nadie rompa las leyes de su matrimonio o fomentar las relaciones extramatrimoniales. Sí tengo, en cambio, la intención de hacer compatibles tres "matrimonios":

- El primero de los tres es el matrimonio verdadero: con nuestra pareja. Es una aspiración humana única. Siempre he aconsejado, cuando alguien se enfrente hasta el extremo de tener que decidir, que piense: "la familia es lo primero". Y yo me atengo a esa prioridad, sin duda.

- El segundo es un matrimonio con nuestro trabajo. Para nosotros los médicos, el trabajo es un equilibrio entre la atención al paciente, la educación, la investigación y la promoción de la salud. Como pediatras nos hemos comprometido para trabajar por los niños y sus familias. Hemos dedicado años de estudio y de práctica. La medicina, como cualquier otro trabajo, exige tambien una vida de aprendizaje y sacrificio. Pero la clave está en que el trabajo es algo que uno debe amar. Eso no quiere decir que carezca de decepciones, frustraciones y desafíos. Sin embargo, a lo largo de estos 30 años, yo no hubiera querido hacer otra cosa que ser pediatra.

- Y el tercero es un matrimonio con nosotros mismos. Y esto implica continuar con nuestras actividades personales, nuestros intereses externos y nuestras aficiones.

Estos tres matrimonios los hemos contraido cada uno de nosotros y nuestra lucha debe ser para conservarlos vitales, equilibrados, apasionados y en armonía.

La palabra "lucha" la he escogido porque, al igual que tantos ideales, valores y las mejores intenciones, uno nunca podrá alcanzar el logro perfecto. No debemos sentirnos culpables por ello. Lo más que podemos hacer es intentarlo. Y la lucha nos ayuda a estar más cerca de la meta deseada.

Tambien me he preguntado si éste es un asunto que afecta más a hombres que a mujeres, y he concluido que si bien el papel de ambos ha cambiado en nuestra sociedad de manera significativa, aún existen muchas barreras que saltar. El equilibrio trabajo-vida afecta a los hombres y a las mujeres. Además, el 72% de los pediatras jóvenes son mujeres que, al estar en edad de procrear, tendrán que compartir además otro impacto considerable.

Whyte señala que, aparte de otras medidas, a nivel personal es muy importante encontrar tiempo para el silencio - un bien escaso pero imprescindible -. Con unos instantes de soledad uno debe intentar realmente ponerse en contacto consigo mismo. Son los momentos para tratar de responder por sí mismo a las verdaderas y desafiantes preguntas. Whyte anima a imaginar, a luchar para mantener los tres matrimonios con vitalidad y convertirse así en un exitoso "polígamo".

Entonces, si es usted muy afortunado, como yo lo soy ahora, se encontrará en un momento especialmente dulce, rodeado de su familia y amigos, reconocido por el trabajo que le gusta hacer y disfrutando la gratificación personal.

Este fragmento de antigua filosofía china lo resume todo:

La felicidad es tener alguien a quien amar,
Es tener algo que hacer ,
Y algo que esperar.


Adaptado de Stephen Ludwig, MD.

Children's Hospital. Department of Pediatrics. University of Pennsylvania. Philadelphia.
Pediatrics Vol. 127 No. 2 February 2011, pp. 358-362 (doi: 10.1542/peds.2010-2171).

domingo, 6 de febrero de 2011

La clave del éxito está en el autocontrol.

La autodisciplina y la perseverancia en la infancia condicionan el triunfo en la vida adulta. Es decir, las habilidades de autocontrol de un niño pueden predecir la salud, la riqueza y los antecedentes penales de su vida futura, con independencia del coeficiente intelectual del crío o su clase social, según este estudio de la Universidad de Duke (Estados Unidos).

Para llegar a esta conclusión, publicada en la revista "Proceedings of the National Academy of Sciences", Avshalom Caspi, autor principal de la investigación, y sus colegas recopilaron información sobre más de 1000 participantes en Dunedin (Nueva Zelanda), que fueron seguidos desde el nacimiento hasta los 32 años.

Basándose en las evaluaciones periódicas de los profesores, los padres, los observadores y los propios participantes, estos investigadores han encontrado que, incluso teniendo en cuenta la condición social y el coeficiente intelectual, los niños que demostraron altos niveles de autocontrol a edades tan tempranas como los tres años tenían menos probabilidades de sufrir de adultos problemas comunes de salud, adicción a las drogas, dificultades con la administración del dinero, criar a un niño en un hogar monoparental, o ser condenado por un delito.

Un resultado que volvió a confirmarse en una segunda muestra con 500 gemelos británicos no idénticos. En esta ocasión , el hermano que tenía menor nivel de autocontrol a los cinco años tenía tambien más probabilidades que el otro gemelo de empezar a fumar, tener un bajo rendimiento en la escuela, y participar en conductas antisociales a los 12 años, según los autores del informe.

Pero si el comportamiento se reconduce se pueden obtener buenos resultados. Los niños cuyo autocontrol fué mejorado durante el estudio obtuvieron mejores puntuaciones de adultos en las medidas de salud, riqueza e historia delictiva de lo que estaba previsto por sus resultados en el inicio del estudio. Por tanto, los investigadores concluyen que las intervenciones tempranas para mejorar el autocontrol pueden beneficiar a los niños de toda clase, incluso los que se encuentren en un mayor nivel de riesgo.

Tomado de C. G. Madrid. 25/01/2011. ABC Periódico Electrónico S.L.U.
http://www.abc.es/20110125/sociedad/abci-autocontrol-exito-201101251023.html

viernes, 21 de enero de 2011

El secreto para un niño más inteligente.

Como padres, todos queremos niños felices y saludables. Más aún, queremos tambien que sean inteligentes. Para los padres de hoy este deseo parece más fácil de conseguir con ayuda de juguetes educativos.

Sin embargo, la diferencia de lo que ahora vamos a compartir con ustedes está en que no es necesario gastar ni un céntimo si lo que pretendemos es lograr el noble objetivo de hacer más inteligente a su bebé.

Así es, a pesar de la publicidad, no hay evidencia científica convincente de que los juguetes, por muy sofisticados que sean (estimulación del bebé con luces, sonidos e interruptores), sean útiles para conseguir un desarrollo del niño más avanzado.

Entonces, ¿cuál es el secreto para un niño más inteligente? Estamos contentos de informarle que la respuesta a esta pregunta, por encima de todo, es: la interacción y la relación de cariño y amor que usted - y todos los que cuidan de su hijo - comparta con él durante los días, semanas y meses venideros.

Tal vez el mensaje más importante que esperamos transmitir a los padres es que no es necesario que se sometan, a sí mismos, a ningún esfuerzo cuando consideran qué tendrán que hacer con su hijo. Los tipos de actividades a las que nos referimos son muy sencillas y, por ello, hemos preparado una lista rápida para empezar:

1 - Charlar. ¿Parece simple? Eso es porque lo es. A pesar de que algunos padres puedan encontrar poco divertido hablar con un bebé que no les responde, es bien cierto que si se toman tiempo para hablar con él, mientras se le cambia el pañal por ejemplo, contándole sus planes para el día o simplemente algún comentario sobre lo que sea o lo primero que se les ocurra, el pequeño no tardará mucho, aunque los detalles pueda perderlos mientras tanto, en escuchar y aprender definitivamente.
2 - Pasear. Dar un paseo no servirá solamente para tomar un poco de aire fresco. Es una gran ocasión que ofrece muchas oportunidades para describir cosas interesantes a su bebé. Más adelante, el paseo permitirá un estrecho contacto con él, propicio para mantener una conversación.
3 - Cantar. No se preocupe si usted no es lo suficientemente bueno cantando. Nadie más le oirá. Cante, simplemente cántele una canción. Su recién nacido no le interrumpirá si desentona y muy pronto se convertirá en su mayor fan.
4 - Leer. Leerle un libro a su niño es una experiencia muy especial para fomentar el aprendizaje y, por supuesto, la diversión. Durante los primeros meses, no insista demasiado en las imágenes, porque lo más interesante para su bebé, en esa etapa, es compartir el tiempo y la voz de sus padres. Será sólo cuestión de meses esperar a que su hijo le pida qué libro quiere que usted le lea.
5 - Mantener el contacto. Más allá de sentirse protegidos o relajados, el tacto es una parte muy importante de cómo los bebés experimentan el mundo.
Adaptado de Laura A. Jana, MD, FAAP and Jennifer Shu, MD, FAAP. "Heading Home With Your Newborn". 2nd edition.
www.healthychildren.org/English/ages-stages/baby/pages/The-Secret-to-a-Smarter-Baby.aspx

lunes, 3 de enero de 2011

"¿Tiene mi hijo demasiados resfriados?". Infecciones frecuentes en niños.

Algunos niños parecen tener catarros constantemente. Tienen un resfriado tras otro. Y, por ello, muchas madres preguntan preocupadas: "¿Tiene mi hijo demasiados resfriados?". Los bebés pueden empezar a padecerlos, ya desde los seis meses, aproximadamente. Desde entonces y durante la edad preescolar suelen tener un promedio de 7 u 8 resfriados al año. En la edad escolar tienen 5 ó 6 cada año como promedio y, finalmente, en la adolescencia, llegan a un nivel igual al de los adultos, de aproximadamente 3-4 catarros anuales.

En general, los resfriados representan más del 50% de todas las enfermedades agudas con fiebre. Algunos niños son motivo de especial preocupación para sus padres porque tienden a padecer fiebre alta con casi todas sus infecciones respiratorias o bien porque su intestino es más sensible y tienen diarrea con casi todos sus catarros.

La razón principal por la que su hijo presenta todas estas infecciones es que se está exponiendo a virus que son nuevos para él. Y hay, al menos, 150 virus diferentes que pueden causar resfriados. Es comprensible que cuanto más pequeño es el niño, tanto menor será su protección frente a ellos y que si además asiste a una guardería o a un jardín de infancia, estará tambien más expuesto.

La frecuencia de los resfriados se triplica en invierno, porque los niños pasan más tiempo agrupados en lugares cerrados, donde la probabilidad de contagio es mayor. Por otro lado, el humo del tabaco en casa aumenta la predisposición de los niños a los catarros.

Casi todos los padres llegan a preocuparse de que los frecuentes resfriados de su hijo puedan ser la consecuencia de algún padecimiento serio. Sin embargo, un niño con una deficiencia del sistema inmune (con producción inadecuada de anticuerpos o de glóbulos blancos) no experimenta más resfriados que un niño normal. En vez de eso, el pequeño tendría otro tipo de infecciones tales como neumonías o sinusitis de repetición y se restablecería lentamente de ellas. Además, un niño con una enfermedad seria no aumenta de peso de forma adecuada. Incluso, las afecciones repetidas del oído tampoco significan que su hijo tenga un problema serio de salud. Lo único que indican es un drenaje inapropiado de las Trompas de Eustaquio.

Algunos padres se preocupan de que tal vez hayan descuidado de alguna manera a su hijo o que hayan hecho algo incorrecto como para provocar los frecuentes catarros. Por el contrario, el hecho de padecer todos estos resfriados es una parte inevitable del desarrollo y crecimiento del niño. El resfriado ó catarrro común es la única infección que todavía no podemos evitar. Desde el punto de vista médico, los resfriados (sin complicaciones) son una experiencia educativa para el sistema inmune de su hijo.Para encarar el problema de las infecciones virales frecuentes mire, en primer lugar, el lado positivo de las cosas. Por ejemplo, si a su hijo no le falta energía y si está aumentando bien de peso, usted no tiene que preocuparse por su salud. Su hijo es tan sano como cualquier otro niño normal. Los niños superan los resfriados por sí sólos. Aunque usted pueda reducir los síntomas, no puede acortar la duración de cada catarro. El niño saldrá del paso tal como lo hacen los demás. El panorama a largo plazo es bueno. El número de resfriados disminuirá a través de los años, a medida que su hijo produzca una buena provisión de anticuerpos contra los diferentes virus. Para poner las cosas en perspectiva, considere los hallazgos de este estudio: en un día cualquiera, el 10% de los niños tiene resfriados, el 8% tiene fiebre, el 5% tiene diarrea y el 3% tiene otitis.
El requisito principal para que su hijo vuelva a la escuela es que la fiebre haya desaparecido y que los síntomas no sean demasido molestos para él y para sus compañeros de clase; como la tos, por ejemplo. No tiene sentido mantener a un niño en casa hasta que podamos garantizar que ya no esparce virus, porque esto podría requerir 2 ó 3 semanas. Si el aislamiento de las infecciones respiratorias fuera tomado en serio, no quedaría un número suficiente de días, cada año, para educar a los niños. Además, la "guerra bacteriológica" que tiene lugar en las escuelas es prácticamente incontrolable. Casi todos los niños esparcen microbios durante los primeros días de su enfermedad, antes de que parezcan estar enfermos o de que tengan síntomas. En otras palabras, el contacto con las infecciones respiratorias y el posible contagio de sus microbios responsables es inevitable en los ambientes cerrados y de grupo, tales como las escuelas y las guarderías.

Cuando la madre y el padre trabajan, estos resfriados repetidos resultan sumamente inconvenientes y costosos, pues habrá que dejar al niño con otra persona, en tales ocasiones. Por ello, cada vez es mayor el número de programas de guardería que surgen para "niños enfermos" como alternativa a tener que quedarse en casa con el pequeño hasta su mejoría.

A menos que haya complicaciones, no es necesario que saque permanente o prolongadamente a su hijo del colegio de preescolar o de la guardería a causa de los repetidos catarros.

Los padres deben saber que no hay curas instantáneas para los resfriados de repetición ni para otras infecciones virales frecuentes y, por supuesto, que los antibióticos no son útiles, a menos que su hijo desarrolle complicaciones tales como sinusitis, otitis o neumonía.

Para finalizar, aunque esta información se proporcione como un criterio general de orientación que no necesariamente se ajuste a cada caso en particular, los resfriados frecuentes no son causados por una dieta inadecuada o por un déficit de vitaminas. Tampoco son "culpables" los acondicionadores de aire ni los propios niños por mojarse los pies o jugar bajo la lluvia. Repitiendo, la mejor época para tener estas infecciones virales y desarrollar inmunidad es, naturalmente, durante la niñez.

Adaptado de B. D. Schmitt, MD. "Your Child´s Health".

martes, 14 de diciembre de 2010

Miedos y fobias.

Los miedos son sensaciones desagradables que surgen como respuesta a un peligro real. Son frecuentes en los niños y en su mayoría desaparecen en un término de varios meses sin necesidad de un tratamiento específico.

Es más probable que ciertos miedos aparezcan en determinadas etapas del desarrollo. Por ejemplo, los bebés suelen tener miedo de los ruidos fuertes y de las personas desconocidas; los niños de un año y medio o dos temen a las tormentas, a la oscuridad y a la separación de sus padres; los niños de edad preescolar tienen miedo de los fantasmas y los monstruos, en tanto que los de edad escolar temen al castigo, al fracaso y a hacerse daño o una lesión física, por ejemplo, tras una caída accidental.

Sin embargo, las fobias son miedos exagerados sin una realidad que los justifique, provocan ansiedad y preocupación excesiva en el niño, duran como mínimo seis meses y afectan al comportamiento normal. Es decir, los pequeños pueden no reconocer que el miedo no es razonable y llegan a manifestar su ansiedad aferrándose a quien los acompaña o con rabietas y llanto. Por tanto, las fobias se suelen acompañar de al menos uno de los siguientes síntomas: inquietud, irritabilidad, tendencia a cansarse con facilidad, tensión muscular, dificultad para concentrarse o trastornos del sueño.

Según los estudios realizados sobre poblaciones numerosas, la frecuencia de las fobias varía del 6 al 20% y las más típicas son: miedo excesivo a los animales (arañas, serpientes, insectos o perros) y a las inyecciones o agujas y heridas sangrantes.

Respecto al tratamiento de los miedos infantiles, los padres pueden manejarlos con la orientación del pediatra. Las fobias exigen una intervención más profunda del pediatra, psicólogo o psiquiatra infantil.

A continuación se citan diversos modos de cómo los padres pueden ayudar a que sus hijos se sobrepongan a sus miedos:

1.- Identifique el problema. ¿Qué es exactamente lo que el niño teme? Haga una lista de los posibles miedos.

2.- Empiece de cero. Ayude al niño a despejar su mente de miedos del pasado. Haga una lista de las cosas que le pueden hacer más fácil enfrentarse al miedo.

3.- Ayude a su hijo a relajarse, a hacer una pausa o a cambiar de actividad o de juego.

4.- Haga un esfuerzo para que su hijo se sienta cómodo y con sensación de seguridad y confianza.

5.- Limite su atención a los medios de comunicación. Nuestra cultura abunda en mensajes atemorizantes.

6.- Consiga que el pequeño desaloje los miedos de su mente desviando su atención hacia algo divertido, interesante o que le haga ilusión.

7.- Hable con su hijo de una manera tranquila y comprensiva que le estimule a decir lo que teme.

8.- No subestime ni ridiculice el miedo del niño.

9.- No permita que el niño evite lo que desencadena su miedo. La evitación genera más ansiedad.

10.- Y, por último, procure no expresar sus propios temores delante de su hijo.
Adaptado de Jacques Benum MD, Carol Lewis MD, Matthew Siegel MD y Janet R. Serwint MD. Pediatr. Rev 2008;250-251.

domingo, 5 de diciembre de 2010

La palabra "disciplina" significa "enseñar". No significa "castigar".

El primer objetivo de la disciplina es proteger a su hijo del peligro. Otro objetivo muy importante es enseñarle a distinguir entre lo que usted considera que está bien y lo que está mal.

La buena disciplina convertirá gradualmente a un niño egoísta en un adulto maduro que será respetuoso con los demás, seguro de sí mismo sin ser hostil y capaz de controlar sus impulsos.

La educación consiste tambien en establecer unos límites razonables para evitar criar a un niño "mimado". La palabra "disciplina" significa "enseñar". No significa "castigar".

Para enseñarle a un niño a respetar los derechos de los demás, hay que enseñarle primero cuáles son los derechos de los padres. Y para este logro se requiere, desde el inicio, que los padres sepan "mantener el control" de sus hijos. Es decir, aunque los niños comiencen su autocontrol (controles internos) hacia los 3 años, seguirán necesitando apoyo (controles externos), cada vez en menor medida, hasta el final de la adolescencia.

Las siguientes medidas pueden servir de ayuda a madres y padres a la hora de mostrar a sus hijos cuáles son las "reglas del juego":

- Inicie la disciplina aproximadamente a los 4 meses de edad. Aunque parezca demasiado pronto, a partir de esta edad, ambos, tanto la madre como el padre, deben empezar a aclarar sus propios derechos. Por ejemplo, si su bebé le dificulta el cambio de pañal porque patalea o se mueve demasiado, usted puede decirle: "ayúdame a cambiarte de pañal". Para cuando cumplan 8 meses de edad, los niños ya necesitarán reglas concretas por su propia seguridad.

- Exprese un mal comportamiento mediante una regla clara y precisa. Su hijo no podrá comprender largas explicaciones o palabras tales como "irresponsable" o "hiperactivo". Cuanto más pequeño sea el niño, tanto más concreta debe ser la regla. Algunos ejemplos de reglas claras son: "no empujes a tu hermano", "no me interrumpas cuando hablo por teléfono".

- Exprese tambien el comportamiento que usted considere aceptable y deseado. Su hijo deberá saber lo que usted espera de él. Por ejemplo: "sigue jugando mientras yo estoy hablando por teléfono". Asímismo, haga elogios del buen comportamiento tales como: "gracias por jugar con tu hermano".

- No haga caso del mal comportamiento de su hijo si usted cree que no tiene importancia ni consecuencias. Cuantas más reglas tenga, tanto menos probable es que las obedezca. Por lo general, la crítica constante no da buenos resultados. Comportamientos tales como hacer oscilar las piernas o tener la costumbre de contestar "no" carecen de importancia durante los primeros años.

- Adopte reglas que sean justas y que su hijo pueda respetar. Cada regla, por tanto, tendrá que adaptarse a la edad de su hijo. Por ejemplo, así como nunca debiera ser reprendido por torpeza cuando esté aprendiendo a caminar o por mala pronunciación cuando esté aprendiendo a hablar, tampoco por el comportamiento que forma parte del desarrollo emocional normal, tal como chuparse el dedo, mostrar temor al ser separado de sus padres o por los "descuidos" en el aprendizaje de su higiene personal.

- Concéntrese en dos o tres reglas. Asigne máxima prioridad a las cuestiones de su propia seguridad, tales como no salir a la calle corriendo y evitar daños a otras personas. Después, siguen en importancia los comportamientos que podrían causar daños materiales y, por último, aquellos que usted considere molestos.

- Aplique las reglas de manera firme. Una vez que los padres lleguen a un acuerdo entre ellos sobre las reglas, podría ser útil escribirlas y colocarlas en algún lugar bien visible de la casa.

- Evite, finalmente, tratar de modificar con castigos un comportamiento "imposible de corregir". Se trata de aquel que generalmente no puede ser controlado por la madre o por el padre si el hijo decide continuarlo. Algunos ejemplos son: tirarse del cabello, no irse a dormir o negarse a hacer las tareas escolares. El primer paso para resolver este tipo de conflicto es: retirarse del mismo, dejar de castigarlo por ello y esperar hasta que deje de comportarse así para proporcionarle un refuerzo positivo, tal como un elogio.

Adaptado del Dr. B. D. Schmitt. "Your Child's Health".

martes, 30 de noviembre de 2010

"Doctor: ¿le doy a mi hijo paracetamol al vacunarlo?"

Investigadores europeos han valorado el efecto del paracetamol sobre la fiebre y la respuesta inmunológica en los niños que reciben vacunaciones.

De todos los lactantes sanos que participaron en el estudio, un grupo, formado al azar, de 226 bebés, recibió tres dosis de paracetamol (una cada 8 horas) durante las primeras 24 horas después de cada vacuna. Al grupo restante, de 233 lactantes, no se le administró ninguna dosis de paracetamol.

Para valorar la respuesta inmunológica se tomaron muestras de sangre antes y un mes después de las vacunaciones.

La fiebre elevada (más de 39,5 grados C) fué poco frecuente en ambos grupos, aunque las temperaturas de más de 38 grados C sí fueron más frecuentes en el grupo de niños que no recibió paracetamol.

Sin embargo, respecto a la respuesta inmunológica, las concentraciones de anticuerpos tras las vacunaciones contra el neumococo, tos ferina, difteria, tétanos y Haemophilus fueron menores en el grupo de los bebés que recibió paracetamol.

Por ello, los autores concluyen que el empleo de paracetamol tras las vacunaciones disminuyó el riesgo de reacciones febriles, pero disminuyó tambien la respuesta inmunológica a los componentes de las vacunas.

- Comentario del Dr. Mobeen H. Rathore, CPE, FAAP (Enfermedades Infecciosas Pediátricas e Inmunología, Hospital Infantil Wolfson y Universidad de Florida):

Algunos médicos aconsejan rutinariamente la administración de paracetamol a los lactantes y niños que reciben vacunas. La razón es que el antitérmico disminuirá las reacciones febriles y dolorosas, aunque las evidencias que apoyen tal recomendación sean escasas.

El resultado, un tanto sorprendente, es que los niños vacunados que tomaron paracetamol mostraron menores valores de anticuerpos que los que no lo recibieron. Sin embargo, queda por determinar aún si esta disminución de anticuerpos ejercerá algún impacto sobre las tasas de fracaso de las vacunas.

- Nota de los editores (AAP Grand Rounds 2010. Vol. 8; núm. 1: 8-9):

Hace más de veinte años, Ipp MM y cols. (Pediatr Infect Dis J. 1987;6:721-725) demostraron la atenuación de las reacciones locales y generales a la vacuna DTP-IPV mediante el empleo profiláctico de paracetamol.

Un año después, Lewis K y cols. (Amer J Dis Child. 1988;142:62-65) confirmaron los hallazgos de Ipp, pero concluyeron clarividentemente con una nota de precaución: "el efecto de la administración sostenida de paracetamol podría ser nocivo para el desarrollo de los anticuerpos protectores específicos".

El presente estudio demuestra que las reacciones adversas como la fiebre elevada son poco frecuentes en la actualidad desde que la nueva vacuna acelular de la tosferina sustituyó a la celular y confirma la necesidad de recoger y evaluar pruebas para examinar las prácticas basadas en el razonamiento desde los principios básicos (tambien conocido como sentido común).

Por tanto, aunque la razón del empleo de paracetamol para prevenir o disminuir la fiebre relacionada con la vacunación parece clara, las pruebas emergentes indican que puede no ser eficaz y tener efectos adversos imprevistos.

Adaptado de Primula R, Siegrist CA, Chlibek R y cols. Lancet, 2009, 374 (9689): 1339-1350;
doi: 10.1016/S0140-6736 (09) 61208-3.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Buscando respuestas en internet a cinco preguntas pediátricas frecuentes.

Investigadores de Nottingham (Reino Unido) han utilizado el motor de búsqueda Google para encontrar respuestas y consejos a cinco preguntas frecuentes en pediatría.

Las preguntas, cuyas respuestas son claras y precisas, han sido las siguientes:
1. ¿Existe relación entre la vacuna triple vírica y el autismo?
2. ¿Puede dar el pecho una madre VIH positivo?
3. ¿Puede dar el pecho una madre con mastitis?
4. ¿Debe dormir un bebé boca arriba o boca abajo?
5. ¿Qué medidas hay que tomar ante un bebé con un vómito de color verde?

Para cada una de las cinco cuestiones, los investigadores valoraron los 100 primeros sitios web que aparecieron en su búsqueda y los clasificaron en siete categorías diferentes: del gobierno o servicio nacional de salud, educativos, nuevos sitios, empresas, grupos de interés, sitios personales o individuales y enlaces patrocinados.

La información obtenida en la web fué clasificada como:
- correcta o coherente con las recomendaciones actuales.
- incorrecta o contraria a las recomendaciones actuales.
- ausencia de respuesta a la pregunta en cuestión.

En resumen, de los 500 sitios web revisados, una vez descontados los que no ofrecieron ninguna respuesta, el 78% dió respuestas correctas. Las páginas web estatales eran perfectas , mostrando respuestas correctas siempre. Sin embargo, 57 de los 500 sitios proporcionaron respuestas incorrectas y, por otro lado, ninguna respuesta de los sitios patrocinados fué correcta.

Los autores concluyen que la calidad de la atención médica proporcionada es variable y que los médicos deben continuar esforzándose para ser la principal fuente de información a sus pacientes en lo que respecta a la atención o cuidados de la salud y deben remitirlos a fuentes fiables en internet.

El Dr. Burris R. (Duke) Duncan, FAAP (Centro de Ciencias de la Salud de Arizona, Colegio de Salud Pública Mel y Enid Zuckerman de Tucson) afirma que los resultados de este estudio, aunque no sorprendan, son preocupantes. La información en internet no está bien supervisada, todo vale.

Deborah Charnock ha publicado un libro para ayudar a los buscadores de internet a la hora de evaluar la web y juzgar la calidad de la información que contiene relacionada con la salud, los tratamientos de elección, sus beneficios y riesgos, así como las opciones para otras formas de terapia (Charnock D. The Discern Handbook. Radcliffe Medical Press. 1998 University of Oxford and The British Library. Abingdon, Oxon OX141AA).

Nota del Editor
( http://aapgrandrounds.aappublications.org/cgi/content/full/24/5/58 )
Los sitios web no son más que una de las muchas fuentes de información médica. Antes de visitar a un médico, muchos pacientes consultan, tambien en internet, con su red social, amigos, etc. Por ello, ante la variedad de fuentes de información (internet, televisión, radio, prensa, etc.), hoy, más que nunca, es esencial en la vida adquirir habilidad para saber diferenciar la información fiable de la que no lo es.

Adaptado de Scullard P, Peacock C y Davies P. Googling children's health: reliability of medical advice of internet. Arch Dis Child. 2010;95(8):580-582; doi:10.1136/adc.2009.168856

viernes, 19 de noviembre de 2010

Dolor de garganta, fatiga y fiebre: ¿mononucleosis infecciosa?

La mononucleosis infecciosa (M.I.) o Fiebre Ganglionar de Pfeiffer es causada por el virus de Epstein-Barr (VEB). Este virus se transmite en la saliva por medio de la tos, los estornudos y los besos. Popularmente se la conoce como "La enfermedad del beso".

Aunque puede padecerse a cualquier edad, se presenta con más frecuencia en personas de 15 a 25 años, debido posiblemente a los contactos más íntimos con otras personas.

Los tres síntomas más frecuentes son dolor de garganta, fatiga y fiebre durante 7 a 14 días. Es significativa la inflamación de los ganglios linfáticos del cuello y, en el 50% de los niños, el bazo está aumentado de tamaño. En la analítica de sangre destaca la presencia de muchos linfocitos atípicos. El diagnóstico se confirma con una prueba específica para la mononucleosis (Reacción de Paul-Bunnell positiva).

La mayoría de los niños que la padecen suelen tener sólamente síntomas leves durante una semana. Por lo general, incluso aquellos con síntomas severos, se sienten completamente bien en 2 a 4 semanas.

Aunque las complicaciones son raras, la respiración sí puede verse dificultada por el agrandamiento de las amígdalas, las vegetaciones adenoideas y otros tejidos linfáticos de la parte posterior de la garganta.

Por otro lado, si han recibido tratamiento con amoxicilina, más del 90% de los niños con M.I., muestran una erupción cutánea generalizada.

Desde hace algunos años, se ha sugerido que algunos adultos que han tenido M.I. siguen padeciendo, durante 1 a 4 años, síntomas como fatiga, cansancio, debilidad, inapetencia, cefalea, dolores musculares o articulares recurrentes y necesidad de dormir más tiempo. Sin embargo, aún no hay evidencia científica satisfactoria que apoye este diagnóstico, denominado Síndrome de Mononucleosis Crónica o síndrome de fatiga prolongada. En general, la mononucleosis no es prolongada ni progresiva y los síntomas suelen desaparecer unas 4 semanas después de su aparición.

En lo que respecta al riesgo de contagio, la M.I. es más contagiosa mientras que el niño tiene fiebre. Pero después que desaparece la fiebre, el VEB sigue presente en la saliva hasta seis meses después, en pequeñas cantidades. Así pues, la mononucleosis sólo es ligeramente contagiosa por contacto. Los amigos, las amigas, los compañeros de habitación y los familiares rara vez la contraen (el período de incubación es de 4 a 10 semanas después del contagio).

Por tanto, aunque no es necesario aislar a la persona con M.I., sí debe, ciertamente, utilizar vasos o utensilios separados y evitar los besos hasta que la fiebre haya desaparecido durante varios días.

Puesto que no existe ningún medicamento específico que cure la mononucleosis, el tratamiento consiste en administrar fármacos que alivien la fiebre, el dolor y la inflamación.

En cuanto a la actividad física, el niño con M.I. no tiene que permanecer en cama. El reposo no acortará la duración de la enfermedad ni disminuirá los síntomas. En general, los niños pueden decidir cuánto reposo necesitan.

Es evidente que esta información se proporciona como un criterio general de orientación y educación y no necesariamente tiene que ajustarse a un enfermo en particular. Consulte a su pediatra cada caso.

Adaptado de B.D. Schmitt, MD. "Your Child´s Healh".

jueves, 18 de noviembre de 2010

Frenillo lingual corto o anquiloglosia.

Ante todo, los padres deben saber que el frenillo lingual corto o anquiloglosia es una afección muy rara.

La longitud del frenillo lingual, que es una banda de tejido localizada debajo de la lengua, varía considerablemente de un niño a otro.

Después de un año de edad, el frenillo puede ser anormalmente corto cuando:
1. La punta de la lengua no puede ser sacada más allá de los dientes o las encías.
2. Al sacar la lengua, se forma una muesca grande en la punta.

Si su hijo presenta estos problemas, menciónelos al pediatra durante su próxima visita de control.

Tenga presente, además, que una lengua con un movimiento supuestamente más limitado no causa trastornos del lenguaje o de la succión dignos de consideración.

En conclusión, el corte del frenillo bajo la lengua rara vez se hace ahora, puesto que generalmente es innecesario y, en todo caso, no debe realizarse antes de que el niño tenga un año de edad.

Adaptado de B.D. Schmitt, MD. "Your Child's Health".

martes, 2 de noviembre de 2010

Eccema del lactante, problemas de sueño y salud mental a los 10 años.

El eccema (dermatitis atópica) del lactante es una manifestación esencial de la alergia alimentaria.
De una selección, en varios centros de Alemania, de más de 3.000 recién nacidos, para analizar la prevención de la alergia mediante la alimentación con fórmulas parcial o ampliamente hidrolizadas de proteinas de leche de vaca, se realizó un seguimiento del 54% de ellos, hasta la edad de diez años.
Los niños que habían presentado eccema en el periodo de la lactancia corrían más riesgo de padecer el síndrome de hiperactividad/falta de atención (TDAH) a los 10 años de edad.
Por tanto, la existencia de eccema en la primera infancia, junto con los problemas del sueño, predice los problemas emocionales y de conducta a la edad de diez años.
Así pues, el eccema del lactante, incluso aunque se cure o mejore en la mayoría de los casos, constituye un claro factor de riesgo para la aparición de trastornos del desarrollo en otras épocas de la vida.
Adaptado de Schmitt J y cols. Allergy. Sept. 2010.

Mujer embarazada: no fumar, no beber y ... no drogas. De nuevo hay que insistir.

El objetivo de este trabajo, llevado a cabo por miembros de diversas universidades de Estados Unidos, era examinar la asociación entre la exposición fetal a nicotina, alcohol, marihuana, cocaína, etc. y los problemas del sueño en niños con edades comprendidas entre 1 mes y 12 años.
Los datos sobre el sueño se recogieron a partir de las aportaciones maternas durante un estudio multicéntrico realizado en niños que participaron en el Maternal Lifestyle.
De los datos obtenidos, los autores concluyen que la exposición prenatal a la nicotina se asocia positivamente con problemas persistentes del sueño durante los primeros 12 años de la vida.
Por tanto, es necesario realizar un esfuerzo desde el punto de vista educativo y ambiental para prevenir y tratar estos trastornos del sueño y para proteger a los niños que los padecen.
(Nota del Editor: De nuevo hay que insistir: mujer embarazada, no fumar, no beber y ... no drogas).
Adaptado de Stone KC, y cols. Arch Pediatr. Adolesc Med. 2010; 164(5): 452-456.

Obesidad en la primera infancia: ¿estamos preparados para realizar este diagnóstico?

El objetivo de este trabajo, realizado por miembros de la Universidad de Texas, era estudiar la frecuencia, los factores de riesgo, el diagnóstico y el tratamiento de la obesidad infantil durante la primera infancia (peso x talla), en la práctica pediátrica.

Se realizó un estudio de casos y controles retrospectivo. Los investigadores revisaron y recogieron los datos de las historias clínicas de las madres (durante el embarazo) y sus hijos.

De los datos obtenidos, los autores concluyen que la obesidad durante la lactancia predice fuertemente la obesidad a los 24 meses. Los factores de riesgo incluyen una ganancia de peso excesiva durante el embarazo o un peso elevado del recién nacido para su edad gestacional.

Por tanto, los médicos diagnostican obesidad sólo en una minoría de niños. En pediatría de atención primaria se necesita diagnosticar tambien la obesidad en los lactantes y trabajar para desarrollar intervenciones efectivas al respecto.
Adaptado de McCormick DP y cols. J Pediatr. 2010; 157: 15-19.

Antibióticos y prevención de infecciones de orina en niños.

El objetivo de este trabajo, realizado por miembros de la Universidad Médica Militar de Shanghai, era valorar, mediante un estudio científico riguroso (metaanálisis de investigaciones aleatorizadas y controladas), la efectividad y la seguridad de la utilización de antibióticos específicos para la prevención a largo plazo de las infecciones de orina de repetición (ITU recurrentes).

Se llevó a cabo una búsqueda en bases de datos y artículos de revistas relevantes, sobre todo los que reflejaban ITU recurrentes, con cultivos de orina positivos repetidos, lesiones nuevas o crónicas renales y episodios adversos durante o después del tratamiento.

Aunque se requieren más estudios al respecto, los autores concluyen que, de todos los datos revisados, no hay evidencias de que la prevención con antibióticos reduzca la incidencia de ITU recurrentes en la infancia.

Tomado de Dai y cols. Arch Dis Child. 2010; 95(7): 499-508.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La alergia alimentaria y los adolescentes.

La máxima frecuencia de reacciones graves en relación con la alergia a los cacahuetes y a otros frutos secos se da en la adolescencia y en la fase inicial de la vida adulta.

Se trata precisamente del periodo en el que la responsabilidad pasa de padres a hijos. "¿Es capaz el adolescente de afrontar ese riesgo?".

En un estudio sobre 18 adolescentes con alergia alimentaria surgieron tres asuntos clave: la eliminación de las sustancias alérgicas (alergenos), la preparación frente a la reacción alérgica grave (anafilaxia) y el tratamiento de la reacción:

1. La mayoría de los adolescentes comunicaron que consumían alimentos con la etiqueta "puede contener alergeno", porque consideraban que, en realidad, la probabilidad de que dicho alimento pudiera contenerlo era bajísima.
2. Casi ninguno llevaba jeringa autoinyectable de adrenalina, a excepción de cuando creía estar especialmente expuesto a una reacción alérgica.
3. Algunos de ellos ni siquiera sabían cómo tratar la reacción alérgica.

Sin embargo, los adolescentes pensaban que sería de gran ayuda que los estudiantes fueran educados acerca de la alergia alimentaria y que con esta nueva estrategia podrían aprender a convivir mejor con ella.
Adaptado de Monks H y cols. Clin Exp Allergy. 2010 Oct ; 40(10): 1533-40.

domingo, 10 de octubre de 2010

Para elegir el calzado de su hijo.

La siguiente información podría ayudarle a tomar mejores decisiones a la hora de elegir los zapatos para su niño.

En principio, los zapatos no son necesarios hasta que su hijo empiece a andar. Además, los niños que caminan dentro de la casa o sobre la arena o el césped tampoco los precisan.

Es cierto que la única función del calzado es proporcionar protección y, lógicamente, abrigo.

Bien entendida, la protección a la que se hace referencia será imprescindible en lugares o situaciones que supongan peligro y riesgo de daño o lesiones para los pies del pequeño.

Y antes de la edad en que el bebé comience a dar sus primeros pasos, tambien habrá que mantenerle sus pies abrigados durante el invierno, con zapatos tejidos.

Una vez que el niño empieze a caminar, preferirá hacerlo descalzo porque así puede sentir mejor el lugar donde pone los pies.

Cuando su hijo necesite zapatos finalmente, cómprele algún tipo de calzado flexible que permita todos los libres movimientos del pié; como por ejemplo, de lona con suela de caucho - zapatillas deportivas o de tenis - que tienen la ventaja de ser fáciles de lavar, más económicas y proporcionan excelente adherencia y tracción.

Otra alternativa válida a las zapatillas de tenis son los zapatos de piel fina, tipo mocasín, como los de los indios, que se adaptan a los pies sanos, casi como unos guantes a las manos.

Los zapatos tipo bota no son útiles ni aportan ninguna ventaja a la hora de "sujetar" el tobillo. Además, incluso en la actualidad, los niños que los usan son, en ocasiones, motivo de bromas.

En general, la mejor forma de fortalecer el pié - con todas sus articulaciones, músculos y tendones -es facilitar su movilidad durante la actividad física del niño.

Rara vez el pié de un niño presenta algún tipo de trastorno o anomalía que le provoque alteraciones de la marcha como para requerir tratamiento ortopédico. Y más del 90% de los niños que adoptan formas "raras" al andar, en sus primeros años de la vida, no necesitan ningún tipo de zapato "especial" ni sofisticado, con refuerzos, plantillas, taloneras, cuñas, etc.

Por el contrario, es el paso del tiempo, en todo caso, el responsable de que los pies, como el resto de nuestro cuerpo, vayan perdiendo progresivamente su elasticidad o flexibilidad, hasta el punto de que puedan provocar molestias, o incluso dolor, que requieran atención y ayuda especializada.

Adaptado de B. D. Schmitt, MD. Your Child's Health ("La salud de su hijo").

martes, 5 de octubre de 2010

El riesgo de "saltarse el desayuno".

"¿Acaso el desayuno, en particular el aporte de proteínas, regularía mejor el apetito y el aporte energético de los adolescentes?".

Los jóvenes que participaron en este estudio fueron evaluados para examinar los efectos de la ausencia de desayuno, los de un desayuno normal y los de un desayuno rico en proteínas.

Entre los adolescentes que habitualmente se "saltan el desayuno", la toma del desayuno comportó un aumento de la saciedad debido a la sensación de plenitud.

El desayuno rico en proteínas aportó beneficios adicionales al reducir aún más el apetito y la ingestión energética.

Estos resultados ponen de manifiesto que "saltarse el desayuno" entraña un riesgo claro de un aporte excesivo de alimentos por la noche y favorece el aumento de peso y la obesidad.

Por tanto, el hecho de incluir en la alimentación un desayuno rico en proteínas podría constituir una estrategia eficaz para mejorar el control del apetito de las personas jóvenes.

Adaptado de Leidy HJ y cols. Int J Obes. Jul 2010; 34(7): 1125-33.
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20125103

jueves, 16 de septiembre de 2010

"¿En casa o a la escuela?".

Evidentemente, síntomas como fiebre, vómitos, diarrea o tos incontrolada son motivos más que suficientes como para justificar que un niño no acuda al colegio y permanezca en casa o se consulte con el pediatra.

Asímismo, los padres pueden permitir que su hijo regrese a la escuela una vez pasadas 24 horas desde que los síntomas hayan desaparecido.

Sin embargo, cuando un niño se queja, por ejemplo, de que le duele la barriga, los padres pueden llegar a dudar hasta el punto de no saber con certeza si se trata de algo que puede agravarse o, si por el contrario, es una "típica queja del lunes por la mañana".

Es decir, los padres se enfrentan a menudo con la difícil decisión de si pueden enviar a su hijo a la escuela o mantenerlo en casa hasta que se resuelva la situación.
Y cuando se sospecha que un niño pueda estar simulando una enfermedad, el Dr. Devore sugiere que los padres miren y valoren, ante todo, el estado general de su hijo.

Hay que recordar, de nuevo, que frecuentemente los niños se quejan después de unos días de vacaciones o un fin de semana.

Ahora bien, si un pequeño muestra comportamientos tales como aislamiento y cambios de humor es muy probable que ya pueda estar aportando una razón de más peso para evitar la escuela. En tal caso, su médico puede ayudar a determinar si son síntomas físicos o emocionales.

En general, los expertos aconsejan el envío de un niño a la escuela sólamente si está lo suficientemente bien como para poder aprender. Esto significa que los síntomas del niño no alteren su capacidad para concentrarse en clase y no distraer a sus compañeros, según el Dr. Cindy Devore (miembro del Comité Ejecutivo, Consejo de Salud Escolar, Academia Americana de Pediatría).

Tomado de Heather Waldron. Corresponsal. AAP News. Vol. 31. 9 Sept. 2010, p. 43.
http://aapnews.aappublications.org/cgi/content/full/31/9/43-e

miércoles, 25 de agosto de 2010

Prevención del Melanoma: mantenga a los niños protegidos de los rayos ultravioleta.

Los niños cuyas vacaciones de verano son cerca del agua tienen un 5% más de lunares pequeños y un mayor riesgo de desarrollar melanoma, según el reciente estudio de La Escuela de Salud Pública de Colorado (Estados Unidos).

Por otro lado, según La Fundación Cáncer de Piel, la mitad de todos los niños adquieren el primer bronceado o las primeras quemaduras solares en sus dos primeros veranos. Y una quemadura solar puede duplicar el riesgo de que un niño acabe desarrollando un melanoma.

Las señales de advertencia incluyen una mancha en la piel o una lesión cutánea con una extraña forma o de bordes irregulares y un diámetro más grande que la goma de borrar de un lápiz, según La Children's Healthcare de Atlanta. Muchos son de color negro o marrón. Sin embargo, la mitad de los niños con melanoma no siguen este patrón, por lo que los padres deben informar al pediatra ante cualquier sospecha de modificación de color, forma o tamaño de un lunar de su hijo.

Aunque, afortunadamente, el melanoma en niños es poco frecuente, los padres deben asegurarse a la hora de proporcionar a sus hijos una adecuada y eficaz protección solar.

Los rayos invisibles ultravioleta del sol son los que causan daños a la piel de su hijo, incluso en días nublados. Los sombreros y las sombrillas no pueden proteger completamente ya que los rayos ultravioleta se reflejan en la arena, el agua, la nieve y otras superficies.

Por tanto, para evitar lesiones en la piel de los niños, La Academia Americana de Pediatría (AAP) ofrece las siquientes sugerencias:

- Mantenga a los niños fuera del sol entre las once de la mañana y las cinco de la tarde.

- Utilice un protector solar infantil con un factor de protección (SPF) de al menos 15 y aplíquelo a su hijo unos 30 minutos antes de salir. Debe volver a aplicarlo, de nuevo, antes de que pasen dos horas o, incluso, con más frecuencia si permanece mucho tiempo dentro del agua o cerca de ella. La crema protectora solar tambien debe ser usada en áreas pequeñas del cuerpo, tales como el dorso de las manos y, por supuesto, en la cara.

- Vista a su pequeño con ropa ligera de algodón , con mangas y pantalones largos y con un sombrero de ala ancha.

- Utilice un paraguas de playa para mantener a su hijo en la sombra tanto como sea posible.

- Mantenga a los bebés menores de 6 meses fuera de la luz solar directa.

Tomado de Trisha Korioth. Redactor del Servicio de Noticias de la AAP.
AAP News. Vol. 31. 6, Junio, 2010, p. 31.
http://aapnews.aappublications.org/cgi/content/full/31/6/31-d

viernes, 30 de julio de 2010

Contra la ansiedad, amor de madre.

Que un niño reciba más cariño de su madre en las primeras etapas de la vida no sólo determina que sea un niño más feliz, sino que sea un adulto más sano treinta años más tarde.

La ciencia ha conseguido probar, por primera vez, lo que hasta ahora únicamente se suponía: que el amor de la madre es un escudo frente al fracaso escolar y social y frente a las enfermedades, sobre todo las mentales.

Es decir, las madres que inundan a sus hijos de cariño los preparan frente a los problemas en un futuro. Y no hay que ser un lince para pensar ésto. Ahora bien, una cosa bien distinta es encontrar evidencia científica de ello. Hasta ahora todos los estudios del amor maternal se basaban en lejanas memorias de la relación madre-hijo. Por primera vez, esta relación ha podido ser testada en vivo y en directo.

¿Cómo? Pues gracias a la participación, hace muchos años, de 482 personas en un proyecto de colaboración en Rhode Island (Estados Unidos), cuyos datos han podido ser aprovechados e interpretados por un equipo de la Duke University (Carolina del Norte), dirigido por la investigadora Joanna Maselko. Los resultados se publican esta semana en la prestigiosa Revista de Epidemiología y Salud Comunitaria.

El gran interés suscitado por este estudio se debe, sobre todo, a lo novedoso del método utilizado. Madres e hijos de 8 meses interactuaron, en los años 70, ante psicólogos que, mediante test, valoraban en directo si el afecto que transmitían las madres era bajo, normal, alto o incluso exagerado.

Se da el dato curioso de varios casos en que el psicólogo estimó que algún niño había recibido un nivel de afecto bajo. Cuando el niño en cuestión fué interrogado al llegar a adulto aseguró haber recibido afecto no alto pero sí normal. Esto puede deberse a varios factores, por ejemplo, el hecho de que ninguna madre verdaderamente poco afectuosa aceptara participar en un experimento así.

En declaraciones a ABC, la investigadora Joanna Maselko admite que este factor limita la interpretación del estudio al pié de la letra, pero no su alcance, ya que existe bien poca duda de que los niños criados en hogares muy problemáticos (hogares fuertemente disfuncionales) tienen todas las posibilidades de acabar siendo adultos con dificultades (adultos disfuncionales).

De lo que se trataba aquí, pues, era de precisar la delicada forma por la que un déficit de amor en la infancia se transforma, en el futuro, en un déficit de salud pública que se puede medir y que, además, es previsible y tratable.

Por ejemplo, la resistencia a la ansiedad puede llegar a variar hasta 7 puntos entre las personas que durante su infancia tuvieron niveles de afecto más altos y las que recibieron pocas muestras de afecto. Las diferencias en lo que se refiere a la tendencia a la hostilidad pueden ser de 3 puntos. Y las variaciones respecto a la timidez y a la falta de autoestima y de competencia social: 5 puntos.

Joanna Maselko insiste en que estos estudios pretenden abrir caminos, no cerrar puertas a nadie. Un niño que no haya recibido suficiente afecto en las primeras etapas de su vida queda indudablemente marcado, pero nadie ha dicho que eso ya tenga que ser para siempre. No hay nada en este trabajo científico que permita afirmar que el daño causado no pueda tener remedio más adelante.

Tambien declara que, a título personal, ella no tiene ninguna duda de que si en lugar de con madres este estudio se hubiera realizado con padres, o mezclando progenitores y cuidadores de los dos sexos, el resultado seguramente hubiese sido el mismo. E insiste: "si sólo se ha hecho con madres es porque se depende de datos recabados hace 30 años, cuando a nadie se le ocurrió investigar el amor padre-hijo. Todo llegará".

Tomado de Anna Grau. Corresponsal en Nueva York. ABC Periódico electrónico S.L.U. 28 de Julio de 2010.
www.abc.es/20100728/sociedad/contra-ansiedad-amor-madre-20100728.html

domingo, 11 de julio de 2010

Nadar de forma segura.

Durante los calurosos meses del verano, a los niños les encanta refrescarse en el agua. Asegúrese de mantenerles a salvo.

En Estados Unidos, el ahogamiento es la segunda causa de muerte accidental entre los niños de uno a nueve años. La mayor tasa de ahogamiento es en el grupo de 0-4 años de edad. Los chicos adolescentes son el segundo mayor grupo de víctimas de ahogamiento.

La Academia Americana de Pediatría (AAP) ruega a los padres que no bajen la guardia y que tomen medidas de protección cada vez que sus hijos estén nadando o jugando cerca del agua.

A pesar de que las recientes investigaciones demuestran que las clases de natación pueden reducir el riesgo de ahogamiento en niños de 1-4 años, las lecciones no sustituyen a la supervisión cuando los niños están dentro o cerca del agua.

Los siguientes son consejos de seguridad en natación de la AAP:

- La supervisión ininterrumpida es esencial para todos los niños, independientemente de si han recibido lecciones formales de natación. No son pocos los niños que se han ahogado a pesar de sus clases de natación y de que estaban siendo supervisados por adultos que le dieron la espalda por un momento.

- Las familias con piscinas o spas deben colocar una barrera o instalar vallas a las que los niños no se puedan subir e incluir una puerta de cierre automático para separar la piscina o el spa del resto de la casa, patio o jardín.

- Asímismo, las piscinas inflables y las portátiles tambien plantean riesgos de ahogamiento. Por tanto, deben estar tambien cercadas. Los niños se pueden subir fácilmente al borde y caer en ellas, incluso cuando las escaleras se quitan.

- La piscina o el spa debe tener una cubierta especial y sistemas de drenaje y vaciado adecuados para prevenir que el cuerpo se quede aprisionado o que el cabello se enrede. Aunque las piscinas públicas tienen que estar dotadas, por ley, de estos sistemas de seguridad, algunos propietarios de piscinas particulares pueden no ser conscientes de estos riesgos y deben tomar precauciones al respecto para prevenir lesiones.

En conclusión, los padres deben utilizar varios niveles de protección, tales como la vigilancia cuidadosa de sus hijos, el aprendizaje de la reanimación cardiopulmonar (RCP) básica y la instalación de cercas, la cubierta y una alarma, para garantizar, así, que el tiempo que sus hijos pasen junto al agua sea divertido pero seguro para todos.
Tomado de Trisha Korioth. Redactor del Servicio de Noticias de la AAP. 7 de Julio de 2010, p. 31.

martes, 29 de junio de 2010

Alergia y probióticos.

Este estudio revela que los niños alérgicos tienen una población bacteriana intestinal distinta a la de los niños sanos, que se caracteriza por una disminución de las bífidobacterias.

En cambio, las bífidobacterias y los lactobacilos son los componentes más habituales de los microbios intestinales de los niños no alérgicos.

Los probióticos son microbios vivos que pueden modificar esta población microbiana intestinal de una manera beneficiosa para quienes la tienen alterada.

Por tanto, el aumento de diversas bacterias probióticas en la flora intestinal se relaciona con la protección frente a la atopia.

La mejoría clínica se observa, sobre todo, en la rinitis alérgica y en el eccema asociados a sensibilización mediada por la IgE.

De todas maneras, el beneficio clínico depende de varios factores: el tipo de bacterias utilizadas como probióticos, la dosis, el modo de administración, la edad del niño y el tipo de alimentación.

Adaptado de Özdemir O. Clin Experiment Inmunol. 2010 Mar 16.
www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20345982

domingo, 20 de junio de 2010

"Quiero que el médico me comprenda" (2ª Parte).

Los pacientes o sus padres pueden titubear a la hora de revelar sus dudas y sus temores, pero ésto puede superarse con un interrogatorio respetuoso.

¿Qué preguntas clave debemos formular?

Los tres ejemplos siguientes , todos ellos reales, muestran cómo el hecho de que ciertas preguntas pueden contribuir a mejorar la relación médico-enfermo y a que los médicos puedan ahorrar tiempo consiguiendo que el paciente colabore a la hora de expresar el motivo principal de la consulta:

1º. Un padre chino trae a su hijo de 9 meses para un control del niño sano. El bebé ha estado bien, pero los abuelos no dejan de presionar al padre para que comience a incluir el huevo entero en su dieta. Brevemente el pediatra explica al padre que el huevo entero no se recomienda hasta los 12 meses de edad, debido al riesgo de alergia alimentaria a las proteinas de la clara de huevo.

Este ejemplo se refiere, pues, al frecuente problema de quienes son los que asesoran a los padres acerca de la salud de sus hijos. Si bien los pediatras se consideran los pilares de la prevención y de la salud de la población infantil, hay muchas otras personas, sin duda, que influyen en la vida cotidiana de los niños.

En este caso, es muy probable que el pediatra perdiera la oportunidad de indagar sobre la importancia cultural del huevo para la alimentación de esta familia china.

Preguntas como "Dígame por qué esto es importante para usted y su familia" permiten comprender mejor el modelo de salud de las familias. En lugar de ello, el doctor cerró la conversación sin garantía de que el padre estuviese de acuerdo con la recomendación, ni tampoco de que fuera a hablar, en el futuro, sobre las creencias de su familia acerca de la salud.

2º. Una madre llega con su hija a la consulta porque padece dolores corporales generalizados y alteraciones del sueño. Varios especialistas la han visto y no han encontrado nada significativo. La madre ha consultado tambien con familiares, amigos y vecinos. En particular, una tía parece haber encontrado la causa y el tratamiento no médico del problema de la niña.

En este ejemplo el médico tiene que "negociar" con más personas de las que están presentes en el momento de la consulta.

Preguntas como "¿Ha utilizado remedios o tratamientos alternativos para este problema?" o "¿Quien más le asesora a usted acerca de su salud o de la de sus hijos?" pueden abrir la puerta acerca del modo en que los pacientes se tratan a sí mismos, demuestran que el médico no tiene por qué estar cerrado a estos métodos y permiten, incluso, orientar a la familia hacia los tratamientos alternativos más apropiados.

En este caso concreto, algunos de los tratamientos que el médico propuso fueron aceptados por la familia, tales como melatonina para las alteraciones del sueño, menta para las molestias gástricas y yoga para el estado general. Asímismo, este método sirvió para animar a la familia hacia un enfoque del problema que no tenía por qué ser exclusivamente médico.

3º. Una joven llega a la consulta para un control médico programado. Después de un rato y mientras que el médico observa que parece inquieta, ella le dice que quiere anticonceptivos orales.

Durante la realización del control, quedó al descubierto que sus dos hermanas mayores eran madres adolescentes y que ella, básicamente, quería evitar un embarazo. Es decir, en esta consulta lo que buscaba, ante todo, era el control de natalidad y sus ideas eran muy específicas acerca del método que quería y por qué.

En casos como éste, al principio de la consulta las preguntas que sacan a la luz los temas que el paciente desea tocar, tales como "¿De qué manera puedo serte más útil?" o "¿Cómo puedo ayudarle?" pueden, probablemente, agilizar la consulta y mejorar la atención que recibe el paciente.

Adaptado de Cheryl Kodjo, MD, MPH. Profesor asistente de Pediatría, Sección de Medicina de Adolescencia, Universidad de Rochester, Nueva York. Pediatr Rev 2009;30:57-64.

domingo, 30 de mayo de 2010

"Quiero que el médico me comprenda".

Todo paciente tiene el derecho a ser comprendido por el médico. Y para convertirse en un médico competente, en el más amplio sentido de la palabra, es imprescindible, el reconocimiento de su capacidad, es decir, de su aptitud para ejercer la profesión.

Sin embargo, para garantizar la calidad de la atención es necesario, además, que el médico cuente con tres actitudes fundamentales ante su enfermo: empatía, curiosidad y respeto.

Por otro lado, la comprensión del médico requiere, a su vez, la confianza del paciente. Así pues, para obtener buenos resultados de la relación entre médico y paciente se necesita un requisito indispensable: la buena comunicación.

Y la comunicación va de la mano de la cultura. Por ejemplo, los adolescentes tienen su propia cultura, caracterizada por el modo en que se visten, el tipo de música que escuchan, las cosas que más valoran, ... y por la forma en que se comunican.

Si tenemos en cuenta que los propios padres y los adultos en general, ya olvidados que una vez fuimos jóvenes, chocamos en nuestra relación con los adolescentes, no es como para sorprenderse que la relación entre un médico y su paciente pueda llegar a ser más difícil de lo deseable.

Lógicamente, si hablamos de comunicación y de culturas, en un mundo actual con grupos sociales cuyos patrones de comportamiento humano y de educación son diferentes según su edad, sus creencias, sus costumbres, su país, su idioma, ... surgirá inevitablemente una pregunta: ¿es el médico tambien competente desde el punto de vista cultural?

En definitiva, se trata de otra dificultad añadida para comprender la enfermedad y la propia vida de cada persona.

Unos investigadores han sugerido que la competencia cultural del médico no puede enseñarse ni aprenderse y que algunos médicos son, sencillamente, más sensibles que otros a las diferencias culturales. Sin embargo, es posible enseñar ciertas habilidades para ayudar a los médicos clínicos, independientemente de sus actitudes.

En la segunda parte de este artículo se aportarán algunas preguntas concretas que se formulan, en el ejercicio de la medicina pediátrica, al paciente y a su familia para brindarles una atención más completa y útil.

Para un ejercicio competente de la medicina desde el punto de vista cultural, uno de los primeros desafios radica en reconocer que la medicina posee su propia cultura, que muchas veces se contradice con la de los pacientes.

Por cierto, antes de empezar el proceso de tratar a un paciente, el médico debe tener idea de sus propios valores, creencias y comportamientos culturales. Es más, cuando no podemos manejar nuestros prejuicios, ¿reconocemos esta limitación y lo derivamos a otro compañero para que lo asesore adecuadamente?

Con toda lógica, si cada paciente aporta su particularidad, el hecho de ser culturalmente competente implica que los clínicos (médicos, psicólogos y enfermeros) no deberán tratar a todos los pacientes de la misma forma.

Asímismo, la competencia cultural no es una cualidad a utilizar únicamente cuando el paciente es de otra raza o si habla otro idioma, puesto que algunos de los casos más sorprendentes de "mala comunicación" ocurren con pacientes y familias que se parecen a sus médicos, desde un punto de vista cultural. Es decir, el paciente y su médico pueden compartir la raza, el idioma y la cultura y, sin embargo, es posible que no tengan los mismos valores o creencias.
En conclusión, los médicos se enfrentan ahora, como nunca antes, al desafío de brindar atención a culturas distintas. Para ello, deben hacerlo con sensibilidad, humildad y eficacia, ser abiertos y comprender a los pacientes en lo que refiere a las diversas creencias en torno a la salud, a las distintas maneras que tienen de entender las enfermedades, a sus diferentes formas de buscar ayuda y a sus preferencias en cuanto a los sistemas de atención médica.

Por lo tanto, la competencia cultural no es sólo cuestión de "hacer las cosas bien", sino que constituye una herramienta importante para aumentar la satisfacción y la seguridad de cada paciente y para mejorar los resultados de lo que se hace respecto a su salud.
Adaptado de Cheryl Kodjo, MD, MPH. Profesor Asistente de Pediatría, División de Medicina de Adolescencia, Universidad de Rochester, Escuela de Medicina, Nueva York. Pediatr Rev. 2009;30:57-64.